23 de septiembre de 2018

Canadá: de paraísos urbanos y naturales... y de osos

Corría el año 1791 cuando el oficial de marina y explorador gaditano José María Narváez, en uno de sus múltiples viajes por la zona, avistó lo que posteriormente se llamaría Vancouver, siendo así el primer europeo en hacerlo. Nosotros llegamos un poco más tarde que él y en avión, aunque para entonces ya llevábamos cuatro años y más de 58.000km de pedaleo en nuestras piernas, amén de tropocientas horas metidos en un avión de Air China (de esos construidos con la estatura china en mente), cambio de fecha incluido sobre algún punto del círculo polar ártico. Cuando sea mayor 😉 viajaré en business.

En Vancouver nos esperaban Mark y Mary, nuestros estupendos anfitriones de Warmshowers, que nos iban a alojar a papo de rey en un bastante céntrico apartamento situado en una antigua iglesia reconvertida.

También nos esperaba la televisión: un periodista amigo de Mark, nuestro anfitrión, al escucharle decir que iba a alojar a dos perfectos desconocidos a través de esta plataforma de apoyo entre los ciclistas del mundo, decidió que era una historia suficientemente interesante como para aparecer en los canales locales de medio Canadá. Nos empezaron a filmar y a hacer preguntas antes siquiera de llegar a casa tras unas treinta horas de viaje desde la lejana Melbourne vía Beijing. Dudo que dijéramos nada coherente ante los ojos de literalmemte miles de canadienses mientras desayunaban cereales al día siguiente.

8 de septiembre de 2018

Australia 3: vuelta a la civilización

El Mawson trail es otra preciosidad de camino que recorre el sureño estado de Victoria. Transcurre por una zona inicialmente minera y posteriormente agrícola, entre montañas y valles, con angostas gargantas cuajadas de árboles goma. Árboles que se llaman así no sé muy bien por qué, porque no es que sean elásticos, más bien al contrario: sus enormes ramas se parten sin avisar, así que no es recomendable acampar bajo ellos. Lo malo es que los de turismo no le enseñan a uno una foto del árbol goma y hasta que te enteras de cuál es, no te atreves a acampar bajo ningún árbol desconocido. En mi caso, prácticamente todos.

Algunas de las minas de la zona se llevaron la riqueza casi sin avisar. El pueblo de Leighton Creek fue desplazado de su emplazamiento original para explotar una enorme mina de carbón que, mira tú por donde, estaba justo debajo. Mala suerte. O buena, según se mire, pues les hicieron un pueblo nuevo con unas infraestructuras que ya las quisieran pueblos de más entidad. Pero un buen día se terminó el carbón -o ya no lo quisieron más, no lo sé-, y casi todos los currelas se largaron por donde habían venido, dejando atrás un pueblo fantasma, con esas estupendas infraestructuras vacías. Afortunadamente para nosotros el supermercado había decidido permanecer en el pueblo y, necesitados como estábamos tras las penurias del Oodnadatta trail, pudimos comprar comida. Pero el invierno en el sur de Australia no es baladí y, tras una primera noche a cero grados en la tienda de campaña -y nada menos que sesenta noches seguidas acampando- decidimos que la segunda nos la íbamos a pasar en un hotel con una cama y buena calefacción. Somos débiles, ya lo sé.

2 de septiembre de 2018

Australia 2: de dioses molestos, canguros atropellados y horizontes lejanos

Alice Springs, en el centro de Australia, es una suerte de capital oficiosa del Outback. La ciudad era en un inicio una estación de telégrafo, una de los doce repetidores que había entre Adelaida en la costa sur y Darwin en la norte. En ellos el personal se pasaba todo el día tecleando telegramas que recibía de un punto y reenviaba al siguiente: vida tediosa donde la haya. El caso es que Alice era la mujer del director de telégrafos de Adelaida, la oficina se llamó Alice Springs y la ciudad, en principio llamada Stuart, acabó tomando el nombre de una mujer que seguramente nunca estuvo en ella.

La ciudad ofrece un respiro al sufrido cicloviajero tras cientos de kilómetros de árido desierto, pertrechada como está de servicios varios, tiendas, hoteles y restaurantes. No es que hiciéramos mucho uso de hoteles (acampamos en el camping más cutre de la ciudad) o restaurantes (una única cena en un restaurante; siempre llegamos a estos lugares con mono de ensaladas y para eso nada mejor que ir al súper), pero sí de servicios y supermercados.

10 de julio de 2018

Australia: pedaleando por el Outback

Tras pasar los estrictos controles australianos de limpieza de bicis y enseres sin problemas -no fuera ser que introdujéramos una plaga en el país, que para eso ya están los propios australianos, sean conejos, escarabajos o cactus-, nos dedicamos un buen rato a montar las bicis en el aeropuerto de Darwin. Fuera, a pesar de ser ya noche cerrada, seguía haciendo un calor tropical. Lógico, pues Darwin no deja de estar bien anclado en el trópico, de hecho más cerca de Indonesia que de Canberra. Pero ¿para eso venimos a la civilizada Australia? ¿No debería gozar el país entero del aire acondicionado? En la calle de nuestro céntrico y no especialmente barato hotel, un buen grupo de aborígenes borrachos gritaba, mendigaba, rompía botellas, se peleaba (con golpes de borrachos, esto es, sin acertarle al contrario). No era una noche especial, una de fiesta tras el cobro del salario o ayuda estatal. Según nos dijeron, todas las noches son iguales. También durante el día uno se topa en esta zona del país con aborígenes borrachos, a medio camino entre la agresiva bronca y el feliz canturreo, hasta las cachas de alcohol o drogas. Tal vez no sea políticamente correcto mencionarlo, desde luego hubiera preferido comenzar con otro asunto, pero es lo que nos encontramos nada más llegar... y, con el follón que estaban montando, como para no verlo. Más adelante, más al sur veríamos más aborígenes y su condición y la complejidad del problema que los asedia será un asunto recurrente en la conversación con cualquier persona con un mínimo de sensibilidad.

7 de mayo de 2018

Del oeste de Este del Oeste al oeste de Este del Este, pasando por el este de Este del Oeste, pero sin llegar al este de Este del Este: pedaleando por Timor

No, no me ha dado una insolación. Tampoco, me temo, soy muy original. Creo que no hay viajero que haya pasado por estas tierras que no se haya visto tentado a jugar con los significados para hacer un chistecillo similar. Me explico: Timor significa este u oriente. La isla de Timor está dividida por un lado por Timor Occidental (Este del Oeste), colonizada por Holanda hasta finales de 1949 y ahora perteneciente a Indonesia, y por otro lado por el independiente Timor Leste u Oriental (Este del Este), en manos portuguesas hasta 28/11/1975. Y como empezamos a pedalear por Kupang, que está al oeste de Este del Oeste... Me lo permitís, ¿no?

Hace una eternidad - nada menos que en enero de 2015- que cruzamos el Bósforo en Estambul para adentrarnos en Asia. Tres años y pico, 25 países asiáticos (y sus gentes) tan dispares como Mongolia, Japón, Kyrguistan o Nepal, más de 40.000 km pedaleados por este enorme continente y muchas, muchas subidas y bajadas por los Himalayas, los Pamires o tantas otras montañas. Timor va a ser por ende la isla de las despedidas: nos despedimos de Indonesia, de los países musulmanes (¡adiós, muecín!), de Asia, de Oriente, de no hablar el idioma local y, por lo menos durante una temporada, nos despedimos también de ser potentados financieros, para volver a ser pobretones en países caros como Australia, Canadá y Estados Unidos.

18 de abril de 2018

Por la isla de Flores, en Indonesia

Sobre la isla de Flores la madre de todas las guías, la famosa Lonely Planet, dice más o menos lo siguiente: "Algunos superhombres ciclistas con piernas de acero consiguen cruzar la isla, tomando autobuses para subir las peores colinas y después bajarlas pedaleando, pero la topografía de la isla excluye a cualquiera que no sea un fuera de serie del Tour de France."

Ante esta atemorizante perspectiva dudamos sobre nuestra capacidad para cruzar la isla en bici. ¿Tour de France, nosotros? ¿Superhombres, piernas de acero? Anda ya... Si somos del montón, como mucho. Con lo que habíamos sufrido en las imposibles cuestas de Sulawesi, ¿Flores iba a ser peor?

Flores resultó durilla, pero para nada imposible. Y, desde luego, nada de autobuses para subir las peores cuestas. Nuestras dudas fueron una muestra más de nuestra inveterada humildad (ejem), de nuestra extraordinaria condición física (ejem, ejem)... o de que el que escribió la guía no era precisamente un atleta, salvo de la exageración (lo más probable).

8 de abril de 2018

Sulawesi 2: entre pacíficas medusas y búfalos agresivos

De Gorontalo tomamos un barco nocturno a las islas Togean, nuevamente la típica imagen paradisíaca de isla tropical, con unas tierras cuajadas de cocoteros y verde frondosidad y unas aguas cristalinas llenas de vida, especialmente de coral y, por ende, un magnífico buceo. Uno puede estar horas en los impresionantes atolones y en las barreras de coral de la zona, un espectáculo de formas y colores digno de los mejores documentales de Cousteau.

Lo más alucinante por novedoso y diferente resultó ser el lago de las medusas, de los que parece ser que solo hay tres en el mundo: dos en Indonesia y un tercero en Palau, una isla en mitad del Pacífico. Se trata de lagunas en las que las medusas, tras no sé si miles de años como dicen algunos pero sí muchos sin depredadores, han perdido su veneno o toxicidad. Uno se mete en el agua y se sumerge en un fluido sicodélico, lisérgico, rodeado de miles de medusas que flotan por todas partes y lenta pero irremisiblemente chocan contra tu cuerpo. En un primer momento intentas evitarlas, pero después te dejas querer. Por algún motivo la experiencia resulta absorbente, onírica, como de cuadro de Dalí, acabas teniendo la misma actividad cerebral que las medusas y podrías perpetuarte en esas aguas como otra más.

1 de abril de 2018

De "Hello misterrrs", pendientes imposibles, comidas incendiarias, calores y lluvias tropicales: el espectacular norte de Sulawesi

Fuera por timidez, por desconocimiento, o por no enterarse de nuestra pregunta, el de la agencia nos aseguró repetidas veces que no había camarotes en el ferry a Sulawesi (nombre autóctono que me gusta más que el españolizado Célebes) y, a pesar de lo que decía el billete, tampoco teníamos tumbonas asignadas. "No seats assigned, it's free!", nos dijo alegremente alguien de la tripulación a nuestra llegada al barco. Recorriendo posteriormente el ferry vimos cantidad de algo que se parecía bastante a camarotes, pero pensamos que ya era tarde. Digo pensamos porque de hecho los camarotes se alquilan una vez en el barco y no antes, algo que no se nos ocurrió en el momento. El caso es que estábamos en cuarta clase.

11 de febrero de 2018

De montañas, ríos, junglas e islas: en Sabah, Malasia

Ni valses vieneses ni saltos de esquí en Garmisch Partenkirchen. Nosotros estrenamos el año 2018 pedaleando primero desde la capital bruneana, Bandar Seri Begawan, hasta el puerto, y después en un bote rápido hasta la isla malasia de Labuan. Esta isla es una zona libre de impuestos en la que comprar alcohol, tabaco, chocolates y perfumes, a la par que un lugar de juergas y excesos alcohólicos de los shariacogotados habitantes de Brunéi. Tras una noche de descanso, en la que no hubo ni alcohol, ni tabaco, ni chocolate, pero sí el embriagador perfume de nuestras muy usadas y sudadas vestimentas, otro ferry nos transportó hasta la costa de la provincia de Sabah, también en Malasia. Desde ahí unos días de sufrido pedaleo bajo el abochornante calor y la copiosa lluvia habituales en el trópico nos acercaron a la capital provincial, la costera Kota Kinabalu. Cariñosa y popularmente llamada KK, los típicos carteles, camisetas y recuerdos de "I love KK" son, para los hispanohablantes, una oda a la escatología.

10 de enero de 2018

¡Brunéi ejpañol!

Eso, como Gibraltar. Al fin y al cabo, la capital de Brunéi, a la sazón Kota Batu, perteneció al valiente y aguerrido imperio español durante 72 triunfales días. Que estuviera en sus manos poco más de dos meses ocurridos allá por 1578 es irrelevante, y que los heroicos conquistadores se tuvieran que largar -no sin incendiar previamente la infiel mezquita capitalina- por una potente diarrea no resta valor a la gloriosa gesta, llena de raza y bravura, que debe permanecer alta en los anales (!) de la historia. La religión, cómo no, estuvo detrás de esta "Guerra de Castilla", los españoles interesados en extender el cristianismo y evitar la propagación del islam, que el sultán de turno, Saiful Rijal, ya se estaba encargando diabólicamente de extenderlo en Filipinas.

La religión sigue estando muy presente por estas tierras. Entramos al sultanato de Brunéi un viernes, día de rezo. Desde que en 2013 Su Majestad el Sultán Haji Hassanal Bolkiah Mu’izzaddin Waddaulah Ibni Al-Marhum Sultan Haji Omar ‘Ali Saifuddien Sa’adul Khairi Waddien, Sultan y Yang Di-Pertuan de Brunéi Darussalam (si no os importa que rompa el protocolo, lo llamaré simplemente Sultán a partir de ahora) anunciara la imposición de la ley sharia para los musulmanes (dos tercios de la población), las reglas de convivencia se han islamizado. Así el rezo del viernes (como también lo es el ayuno durante el Ramadán) es obligatorio y las empresas que no estén cerradas los viernes deben hacerlo las horas necesarias para que sus trabajadores puedan acudir a él.

7 de enero de 2018

En Sarawak, nuestra primera parada en Borneo

Kuching es la capital de la provincia malasia de Sarawak y nuestra puerta de entrada a la isla de Borneo. Nuestro plan en esta isla que trae a la imaginación piratas ojoparcheados, exóticas aventuras y exploradores intrépidos, es pedalear por su costa norte, primero por la provincia malasia de Sarawak, cruzar al Sultanato de Brunéi y después a Sabah nuevamente en Malasia, antes de pasar a Indonesia por Kalimantan, desde donde embarcaremos en un ferry hasta Sulawesi, también llamada Celebes. Clarísimo, ¿no?

Uno de los efectos secundarios o colaterales de viajar es que recuerdas (o aprendes) geografía, especialmente confusa en estos prolijos archipiélagos de allende los mares. Puede ser el momento de repasar ese libro de geografía asiática de EGB o alguna novela de piratas de Emilio Salgari (¿¿EGB, Salgari?? sí, anciano que es uno). O Google Maps, por supuesto, pero la consulta, aunque más fácil, no tendrá el mismo sabor. Ah, y aprovechando el repaso geográfico, os recuerdo que Borneo es, con 750.000km2, la tercera isla más extensa del mundo, tras Groenlandia y Nueva Guinea. Australia, para los incrédulos que osáis dudar de mi palabra (y la de la Wikipedia), se considera un continente.

22 de diciembre de 2017

Singapur, the fine city

¿Woodlands? ¿Por qué Woodlands? ¡Si nosotros queremos ir a Singapur! Hasta lo que nosotros sabemos, ninguna señal de carretera en Malasia indica el camino a Singapur bajo este nombre. Por algún motivo que se me escapa, la dirección de los indicadores de carretera es Woodlands, una zona en el norte de Singapur, junto a la frontera. Misterio.

A pesar de estos intentos del innombrable por confundirnos, llegamos sanos y salvos, aunque un tanto acalorados, a nuestro cuadragésimo país de este viaje. El cruce de fronteras fue bastante peñazo por el lado singapurense, en donde un solo agente tenía que atender a un montón de moteros y unos pocos ciclistas. En algún sitio he leído que cada día cruzan a Singapur nada menos que entre 70.000 y 100.000 motos. Supongo que el menor coste de vida de la fronteriza Johor Bahru merece las esperas en inmigración y aduanas a los sufridos currelas. A nosotros nos tuvieron dos horas bajo un implacable sol que nos dejó la sesera a punto de ebullición, plop, plop, plop. Aunque todavía en el hemisferio norte, Singapur está a solo 137km del ecuador y el calor aprieta que da gusto.

17 de diciembre de 2017

Meditabundos por Malasia

Start again! Start again! Start with a calm and quiet mind, with a balanced and equanimous mind,... De esta guisa, con la tonante y peculiar voz grabada del maestro Goenka, comenzaban diariamente las maratonianas sesiones de meditación del curso de Vipassana que hicimos cerca de Kuantan, en la coste este de la península malasia. Curso en el que, sin saber muy bien qué esperar pero interesados en una técnica que gente cuyo criterio respetamos recomienda encarecidamente, nos metimos de cabeza sin demasiada información. Incautos.

Una vez instalados en el Centro, a meditar a tope. From zero to hero, que dicen los anglosajones. Habiendo meditado en toda mi vida la friolera de cinco minutos (Bego algo más y, bueno, las horas sobre la bici tal vez cuenten), en diez días nos calzamos más de 100 horas de (intento de) meditación, que se dice pronto: desde las cuatro de la mañana que nos levantaba un sonoro y repetitivo gong, hasta las 9:30 de la noche, con algún descanso entre medias. En mi caso, sentado en posición de "lata" (imposible la posición de loto que Bego con tanta elegancia y habilidad ejecuta), partiéndome la espalda y las articulaciones, dejando mis reales posaderas planas como un papel. Con el paso de los días la construcción de una estructura de soporte a mi alrededor a base de cojines en lugares estratégicos y de un bendito respaldo salvador mitigó razonablemente los dolores.

3 de diciembre de 2017

Malasia no, "Buenasia"

Si a pesar de la ocurrencia del título seguís leyendo, no sé si merecéis un monumento o, seguramente, un castigo. Valga el tostón que viene a continuación como castigo.

Lo que más nos ha llamado la atención de Malasia es su enraizada, omnipresente, babilónica diversidad. Malayos (esto es, los malasios de etnia malaya), protomalayos (o indígenas o aborígenes, de los que no soy consciente haber visto ninguno, aunque haberlos, parece que haylos, sobre todo en Borneo), chinos, indios y algún vestigio europeo (británico, portugués y holandés), amén de otras presencias menos relevantes, comparten terreno en Malasia y dejan su rastro por todos los rincones y aspectos de la vida. Sin todo este lío de etnias, lenguas e historias entrecruzadas, Malasia no sería lo que es, un país estupendo sobre el que teníamos pocas expectativas por nuestras anteriores visitas y que, sin embargo, nos está encantando.

24 de octubre de 2017

Solo por el soleado, simpático y sabroso sur de Siam

Bego se metió en el taxi camino del aeropuerto, al avión que la llevaría a Donosti durante algo más de tres semanas, y me quedé solo, una extraña sensación tras la convivencia 24/7 de los últimos tiempos. Bueno, habrá que pedalear, me dije.

Para salir de Bangkok todo el tráfico del mundo mundial parecía encontrarse en mi calle. Con ruido, el viento en contra y mucho, muchísimo calor, por lo menos la carretera era buena y llana. Concentrarse y no sentir, que diría Mafalda ante un plato de sopa.

En cuanto pude, abandoné la carretera principal y todo cambió inmediatamente, a los pocos metros: tráfico escaso, relativo silencio, paisaje rural, más contacto con la gente, gente más relajada y sonriente. Llama la atención ver tan cerca de una megaurbe como Bangkok un paisaje tan bucólico con, además de los sospechosos habituales (bananos, cocoteros, mangos, papayas, etc.), un buen número de salinas, bandadas de aves parecidas a cigüeñas y, como en Vietnam, una mezcla de criaderos de marisco y edificios para la recolecta de nidos de pájaro con los altavoces a todo trapo con el priii, piu, piu, priiii de las aves.

9 de octubre de 2017

Tailandia: sobre encuentros, masajes y monarquías

El mal tiempo nos acompañó durante prácticamente todo nuestro último día en Laos, lo cual nos fastidió un tanto las vistas desde el barco que nos llevaba por el Mekong río arriba. Por suerte la lluvia torrencial amainó para el cruce de fronteras a nuestro país 38 de este viaje, cruce que por cierto fuimos obligados a hacer en autobús. Un caro peñazo lo de meter las bicis en el bus, pero tal vez tenga sentido para evitar accidentes: en mitad del puente sobre el que pasas de un país a otro, los carriles se cruzan: en Tailandia se conduce, maldita sea, por la izquierda.

Por lo menos se conduce por buenas carreteras... que en principio es positivo, lógicamente, pero que anima a los conductores a pilotar sus vehículos a toda velocidad. Según la Organización Mundial de la Salud solo Libia tiene más muertes en la carretera en relación a su población; cada año 24.000 tailandeses mueren por accidentes de tráfico en una población total de 65 millones (en España son 800-900 muertos en una población de 46 millones con más vehículos por cabeza). No ayuda que los moteros no llevaran casco, que hasta el año pasado los conductores se pudieran negar a hacer el control de alcoholemia o que, ahora que no pueden negarse, los policías no tengan el aparato para medirlo. La Junta militar -los que gobiernan en este país desde el último golpe de estado- dice que está tomando medidas, habrá que verlo. De momento, nosotros circulamos en cuanto podemos por carreteras con poco tráfico y nunca por la noche, que es cuando los tailandeses, por lo que dicen, se meten de todo y van como locos.

8 de agosto de 2017

Laos de sur a norte: de capitales soporíferas, ciudades monumentales, etnias, ríos y montañas

El pulso de Vientián, la capital laosiana, es más bien bananero. Relajado, si uno quiere ser políticamente correcto. Hasta el tráfico de la capital se mostraba en estado semicomatoso: ni un atasco, ni una mala palabra al volante, ni un movimiento agresivo, literalmente ni un solo bocinazo en los días que ahí estuvimos. Paz y relax. Todo lo cual es estupendo, salvo que seas un jovenzuelo con ansias de marcha, discoteca o glamour. Como obviamente no es el caso, para nosotros Vientián resultó ser el perfecto lugar de descanso, capricho gastronómico (nada extraordinario, claro, pero salir de la dieta de sopa de fideos y arroz frito siempre resulta motivo de alborozo), revisión de alguna cosilla en las bicis, y consecución de imperativos administrativos, esto es, visado de Tailandia y extensión del visado de Laos, ambos conseguidos rápidamente y sin problemas.

20 de julio de 2017

Laos de sur a norte: ¡sabaidee, sabaidee, sabaidee, sabaidee,...!

Sabaidee! -hola en lao- es el grito de guerra que uno oye constantemente en Laos, repetido una y mil veces por todos los laosianos, pero especialmente por todos los niños del país... y en este país hay muuuuchos niños.

No fue un cordial y amistoso sabaidee lo que nos encontramos en la inmigración laosiana, sino la petición de una (pequeña) corruptela, aunque al final, como ya contábamos en la anterior entrada de este blog, nos mantuviéramos incólumes y todo transcurriera sin más historia.

Pedaleamos unos pocos kilómetros por carreteras casi desiertas -recalando primero en la no especialmente llamativa catarata más ancha del sudeste asiático- hasta la zona conocida como de las cuatro mil islas. En esta región del sur de Laos el Mekong, río por cuya vecindad pedalearemos durante unos cuantos cientos de kilómetros, se ensancha hasta llegar a los 14 kilómetros y en su curso hay, no sé si cuatro mil, pero sí un montón de islas. Especialmente dos de ellas, Don Det y Don Khon, son destinos de viajeros independientes. Bueno, y de algún grupo de chinos también. Se llega en una estilizada lancha motora en plan explorador y, aunque nada queda por explorar en estas islas llenas de mochileros, se disfruta de un ambiente tranquilo y relajado, sobre todo en la sureña Don Khon.

24 de junio de 2017

Camboya: pedalea un camino siguiendo sus curvas, descubre un país siguiendo sus costumbres

El atento lector de este épico blog recordará que Vietnam había surgido de la unión de un dragón y un hada. De Camboya cuenta la leyenda que surgió de la unión de una princesa con un extranjero. La princesa era la hija de un rey naga, una serpiente mitológica que reinaba sobre tierras sumergidas. Un día un brahma indio llamado Kaudinya navegaba por ahí (?) y la princesa fue educadamente a saludarlo. Kaudinya, muy desconsiderado, le disparó una flecha con su arco mágico y ella, temerosa, decidió aceptar su petición de matrimonio. (Un poco raro todo, pero tal vez no se les pueda exigir coherencia y lógica a los protagonistas de las leyendas). El caso es que, a falta de mejor dote para el bodorrio, el rey se bebió las aguas de su reino y le regaló las tierras que de ahí emergieron a Kaudinya. Estas tierras emergidas se llamaron Kambunja, origen de la palabra Camboya. Parece que el rey no se lo bebió todo y así el río Mekong y algunos lagos dominan la geografía camboyana, un país manejable de unos 118.000 Km2.

4 de junio de 2017

Vietnam: Saigón y el delta del Mekong

Y por fin, tras 1.866 Km pedaleados desde la norteña Hanoi, llegamos a Saigón. Salvo para los acérrimos seguidores del expresidente Ho Chi Minh, dudo que haya nadie que prefiera este nombre al cinematográfico, literario, evocador Saigón para referirse a la capital del sur de Vietnam y su mayor ciudad. Con unos 6 millones de habitantes la ciudad, 14 millones el área metropolitana y nada menos que 7 millones de motos, cumple con las expectativas de lo que los folletos turísticos describen como "ciudad vibrante y llena de energía" -esto es, ruido, caos y follón- que uno ya asume en las ciudades de esta parte del mundo. Así ese aire sensual y exóticamente evocador de algunas novelas del siglo pasado queda un tanto en entredicho, cubierto como está de humos, bocinazos y hormigón. Se parece más al lugar de perdición con ambiente de "última frontera" que dibujan algunas películas de la guerra. La propia zona de hoteles para mochileros tiene su toque sórdido con continuas ofertas de drogas y masajes, masajes de esos que, viendo quién y cómo los ofrecían, a buen seguro eran con "final feliz".

23 de mayo de 2017

Vietnam: de Hanoi a Saigón

Dice la leyenda que los vietnamitas descienden de la unión del dragón Lac Long Quan con el hada Au Co. Sin duda, una unión más exótica e interesante que la de Adán y Eva. Ambos parece que congeniaron y tuvieron nada menos que cien hijos, aunque con una pequeña trampa: la madre parió un saco con cien huevos. Supongo que después la relación se fastidió (los hijos, ya se sabe) y, en una demostración de modernidad judicial, la madre se fue con cincuenta hijos a las montañas, mientras el padre se fue con los otros cincuenta a la costa. Liderados por el hijo mayor, todos estos hijos fundaron la primera dinastía vietnamita, los Hung, que reinaron sobre el reino de Van Lang, cuyos habitantes fueron los primeros conocidos como Lac Viet, de donde sale Vietnam.

19 de abril de 2017

Good morning, Vietnam!

Ya, ya sé que el "Good morning Vietnam!" de marras -la famosa película de Robin Williams- lo ha utilizado hasta el tato para titular cualquier cosa relativa a este país, pero no por manido deja de ser un buen título.

Tras un cruce de fronteras de esos interminables entramos en nuestro país 35 de este viaje por el paso de "la amistad", el típico nombre que usan los enemigos acérrimos para bautizar pasos, puentes o túneles cuando aseguran estar reconciliados. Hipócrita madurez. Finalizados los trámites aduaneros nos quedamos muy cerca de la frontera vietnamita sin apenas hacer kilómetros, en un pueblo de sonoro nombre, muy apropiado para la entrada a un país, Dong Dang ("¿hay alguien?"), día de transición para situarnos en el nuevo país, sacar dinero, ver precios y esas cosas.

"Esas cosas" incluyeron sentarnos en terrazas y tomar cafés. ¡Qué placer! Desde luego, algo bueno dejaron los franceses en esta parte del mundo. Quiero decir, además de la boina, auténtica txapela negra con rabito y todo, que tantos vietnamitas llevan. Crujiente pan, rico y denso café -caliente o con hielo- adecuadamente endulzado con un toque de leche condensada, smoothies de mango o aguacate, helados..., todo ello consumido en abiertas terrazas contemplando el mundo pasar. Por cierto, ¿cómo es posible que el concepto "terraza" no se haya exportado a todo el mundo?

9 de marzo de 2017

Bye bye China!

Con el objetivo de evitar las zonas más pobladas del sur de China, desde Hong Kong cogimos un ferry hasta la fluvial Gaoming, ya en China propiamente dicha. Se trata de un distrito río arriba cerca de Foshan, en la provincia de Guandong, también llamada Cantón. Ésta, para el que no lo sepa, es la provincia más poblada de China con la friolera de 104 millones de personas. La zona de su capital, Guanzhou (también llamada Cantón), junto con el delta del río Perla, supone ya 44 abigarrados millones; más de 50 si incluimos Hong Kong. Si es que hay chinos p'aburrir... Además, con una de las mayores y más activas zonas industriales del mundo, todo lo que nos ayudara a evitar esta aglomeración no precisamente bucólico-pastoril y la concurrida frontera entre Hong Kong y Shenzhen, bienvenido fuera.

19 de febrero de 2017

...y sin pedalear en Hong Kong

Aterrizamos en el que para mí es todavía el aeropuerto "nuevo" de Hong Kong, aunque fuera inaugurado en 1998, provenientes de Manila. Nuestras bicis emergieron junto al carrusel en aparente perfecto estado a pesar del (o tal vez gracias al) ligero empaquetado: un par de cartones cubriendo las partes más delicadas, un poco de cuerda sujetándolos entre sí y una bolsa protectora de un "todo a cien" japonés que deja las ruedas a la vista. Parece que así los que gestionan el equipaje saben que son bicis y las tratan con más cariño que si van camufladas en cajas.

Un magnífico, excelente, maravilloso tren construido por CAF, nos llevó a nosotros y a nuestras bicis al barrio de Central, donde nos esperaba Alejo, amigo y exjefe de los tiempos de Lladró, que vive en Hong Kong casi desde antes de que llegaran los ingleses en 1841. Nos alojamos en un apartamento perteneciente a su cuñada, sin mueble alguno pero bastante céntrico y con lo necesario para estar estupendamente unos días... ahorrandonos el hotel, que no es moco de pavo en una ciudad tan cara como Hong Kong. Mgoe sae!

5 de febrero de 2017

Filipinas: pedaleando de isla en isla

En Cebú, la segunda ciudad de Filipinas y nuestra entrada en el país, coincidimos nuevamente con Rubén y Merce, ellos ya de grand finale de su largo viaje ciclista por Eurasia, a punto de volverse a España vía Hong Kong. Seguro que nos volveremos a ver pedaleando por algún lugar del mundo.

En esta poblada y caótica ciudad turisteamos un poco, mandamos a arreglar la cámara de fotos rota ya hace unas cuantas semanas y visité al dentista para rehacer una muela rota. (Una cuña publicitaria de interés para nuestros estimados lectores: ese dentista te puede hacer una corona enteramente de porcelana con tecnología cad/cam alemana bastante impresionante en solo 10 minutos por 600€. A nada que tengas varias que ponerte, con lo que te ahorras te puedes pagar las vacaciones en Filipinas. Si alguien quiere sus datos...).

La salida de la ciudad de Cebú fue el típico horror de urbe tercermundista: mogollón de tráfico (aunque, siendo justos, razonablemente respetuoso con nosotros), humo, polvo, calor abochornante. Se me olvidaba comentar que nada menos que 16,5 Kg de material de acampada y ropa de invierno que no íbamos a usar durante los próximos meses en el Sudeste asiático fueron enviados por correo desde Tokio a un amigo a Bangkok. Amigo que espero que lo siga siendo cuando lo reciba. Así que ahora pedaleamos Bego con dos alforjas y yo con tres. Un gusto.

7 de enero de 2017

Filipando en Filipinas

Aterrizamos en Marte. O tal vez Mercurio sería más apropiado, por aquello del calor. Desde luego, eso nos pareció cuando llegamos a Filipinas provenientes de Japón. Dudo que haya dos países con mayor contraste que estos dos archipiélagos. Y no solamente por pasar del invernal frío japonés a la calurosa y húmeda bofetada del tropical bochorno filipino, calor que se apodera de ti nada más salir del aire acondicionado del aeropuerto y, como el desodorante, no te abandonará hasta que salgas del país. Como todos habéis leído ya detenidamente las entradas referentes a Japón 😀, no hará falta que diga que Japón es sinónimo de orden, limpieza, pulcritud, armonía, sofisticación, riqueza, una sociedad tirando a anciana, en decrecimiento, más del "sol poniente" que del "naciente". Filipinas, en cambio, es el paradigma del caos, del ruido y de la cacofonía, la simpatía, la risa y la música, del lío continuo, si no de la suciedad sí por lo menos de una cierta relajación en la limpieza, del mal llamado tercer mundo con mayúsculas, de un país con una población joven, divertida, energética y en crecimiento. Si exceptuamos que ambos son archipiélagos sitos en el Pacífico con unas 7.000 islas cada uno, con mucha población -130 disminuyentes millones Japón y 108 crecientes millones Filipinas, casi todos ellos bajitos-, con volcanes y terremotos, estos dos países se parecen entre sí como un huevo a una castaña.

10 de diciembre de 2016

De capitales imperiales (esta vez japonesas) va la cosa

Dejamos Kioto tras una visita al famoso templo dorado acompañados de miles de turistas y de miles de gotas de lluvia, lluvia que nos acompañó casi todo el camino hasta el lago Biwa, el mayor lago de Japón. Dos noches en un "love hoteru" (en román paladino, un picadero) nos recargaron las pilas para lo que venía por delante..., algo que al final no vino.

Sekigahara, nuestra siguiente etapa, no es solamente la frontera entre el oeste y el este de Japón (se supone que la más japonesa de las sopas, la sopa miso, sabe diferente a uno y otro lado de este punto), sino también el sitio donde se celebró la mayor batalla de la historia de Japón. Tras leer varias veces las estrategias de los clanes y subclanes que participaron en la batalla (en su desenlace parece crucial que Fukushima Masanori atacara hacia el norte desde el flanco izquierdo de Tokugawa contra el centro derecha del ejercito occidental, acción dificultada por el barro acumulado debido a los días de lluvia anteriores. Huelga decir que Ishida ordenó a Yoshihiro reforzar su flanco derecho; desgraciadamente éste se negó porque Ishida no era un comandante respetado) esteeee me temo que no me enteré de nada, pero me quedé con que fue un 21 de octubre de 1600 a las 8 de la mañana. Siempre madrugadores estos japoneses.

17 de noviembre de 2016

Bicigrinando por Japón

Llegamos a la industrial Tokuyama, ya en la isla principal de Japón, Honshu, en un atardecer oscuro, ventoso, frío y lluvioso. Tras intentar en vano alquilar una habitación de hotel, para acabar de arreglar este panorama festivo nos fuimos a dormir a un lugar tranquilo con vistas al futuro, esto es, junto a un cementerio. Una aparición, un alma en pena en forma de señor paseando a un perro nos hizo notar que ahí no estaba permitido acampar, por mucho que a nuestros vecinos no les fuéramos a molestar en su eterno sueño, y nos indicó otro lugar, en un tupido bosque. Con la que estaba cayendo comprobamos que el bosque era más bien un gran charco sobre el que nuestra tienda hubiera flotado y al final terminamos plantándola en un complejo deportivo, bien cubiertos y junto a unos limpios baños. Tope lujo.

1 de noviembre de 2016

Japón: pedaleando por Kyushu

Entramos a nuestro país 32 de este viaje por la sureña isla de Kyushu, una de las cuatro grandes islas de Japón (junto con Honshu, Hokaido y Shikoku) de un total de nada menos que 6.852 islas que componen el archipiélago japonés. En concreto lo hicimos por Fukuoka, quinta ciudad del país. Ahí pasamos unos dìas de aterrizaje y descanso, tomando con tranquilidad "el pulso" al país. Paseos, templos, museos y comida rica. La llegada a un país es siempre lo más interesante: todo es nuevo, diferente y las cosas te llaman la atención, sean las calles y sus edificios, cómo va vestida la gente o qué productos hay en los supermercados. Después todo ello se va difuminando para convertirse en algo cotidiano. Es entonces cuando empiezas a fijarte más en los paisajes y las atracciones turísticas. Más bonito, pero probablemente menos interesante.

2 de octubre de 2016

Corea del sur: diseño, vías ciclistas... y kimchi

A pesar de los intentos del presidente norcoreano Kim Jong-un por sabotear nuestra visita a Corea del Sur con pruebas nucleares y los consiguientes terremotos, nosotros nos mostramos inasequibles al desaliento y seguimos con nuestros planes de cruzar la península surcoreana de noroeste (Incheon) a suroeste (Busan).

Tras las veintipico horas de ferry desde el puerto de Tianjin hasta Incheon, Corea nos recibió inicialmente con algo de bruma que nos quitó de la cabeza lo de irnos a una playa a descansar. Pero en breve esta bruma pasó a ser un tiempazo otoñal, con cielos claros, sol a raudales y temperaturas perfectas. El otoño es, sin duda, la mejor estación para visitar Corea.