19 de septiembre de 2016

Unos días en China entre Mongolia y Corea

El Transmongol -el ramal del Transiberiano que va de Moscú a Beijing cruzando Mongolia- cruzó la frontera con China muuuuy lentamente. No solo por las típicas labores aduaneras, sino porque el ancho de vía es diferente y tienen que retirar, uno a uno, todos los bogies del tren (una pasada lo que sé yo de trenes, por qué será) y sustituirlos por otros con ancho de vía chino. Las grúas levantaron cada uno de los coches tan suavemente que ni lo notamos. Así, normal que la operación durara varias horas.

Pero llegamos a Beijing, que era lo importante. La ciudad nos recibió con un tiempo otoñal estupendo, de esos soleados, claros, sin excesivo calor. ¡Fuera jerseys, vengan las sandalias! Sin la presión de ver todos y cada uno de los monumentos de Beijing, ciudad que ambos ya habíamos visitado con anterioridad (mi primera vez nada menos que en 1991, no os podéis imaginar lo que ha cambiado), nos dedicamos a pasear por sus hutongs (esas estrechas callejuelas de barrio tan características de Beijing y, desgraciadamente, en fase de desaparición por aquello del progreso), recorrer en bici sus enormes y arboladas avenidas, hacer algún recado, visitar algún punto turístico y poco más. Un gusto.

7 de septiembre de 2016

Proverbio mongol: un hombre sin una bici es como un pájaro sin alas

Bajaba la cuesta a toda velocidad. No parecía importarle que el espantoso camino fuera empinado, estuviera lleno de barro, piedra suelta y alguna que otra traicionera raíz. Mirándonos sin vernos, impasible el ademán en esa cara curtida por los rigores del clima de la estepa, conducía su hierro chino con una mano, mientras con la otra sostenía el cigarrillo al que le daba caladas de vez en cuando. El alcohol que llevaba en el cuerpo, a buen seguro un vodka Genghis Khan -brebaje infecto donde los haya, que en una inolvidable ocasión tuve que catar por mor del respeto y la fraternidad entre los pueblos del mundo y que a fe mía seguro que también es utilizado como combustible para los lanzallamas-, probablemente contribuía más a su temerario pilotaje que los años de experiencia por esos senderos. A pesar de que su "brioso corcel", que diría un cursi, era una moto china del año del caldo y no un caballo, vestía ropas tradicionales de jinete mongol: el deel (esa especie de abrigo o bata cruzado, unas veces como de raso, otras de tela gruesa, a menudo de colores chillones, ceñido a la cintura con un ancho cinturón), gorra soviética, botas de montar,... Como colofón y para "facilitar" la conducción, de paquete llevaba atada a una cabra que, pobre, no dejaba de berrear a voz en cuello y sacudir la moto, como si la fueran a matar. Que es lo que muy probablemente iba a ocurrir en breve.

Bienvenidos a Mongolia.

30 de julio de 2016

China: de Xian a la frontera mongola

Dejamos a los guerreros de Xian petrificados de pena al vernos partir. Más contentos y aliviados estaban los del hotel Mercure, al borde de la bancarrota tras nuestros tres días de excesos durante el buffet de desayuno. Y así, rellenos hasta el gaznate de bollería, embutidos, mermeladas, bircher muesli y tantas otras delicias que casi teníamos olvidadas, retomamos el camino hacia el norte, hacia Mongolia. Para llegar hasta ahí decidimos tomar inicialmente la más o menos plana G108, buena carretera aunque con bastante tráfico, que pasa por varios puntos visitables. Desgraciada aunque comprensiblemente el viento no quería que nos fuéramos de Xian y nos sopló constantemente en la cara. No era demasiado fuerte, pero unido al pegajoso calor, al denso tráfico y, posteriormente, a la potente contaminación de carbón en la provincia de Shanxi (diferente de Shaanxi, cuya capital es Xian) no hizo que esta sección del viaje fuera especialmente memorable. O tal vez sí.

9 de julio de 2016

China: de Shangri La a Xian

En mis últimos años de vida profesional, mis visitas a China eran a la superpoblada Shanghai y a las en buena medida industrializadas, degradadas y también superpobladas provincias limítrofes. Como en cualquier gran ciudad del mundo, sus pobladores no se distinguen por llevar una vida relajada, distendida y ser abiertos y dicharacheros para con los extranjeros. Sin querer dramatizar, lo cierto es que las visitas a las zonas fabriles de la región me recordaban más a las oscuras novelas de Dickens que a la brillante China de las pinturas clásicas, llena de naturaleza, armonía y delicadeza.

Sichuán, especialmente su parte suroeste, ha sido, junto con Yunán, el reencuentro con la China amable y, más importante, con los chinos. Paisajes enormes, naturaleza desbordante, montañas y más montañas, ríos caudalosos, pueblos pintorescos con gentes sonrientes, amistosas y generosas. ¿De verdad estamos en China?

4 de junio de 2016

Pedaleando por Yunán, China: “Un viaje de mil millas comienza con una simple pedalada” – Hugo Tzu :o)

Tengo una edad en la que la historia ya no tengo que estudiarla, me basta con recordarla. Estuve por primera vez en la sureña provincia china de Yunán con un par de amigos hace ahora la friolera de 25 años. En este cuarto de siglo, que se dice pronto, comparando lo poco que recuerdo (el amigo Alzheimer seguramente va haciendo estragos en mi neurona) con lo que veo ahora... es como estar en otro planeta. La verdad es que, aunque suene a panfleto publicitario de viajes del Imserso, China sorprende por los contrastes, la mezcla de lo viejo (cada vez menos) y lo nuevo, la tradición y tecnología. No importa el tiempo que uno haya pasado en este país -y he pasado bastante-, sigo alucinando al visitarlo.

2 de mayo de 2016

La sonrisa birmana

"¡Ozú Myarma!" Eso es, como si fuéramos un par de andaluces al entrar en Birmania, lo que nos dijimos al final del primer día en este estupendo país.

Entramos en nuestro país 28 sin problemas. En el primer pueblo, vamos al primer cajero y éste nos da dinero a la primera: 300.000 kyat, algo más de 215€ y más que cualquier cajero de la India que, diga lo que diga y prometa lo que prometa, solo te va a dar 10.000 rupias o 140€. Las rupias indias que nos habían sobrado las cambiamos en ese mismo pueblo al precio correcto sin necesidad de regatear. A partir de ese pueblo, en el que nos tomamos un café con leche sentados en una terraza de lujo que ni en la madrileña Plaza Mayor de la exalcaldesa Ana Botella, disfrutamos de buena carretera, prácticamente vacía, casi plana, silenciosa (el contraste con India es, cómo decirlo, un clamor), con bonitas plantaciones, bosques y arbustos a los lados. Cruzamos pequeños pueblos, todo pichichi saluda, sonriente, todo el mundo está relajado. Mucha gente va vestida con ropa tradicional: curiosamente más ellos, con sus faldas longyi -una especie de sarong- y camisa; ellas visten más variadas, con vestidos ajustados, con pantalones de "pijama" al estilo chino, con sarong y blusa,.... Las mujeres, más que los hombres, se "maquillan" con una crema blanca hecha con la madera de un determinado árbol, crema que cubre sus mejillas y a veces la frente y la nariz con formas geométricas. Todos, sin excepción, sonríen al vernos, y la mayoría saluda.

1 de abril de 2016

Una India un poco diferente

Nos vamos de la India..., poco a poco. En el noreste de este país se empieza a notar la transición con el sudeste asiático o, cuando menos, se empieza a notar un cambio. La gente es diferente, tiene otras facciones, otras lenguas, otras costumbres. Hasta otras religiones: en Assam hay hindúes, musulmanes y algunos cristianos, pero los cristianos son mayoría en los estados de Nagaland, Mizoram y Meghalaya. Hay tanta diversidad en India que dicen que solo les une su pasión por el cricket.

Lo bueno de viajar en bici es la libertad que te ofrece: de parar cuándo y dónde quieras, de elegir el camino que quieras. Durante los treinta primeros kilómetros tras nuestra salida de Bongaigaon, en Assam, cambiamos por lo menos tres veces de parecer sobre la ruta que deberíamos seguir. Al final, optamos por seguir hasta Guwahati, dejar las bicis en la capital de facto de Assam (la oficial es Dispur) y visitar brevemente Meghalaya. Después seguiríamos al este y al sur, para cruzar la frontera con Myanmar. Así visitamos cuatro (Assam, Meghalaya, Nagaland  y Manipur) de las Siete Hermanas, término acuñado por un periodista en 1972 para llamar a los siete estados del NE de India, nombre que cuajó rápidamente.

7 de marzo de 2016

Darjeeling, Sikkim y las siete hermanas; de nuevo en la India

Parece el título de algún cuento infantil o de una película porno hindu-orgiástica, pero nos estamos refiriendo al noreste de la India, esto es, a Bengala Occidental, Sikkim y esos siete estados que están como descolgados del resto del país, unidos a éste únicamente por el corredor Siliguri, también llamado con muy poca pompa, corredor "cuello de pollo". Son el hogar de tés mundialmente famosos -Darjeeling en Bengala Occidental y Assam en, bueno, Assam-; aquí se erige el tercer pico más alto del planeta -Khangchendzonga, nada menos que 8.598m, situado en el que hasta 1975 era el independiente reino de Sikkim, un nombre de leyenda-; por aquí fluye uno de los ríos más largos e importantes de Asia -el Brahmaputra, que en algunos tramos llega a los 10km de ancho y que, santo en su parte baja, es uno de los pocos ríos del subcontinente con nombre de varón, "hijo de Brahma"-; y en esta región habitan decenas de tribus que, entre otras cosas más amables pero menos gore, hasta hace cuatro días todavía cercenaban las cabezas a sus enemigos -en el lejano estado de Nagaland, ya fronterizo con Myanmar-.

Además, mientras Darjeeling atraía turismo a sus plantaciones de té y a su fresco clima de montaña, el resto de la zona era relativamente poco visitado por el turismo extranjero, siendo durante años la lejana y misteriosa última frontera, los estados cerrados por completo a los guiris o técnicamente abiertos pero con trabas burocráticas.

Vamos, que la zona prometía.

24 de febrero de 2016

"Viajamos no para cambiar de lugar, sino de ideas". Nepal: de Katmandú al nordeste de India

Quiero pensar que nuestro sobrepeso tras la vorágine gastronómica de las dos semanas donostiarras, durante las cuales dejamos a madres, bares y restaurantes sin existencias, nada tuvo que ver con el terremoto de 5.5 puntos que golpeó Katmandú una tarde al poco de llegar. Todo se movió, la gente soltó algún que otro grito, salió a la calle con cara de circunstancias (está muy reciente el terremoto asesino de 2015)... y, por suerte, poco más, si exceptuamos varios mini terremotos días después.

Bienvenidos a Nepal.

29 de enero de 2016

En Rishikesh, India

Curiosamente, a pesar de haber pasado poco más de una semana en Rishikesh en octubre, el retorno a esta ciudad fue una suerte de vuelta a casa. Es una ciudad agradable, localizada en un sitio bonito entre grandes y verdes montañas, con el Ganges a sus pies, río que da vida y sentido al enclave. Por lo menos en esta época disfruta de un clima amable, primaveral durante el día y fresco durante la noche. Con tanto extranjero pululando por aquí, está llena de cafés, restaurantes y alguna pastelería, negocios que están enfocados en los gustos guiris y que hacen que este valle de lágrimas, que esta dura vida terrenal en nuestro tránsito hacia el karma, sea un poco más llevadera. :-) Y bueno, más que ciudad debería haberlo llamado pueblo, pues aunque Rishikesh tiene más de cien mil habitantes, la zona de ashrams, yoga y guiris se encuentra a unos dos kilómetros al norte de la ciudad y parece un pueblo.

7 de enero de 2016

India: por las ciudades rosa, azul, dorada y alguna más, del Rajastán

This is indeed India! the land of dreams and romance, of fabulous wealth and fabulous poverty, of splendor and rags, of palaces and hovels, of famine and pestilence, of genii and giants and Aladdin lamps, of tigers and elephants, the cobra and the jungle, the country of a hundred nations and a hundred tongues, of a thousand religions and two million gods, cradle of the human race, birthplace of human speech, mother of history, grandmother of legend, great-grandmother of tradition, whose yesterdays bear date with the mouldering antiquities of the rest of the nations—the one sole country under the sun that is endowed with an imperishable interest for alien prince and alien peasant, for lettered and ignorant, wise and fool, rich and poor, bond and free, the one land that all men desire to see, and having seen once, by even a glimpse, would not give that glimpse for the shows of all the rest of the globe combined.

La archiconocida y todavía vigente descripción de India que Mark Twain hizo en 1897 en Following the Equator,... que yo no puedo hacer mejor.

6 de diciembre de 2015

Nepal: selvas y montañas, ortoquakes y crisis constitucionales

Ya el formulario de inmigración para entrar en Nepal nos dio buen rollo. En lugar de las habituales dos casillas a elegir en el apartado de sexo, aquí se incluye una tercera: hombre, mujer, otro. En Nepal. Unos metros más allá de la frágil caseta de inmigración, la oficial de aduanas nos dejó pasar sin control alguno, con un sonrisón y un alegre "¡Namasté!", saludo que ya no dejaremos de escuchar a diestro y siniestro durante nuestra estancia en el país. Carreteras tranquilas y en buen estado, precioso paisaje rural, cerveza disponible en todas partes, una mezcla relajada de gente en ropa tradicional y moderna, gente guapa y sonriente... Todo apuntaba a que Nepal, país que ya habíamos visitado en varias ocasiones anteriormente, nos iba a gustar tanto como en el pasado.

20 de octubre de 2015

La India: entre montañas y lugares sagrados

En la última entrada de este apasionante relato viajero :-) os contábamos cómo, tras mes y medio en India, la sensación de finalmente llegar a este país se materializó cuando descendíamos de las montañas hacia el calor, el ruido, el tráfico, la suciedad, la pobreza, los olores y, en fin, el fenomenal caos indio. Caos que por un lado -será nuestro lado masoquista- nos gusta por su intensidad y autenticidad -¿qué sería de India si se pareciera a, no sé, Suiza?-, y por otro nos lleva por el camino de la amargura, con tantas situaciones frustrantes y cabreantes. Sin duda, los indios son capaces de lo mejor y de lo peor...

Un indio que vive en EEUU desde hace 25 años y ahora se dedica al coaching y a escribir libros de autoayuda nos dijo que el problema es que, a pesar de la tan extendida espiritualidad india que promulga el amor al prójimo y al universo que te rodea, el indio no empatiza, no se pone en la piel del vecino. Él lo explica por la densidad de población y la histórica necesidad de pelearse contra todo y contra todos para salir adelante, de tal forma que el indio va exclusivamente a lo suyo, en plan apisonadora. Como los chinos, vaya, cuyo ejemplo también usó, y que también hemos sufrido en nuestras carnes. Desde luego esa sensación tiene uno cuando circula por la carretera. El coacher también le echó la culpa al abstracto "sistema", que yo más bien veo como una pobre excusa para evitar responsabilidades individuales.

14 de octubre de 2015

Cuestas, malas carreteras y un frío del carajo: disfrutando, y mucho, de los Himalayas de la India

- Veeeerygoodmorning, sir. Whereareyoufrom, sir?
- Spain...
- Oooooh, Spainisaveryveryfinecountry, splendid, sir. Andwhatsyourgoodname, sir?
- Er..., Hugo, and yours?
- Verylovelyname, sir! Mynameis Tirurichipiramnavarsujay, sir.

Volver a India nos ha obligado a refrescar nuestro "inglés con características indias". No hace falta que sea Hindish, esa mezcla de hindi e inglés, para no enterarse de nada; aunque sea puro inglés, ya es complicado entenderles. Hablan como ametralladoras sin apenas pausas entre las palabras, con peculiares sonidos intercalados que soy incapaz de reproducir en el texto y con movimientos laterales de cabeza que no ayudan necesariamente a la comprensión, pues pueden querer decir no, sí, a veces, no tengo ni idea, ya he terminado de hacer la foto y, seguramente, muchos más significados. Pero a pesar de las dificultades iniciales, es un gustazo escuchar su rico inglés, adornado con vocabulario victoriano y, sobre todo, volver a poder comunicarse con la gente -con bastante gente, por lo menos-, y así tener conversaciones que vayan más allá del famoso "¡Atkuda!" de Asia Central.

14 de agosto de 2015

Sobre montañas, caballos, yurtas y lagos: pedaleando por Kirguistán

Nos despedimos de Tayikistán durmiendo en tierra de nadie, entre las fronteras de este país y Kirguistán. Los 20 kilómetros que separan una de otra y en donde vimos un par de granjas habitadas (¿qué nacionalidad tendrán esos granjeros?) son una preciosidad y ya se empieza a ver el cambio de paisaje. Sigue habiendo muchas y muy grandes montañas, pero frente al aspecto lunar o marciano del último tramo de los Pamires, estas son verdes (presagio de que llueve más por estos lares), aunque más allá estén blancas de nieve en pleno agosto. No en vano, muy cerquita hay varios picos de seis y siete mil metros de altura, entre ellos el bastante asequible y accesible (tanto de dinero como de dificultad) Pico Lenin. Nos planteamos su ascensión, pero los programas de aclimatación son de 20 días o más... y lo dejamos para otra ocasión.

8 de agosto de 2015

En el techo del mundo: Tayikistán

Si a Turkmenistán lo identificamos con desierto, a Uzbekistán con sus míticas ciudades como Samarcanda, Bujara o Khiva y a Kazajstán con la estepa, Tayikistán (como Kirguistán, desde donde os escribimos) es sinónimo de montaña y, entre ellas, sobre todo, los Pamires.

La ruta de los Pamires constituye una de las cuatro rutas asiáticas que todo cicloturista quiere recorrer. Desgraciadamente, tres de ellas (la del Tibet entre Kashgar y Lhasa, la de la Amistad entre Lhasa y Kathmandú y la del Karakorum entre Kashgar e Islamabad) nos las están poniendo cada vez más difíciles a los viajeros independientes debido a los visados, obligatoriedad de escoltas o guías y otras estúpidas cuestiones administrativas y de supuesta seguridad. En fin, paciencia. Por suerte, aunque Tayikistán exige visado y permisos, éstos se pueden conseguir sin problemas.

25 de julio de 2015

Ciudades míticas y campos de algodón en Uzbekistán

Aunque siempre intentamos tener una referencia sobre el valor de la moneda antes de cruzar una frontera, cuando en ese país, como en Uzbekistán, lo que impera es el mercado negro, no hay referencia que valga; salvo la de otros viajeros, claro. Así que tras bastante pelea con los cambistas nada más cruzar la frontera, nos timaron vilmente, por suerte no demasiado, pues cambiamos poca pasta.

Menos mal, de todas formas, que estuvimos todo ese tiempo junto a la frontera: un currela vino a decirnos, en ruso o en uzbeko, no sé, que teníamos que volver. Tras muchas dudas (a nadie le gusta volver a entrar en la zona fronteriza, menos cuando has estado haciendo algo supuestamente ilegal como cambiar dinero en el mercado negro) lo seguimos: resultó que no habíamos pasado por aduanas. Fue un acierto volver, o la posterior salida del país sin el papelito aduanero de entrada hubiera sido una pesadilla.

21 de julio de 2015

"Si piensas que la aventura es peligrosa, piensa en la rutina. Es mortal". Cruzando Turkmenistán en cinco días

Hace unos años estábamos Bego y yo viajando por el oeste de China en un razonablemente cómodo autobús. China occidental es un gran desierto con unas cuantas ciudades -nada que ver con el densamente poblado este chino- y estábamos a unos cientos de kilómetros de alguna población de cierto tamaño... y posiblemente de cualquier población de cualquier tamaño. A lo lejos se acercaba un tormentón de esos bíblicos, con relámpagos que llenaban el cielo. Y ahí, en esa tormentosa vacuidad china, "in the middle of nowhere" que dicen los ingleses, se adivinaba la figura de un solitario cicloturista, pedaleando lenta y sufridamente, a quien a buen seguro esa noche le tocaría acampar bajo la lluvia, tras un duro día de calor y sudor. Mi comentario, definitivo, sentido y lapidario, fue: "yo no viajo en bici por estos lares ni jarto de na".

15 de junio de 2015

Otro Irán

"He aquí que pasó el invierno, la lluvia ha cesado, las flores salen del suelo, el tiempo de pedalear ha llegado." Así (o casi) lo recomienda el Cantar de los Cantares. E Irán, en esa primavera que todo iraní te dirá que es la mejor época del año para visitar el país, se presta a pedalear.

Entramos en Irán desde Turquía por la frontera de Seru. La frontera es un tanto caótica, siendo justos probablemente sea así solo porque están en obras. Pero dentro del caos, los iranís muestran su cara amable y, cómo no, acabamos hablando de fútbol. Es curioso: antes España o la desconocían o te hacían el signo de los toros. Ahora, automáticamente es Real Madrid o Barcelona. El fútbol es "marca España". Así que la conversación versó sobre si preferimos a uno u otro equipo, cuyas alineaciones conocen al dedillo. Vamos a tener que aprender algo de fútbol...

6 de junio de 2015

Irán... y sí volverán

Era la una del mediodía y el sol calentaba de lo lindo. Mal asunto para el día de cuestas que teníamos por delante. Los anteriores habían sido días cañeros con bastantes kilómetros en nuestras piernas y para colmo esa noche nos habíamos acostado tarde. Total, que decidimos sacar la lona, los aislantes y descansar un rato junto a un río. En ello estábamos cuando se acercó una camioneta y bajaron dos desconocidos de extracción humilde, como se llama pomposamente a los que no tienen muchos posibles. Portaban dos tuppers de esos de poliestireno y sobre ellos pan y dos yogures. "Mister!" En Irán siempre se dirigen a mí, y siempre con el mister por delante. Además "Missus" estaba o dormida o cerca de estarlo. "Salam", les saludé con mi profundo dominio del farsi (es la única palabra que sé, pero estoy convencido de que la digo con muy buen acento).

4 de abril de 2015

"El pedalear, el viajar y el mudar de lugar recrean el ánimo". De Mesopotamia a Irán

Con la pequeña licencia de sustituir "cabalgar" por "pedalear", así hablaba Séneca hace dos mil años. Este filósofo sí que sabía.

En nuestra última entrada nos despedimos de vosotros a los pies de Mardin, al este de Turquía. Seguramente por la larga y empinada cuesta que teníamos que subir preferimos dejarlo para esta vez. Pero las cuestas sirven para algo: la parte vieja de esta ciudad se erige imponente a unos 1.100m de altura sobre la interminable meseta mesopotámica. La ciudad cuenta con un castillo, mezquitas, madrasas, iglesias, monasterios, museos, edificios históricos, bazares, "butik hotels" y, en fin, todo lo que se le presupone a una población milenaria (6.000 o 7.000 años, ahí es ná) como Mardin.

De Mardin pedaleamos en uno de esos días lluviosos y fríos (a 1.000m de altura) hasta Midyat. Aquí dejamos las bicis aparcadas y fuimos en furgoneta a Hasankeyf. Este bonito pueblo a la vera del Tigris está lleno de cuevas, habitadas hasta hace poco, y está a punto de desaparecer bajo las aguas de un embalse, como el pueblo de los mosaicos mencionado en la entrada anterior.

27 de marzo de 2015

Del Mediterráneo a Mesopotamia

¿Cómo se decía en turco "hola"? ¿Y "adios", "gracias" o (palabra crucial donde las haya) "desayuno"? Uno se acostumbra muy rápidamente al inglés de Chipre y mi solitaria neurona, en un acto de eficiencia espacial, deja aparcadas las pocas palabras de turco que llegué a aprender. Aparcadas, pero por suerte no olvidadas: merhaba, güle güle, teşekkürler, kahvaltı. Menos mal, porque cuanto más al este se dirigen nuestras pedaladas, menos inglés se habla. La calidad de algunos profesores de inglés no ayuda a que la gente lo hable: estuvimos tomando un té con uno de ellos en Osmaniye y su nivel de inglés no era muy superior al de mi turco... Por otro lado resulta confuso que mucha gente sepa decir correctamente y casi con acento de Oxford "where are you from?", que te da esperanzas para iniciar una conversación..., para después darte cuenta de que es lo único que saben decir en inglés. (Que quede constancia que yo no sé decir "de dónde eres" en turco, así que no critico.)

12 de marzo de 2015

Chipre: "Los viajes, como los artistas, nacen, no se hacen"

Así comienza Lawrence Durrell su estupenda novela "Limones amargos", una mezcla de libro de memorias y relato de viaje sobre sus tres años (1953-56) en Chipre. No estoy muy seguro de qué quiere decir con esta frase o si estoy de acuerdo con lo que creo que dice, pero es una forma erudita de comenzar el blog, de no tener que pensar en un título original y queda molón.

Chipre, tercera isla más grande del Mediterráneo y por la que históricamente ha pasado todo hijo de vecino -fenicios, griegos, asirios, egipcios, persas, romanos, árabes, bizantinos, cruzados, lusiñanos (franceses), genoveses, venecianos, turcos, ingleses-, es la isla de Afrodita (o Venus para los romanos) y, por ende, del amor. Muchas lunas de miel por aquí. Algo menos romántico, también es la isla de las algarrobas, de las que se hacen dulces y pasteles. Ah, y también es la isla de los gatos, de los que hay a patadas.

13 de febrero de 2015

Turquía mediterránea: en busca del (buen) tiempo perdido

Por fin salimos de Bursa, aunque con más frío que Leonardo DiCaprio junto al cuasi hundido Titanic a pesar del reluciente sol invernal. No en vano estábamos a tres o cuatro bajo cero y con nieve y hielo por todas partes. Enfundados en capas y más capas de ropa, y con bastante precaución por posibles placas de hielo, enfilamos la carretera principal de Bursa a Esmirna, con la confianza de que estuviera limpia de nieve. Efectivamente así fue, con lo que el trayecto hasta Mustafakemalpaşa fue, tal vez no un paseo, pero sí mejor que lo esperado. No hay mucho documentación gráfica (también llamadas fotos, vaya), que no estaba la temperatura para sacar las manos de los guantes.

10 de enero de 2015

De capitales imperiales otomanas va la cosa

Como ya avanzábamos en nuestra anterior entrada, de Bulgaria a Turquía dimos un pequeño rodeo por Grecia. El cruce grecoturco de fronteras es rápido, pero para nuestro gusto con demasiados soldados turcos pululando por ahí.

Edirne se encuentra cerca de la frontera. La llegada a la segunda capital otomana (anteriormente lo fue Bursa y después, Estambul), es una preciosidad. Tras cruzar unos cuantos campamentos militares y un par de puentes de la época otomana, varias imponentes mezquitas y sus espigados minaretes nos saludan desde la lejanía, mientras los muecines anuncian nuestra llegada por toda la ciudad, para alegría y solaz de sus habitantes. Es lo bueno de no entender nada de lo que dicen, uno se imagina lo que quiere... Desde luego, las calles estaban llenas de policías y guardaespaldas. Es posible que la presencia del primer ministro en la ciudad, con quien coincidimos durante el rezo en la gran mezquita al día siguiente, tuviera algo que ver, pero yo creo que era por nosotros...

27 de diciembre de 2014

Bella (¿e infeliz?) Bulgaria

Hay pocas cosas tan deprimentes como una mediana ciudad industrial búlgara en un día de mal tiempo cuasi invernal: calles vacías, fábricas abandonadas, centrales creo que de carbón en mitad de la ciudad, basura por demasiados lugares, edificios de apartamentos prosoviéticos a medio terminar o simplemente machacados, cero mantenimiento de nada,... Pareciera que acabara de caer una bomba sobre la ciudad. Seguro que en verano estas poblaciones tienen otra cara, pero no es la que nos ha tocado ver.

Pernik es una de esas ciudades. Su fuerte es la siderurgia, y supongo que es más barato trasladar la producción de la vieja fabrica a una nueva que mantener el edificio. Y así está, con unos cuantos edificios destartalados en mitad de la ciudad. En fin, tal vez sea por ciudades como esta por lo que los búlgaros se encuentran entre los más infelices, del mundo, según el informe de la ONU que mide la felicidad mundial. Está en la posición 144 de un total de 156, por detrás de encantadores países como Afganistán, Irak o Zimbabwe.

10 de diciembre de 2014

Macedonia: ensaladas, esculturas y alguna cosa más

No hicimos ningún recuento, pero probablemente la bandera que más se ve en Macedonia es... la albanesa. Y se ven más mezquitas que iglesias ortodoxas, a pesar de que la mayoría de los macedonios profesan esta religión. Y es que montones de albaneses van a Macedonia a buscar trabajo, en donde, con salarios de 25€/día, les da para ahorrar y enviar dinero a casa.

Esta presencia albanesa (aproximadamente el 25% de los dos millones de habitantes de Macedonia), junto con la de los gitanos, turcos, serbios y otros, crean, bueno, una ensalada de frutas ;o) que a veces convive en paz y armonía... y otras, no tanto.

1 de diciembre de 2014

Albania: the good, the bad and the ugly

Del "Monte Negro" pasamos a "Albus", de donde proviene el nombre de Albania, así bautizada por los romanos por lo blanco de sus nevadas montañas.

Es Albania otro país con tintes misteriosos, pues era un país cerrado y prohibido, de aquellos que aparecían en los pasaportes de los tiempos de Franco con un "este pasaporte es válido para todos los países del mundo, excepto para..." seguido de un montón de países comunistas y, entre ellos, Albania.

27 de noviembre de 2014

Montenegro

Ya solo el nombre, Montenegro, resulta
evocador, como de cuento, una suerte de Sildavia de Tintín, entre medieval, aventurero y, siendo un "monte negro", también un poco siniestro. Antes de llegar al país uno está convencido de que los montenegrinos van por la calle a caballo, con cota de malla, lanza y estandarte.

Una vez dentro de sus fronteras, el paisaje, sea natural o urbano, no te defrauda, todo lo contrario: ciudades amuralladas con imponentes montañas tras ellas; picos de más de 1.500m a pocos metros del mar Adriático, inmejorables atalayas para vigilar si vienen los piratas; inexpugnables bahías tan encajadas entre montes que parecen fiordos; el mayor lago de los Balcanes, compartido con Albania y centro de contrabando en otros tiempos,...

20 de noviembre de 2014

De montañas y mares, religiones y guerras...y bureks

Aunque la entrada en Serbia fue acompañada de una buena sonrisa del aduanero, cielos azules y horizontes lejanos, todo comenzó a "engrisecerse" conforme nos acercábamos a Belgrado. Ciudad de más de millón y medio de habitantes, no nos pareció especialmente bonita, ni sus monumentos algo memorable, ni los pocos recuerdos de la guerra, en forma de edificios medio derruidos, algo especial. Pero eso mismo le quita presión a la visita y uno se dedica a pasear agradablemente y sin prisa por sus concurridas calles, llenas de gente y de ambiente. Y a disfrutar del desayuno en el hotel :o) Y es
Entrando a Belgrado cruzando el Danubio
que las millas acumuladas de Bego nos permitieron dormir tres noches en un pedazo hotel de la capital serbia y cada mañana, desde la terraza, un desayuno pantagruélico nos iluminaba el día.

Eso sí: acostumbrados a los pueblos de las zonas rurales, poblados por mayores y algunos niños, pero poca gente joven, la capital nos dio la sensación de rezumar vitalidad, energía y juventud. Belgrado es famosa por su marcha nocturna, algo que, ejem, me temo que no catamos. ¡O tempora, o mores!, que dicen los cursis.