11 de noviembre de 2019

Y colorín colorado...

Bicis, bolsas y nuestros cuerpos serranos, todos llegamos indemnes a Barajas desde San José, Costa Rica, en lo que acababa de suponer el último trayecto en avión de este viaje. Ya estábamos de vuelta en España y nuestra llegada a Madrid suponía el principio del fin. Un principio del fin con estilo, bien sûr: los años de (relativas) penurias y estrecheces no nos habían preparado para nuestra estancia a papo de rey en la madrileña morada de nuestros amigos Íñigo y Cris. Fue sentirse como en casa desde el minuto cero, pero en una casa de lujo, como de lujo fue la compañía.

21 de abril de 2019

Costa Rica: "pura vida"..., pero corta

Cinco kilómetros antes de llegar a la frontera entre Nicaragua y Costa Rica ya empezamos a ver camiones varados en la carretera como si fueran ballenas en una playa. El acuerdo transfronterizo centroamericano está muy lejos del concepto Schengen europeo, y a los camioneros les iba a tocar esperar entre 6 y 24 horas para cruzarla, en función de lo que dijeran los del escáner y los de narcóticos, a veces en busca de una mordida, pero normalmente simplemente haciendo su trabajo. O, si la empresa propietaria de lo que transportas no ha estado viva con no sé qué papeleo, como le ocurrió a Nicolás, el camionero guatemalteco con el que estuvimos hablando, te toca pasarte casi una semana mustiamente parado en la frontera, durmiendo en el camión y comiendo lo que se pueda. En el otro lado de la línea imaginaria, en el sentido de Costa Rica a Nicaragua, más de lo mismo, con larguísimas colas e interminables esperas. Sufrida y frustrante vida la de los camioneros centroamericanos, que pasan más tiempo en labores aduaneras y administrativas que conduciendo.

6 de abril de 2019

Crónicas nicaragüenses

Dos horas y media tardamos en cruzar la frontera entre Honduras y Nicaragua. Desde hace un tiempo se exige un permiso para entrar en el país, que debe tramitarse en línea con una semana de anterioridad. Mal pensado que es uno, suponía que la situación política un tanto "movida" de la que hablaré posteriormente, les había obligado a controlar quién entraba y quién salía de Nicaragua, no fuera a meter las narices donde no debía. Y, sin embargo, este requisito burocrático es previo. De cualquier manera, siendo esto Centroamérica, el despistado viajero todavía puede saltarse parte del proceso y conseguir el permiso en el momento: el jefecillo de turno de inmigración le pedirá un montón de información (por ejemplo, fecha de entrada y salida de todos los países visitados en los últimos meses, buff), alguna que otra fotocopia y cursará el permiso en su nombre.

Nicaragua, el segundo país más pobre de América después de Haití, llevaba diez años creciendo a buen ritmo, cerca del 5% anual, de los mejores de la región. Un clima de consenso entre el gobierno y la patronal, los buenos precios de sus principales exportaciones (café, oro, carne), el apoyo de los organismos internacionales, los más de 500 millones de USD en petróleo al año que recibía de Venezuela, todo remaba en la misma dirección. Mientras tanto, el presidente y exguerrillero sandinista Daniel Ortega y su mujer y vicepresidenta Rosario Murillo iban socavando las instituciones democráticas, cortando la cabeza al que la asomara sobre el orden establecido y construyendo una dictadura. Como una dictadura en un principio da estabilidad y los empresarios ganaban dinero, no había grandes quejas.

29 de marzo de 2019

El Salvador: ¡buena onda!

"Dos pupusas por tres coras, va." La primera en la frente, ya empezamos con esos localismos que no los entiende ni blas. Las pupusas son las tortillas de maíz salvadoreñas. Me encanta su sonoro nombre (pupusa), que uno pronuncia con esas dos pes iniciales como si le estuviera dando un par de besos a la que te lo va a servir. Y están muy ricas, especialmente las rellenas de quesito. Pero, a riesgo de ser crucificado por algún verdadero conocedor de la gastronomía regional, no son nada que no hayamos degustado ya desde que llegamos a México y Centroamérica hace un tiempito. Al final, estas tortillas de maíz rellenas de cosas, sin ser exactamente lo mismo, se parecen mucho a todo el resto de tortillas de maíz rellenas de cosas que uno encuentra por la zona. Pero bueno, como digo están muy ricas, que es lo que importa. Así que no me extraña que estas pupusas, junto al pollo de la franquicia "Pollo Campero", llenen los ojos de lágrimas morriñeras al más fiero y aguerrido pandillero salvadoreño que lleve un tiempo lejos de su patria. Dicen que los vuelos de San Salvador a EEUU huelen a pollo, de la cantidad de raciones que los guanacos (el mote que se les da a los salvadoreños, como catrachos a los hondureños o nicas a los nicaragüenses) llevan a sus compatriotas en las bárbaras tierras del norte.

24 de marzo de 2019

Honduras: catracholandia

Así como los guatemaltecos son chapines, los nicaragüenses, nicas y los costarricenses, ticos, los hondureños son catrachos. ¿Catrachos? Según la wikipedia, a mediados del siglo XIX, aventureros estadounidenses, denominados filibusteros, se propusieron convertir a Nicaragua en un estado de la Unión Americana. Los filibusteros tomaron parte del territorio de Nicaragua, controlando el país de forma desorganizada. Los demás países centroamericanos se unieron entonces para luchar contra los invasores. Honduras contribuyó con más de trescientos hombres comandados por el general Florencio Xatruch. A su regreso de los campos de batalla [en donde había vencido a los filibusteros], los hombres del general Xatruch fueron recibidos por los pobladores nicaragüenses como héroes y con frases como: "Ahí vienen los catrachos", palabra mal pronunciada debido a lo complicado de "Xatruch". Y así es como algo mal pronunciado termina siendo el hipocorístico del gentilicio de un país.

15 de marzo de 2019

Belice: diversidad entre jungla y arrecifes

Incluso antes de entrar formalmente en el país el cambio es patente. El color de piel (color negro) de los agentes de inmigración, las rastas de algunos de ellos, su idioma y en general su porte no excesivamente marcial hacen que el cruce aduanero de Guatemala a Belice sea algo más que un cambio de país. Cambiamos también de cultura, de idioma, de historia.

Este país caribeño, una rara avis frente a las raíces hispanas del resto de los países de la región, es un país tirando a pequeñajo, más o menos del tamaño de Galicia y con menos de 400.000 habitantes. Pero lo que no tiene en cantidad de población, lo tiene sobradamente en diversidad. El famoso crisol, vaya.

Para empezar están los mayas, los auténticos indígenas de la zona, fácilmente distinguibles por ser muchos de ellos más anchos que altos y con unas facciones cuadradas muy particulares sobre una piel tostada. Muchos mantienen sus costumbres y lenguas, como el Mopan, Yucatec o Q'eqchi Maya.

Siempre se dijo que los españoles colonizaron las Américas con la cruz, la espada y, en fin, el sexo, así que hay un buen grupo de mestizos (aproximadamente el 50% de la población), esto es, la unión de mayas y españoles. También se llaman ladinos o, confusamente, españoles.

Los africanos, traídos como esclavos a la región al no conseguir sojuzgar a los mayas, componen otro grupo, que también acabó mezclándose con otras comunidades. Los mezclados con europeos dan origen a la comunidad creole o criolla, cuyo idioma es usado por el 70% de la población y que desgraciadamente no hay quien entienda a pesar de estar basado en el inglés. Por ejemplo: "da buk da fu mii" quiere decir "este es mi libro".

10 de marzo de 2019

De Guatemala a Guatemejor

Dice una leyenda maya que los dioses, que no siempre lo hacen todo bien a la primera, intentaron crear al hombre tres veces sin éxito. Sería algo debatible si a la cuarta lo consiguieron o no, pero no seamos demasiado críticos, a ver si se van a deprimir o peor, enfadar.

Primero hicieron los ciervos y otros animales, pero como éstos no podían hablar para ensalzar y honrar a los dioses, decidieron que los animales iban a ser seres que sirvieran de alimento a otros. Pobres.

Después hicieron un ser a base de barro, pero, aunque era capaz de hablar, parece que no tenía ni conocimiento ni entendederas. Los dioses decidieron devolverlo a su estado arcilloso inicial..., aunque se me ocurren unos cuantos que se les escaparon y siguen por ahí.

Para el tercer intento utilizaron madera, pero tampoco les convenció el resultado y destruyeron las tallas. Tampoco fueron muy minuciosos al destruirlas y las que se les despistaron se convirtieron en los actuales simios.

Y por fin descubrieron el maíz e hicieron a los humanos con ese material. Vamos, que estamos hechos unas mazorcas cualquiera y sospecho que ese es el origen de la frase "estás para comerte".

8 de marzo de 2019

México (4) y sus mujeres en dieciséis fotos y un vídeo

Por supuesto que esta entrada tenía que comenzar con ella. Frida Kahlo, el símbolo mexicano por excelencia de la lucha por la igualdad. Dejó claro que estaba en contra de los estereotipos de género y que la forma de vestir o de llevar las cejas no podía venir definido por ser hombre o mujer. Que no le importaba la opinión de los demás en cuanto a sus preferencias sexuales. Que su arte iba de mujeres reales, con sus defectos y virtudes. Que los obstáculos no iban a frenarla. Y que las reglas no estaban hechas para ella.

2 de marzo de 2019

México (3): ¡Viva México, cabrones!

Se le atribuye esta cita nada menos que al héroe de la patria Pancho Villa. Pero también, según el periodista Carlos Albert "Es el grito de guerra del pueblo cuando está festejando, o cuando está enojado, o cuando está contento, o con algunas onzas de más en sus bebidas alcohólicas…" Siempre me ha parecido una frase llena de fuerza a pesar de su simpleza y del contrasentido que encierra... una frase que seguramente solo vale para este país.

Y ya que estamos con citas y dichos, ahí va otro: "Para todo mal, mezcal; para todo bien, también". Oaxaca, a donde dirigíamos nuestras pedaladas, es la tierra del agave o maguey y por ende del mezcal, esa fuerte bebida alcohólica mexicana de la familia del más conocido tequila. Pareciera que todos los campos de este estado estuvieran llenos de estas grandes, carnosas y ligeramente amenazantes plantas. Plantas que, por cierto y confieso mi ignorancia, no son cactus, a pesar de tener una pinta de cactus que se matan. El agave crece en tierras arcillosas y bien soleadas a 1.500-2.000m de altura y tarda de seis a ocho años en madurar. Es en ese momento cuando se extrae su corazón -un pedazo corazón de unos 50kg-, se cuece durante unos tres días, se muele bajo la rueda de un molino tradicionalmente movido por un burro o caballo y se pone a fermentar durante diez días. Una vez fermentado se destila: una única vez para obtener un mezcal de unos 50° o más de alcohol, o dos veces para un mezcal de mejor calidad, por encima de los 45°. Angelitos. Supongo que, si no te gusta el brebaje de marras, lo puedes usar como combustible para el camión.

22 de febrero de 2019

México (2): México mágico

Poco a poco fuimos abandonando ese norte mexicano que, tal vez por su mala fama, tal vez por la novedad, tal vez por su belleza agreste y su gente amable y generosa, tanto nos estaba gustando. Entre todos los muchos que tan bien nos trataron estuvieron Alberto y Ana. Alberto, un joven y moderno menonita de blanca piel y rubicundo cabello (él y los de su grupo parecen absolutamente fuera de lugar en esa parte del mundo), nos llevó a su casa tras descubrirnos tomando algo en uno de los restaurantes menonitas de esta zona, todavía en el estado de Chihuahua. Zona con nombres relacionados con su origen, con sus deseos de superación o de objetivo soñado como Nuevo Ideal, Hamburgo o Valle Hermoso. En Chihuahua viven actualmente unos 100.000 miembros de este grupo religioso, grupo en crecimiento pues son más que prolíficos aún que los mexicanos. De hecho, mucho más: la madre de Ana, por ejemplo, tuvo 19 hijos, aunque cinco murieron al nacer. Según Ana hija, el comentario de Ana madre sobre los cinco niños que murieron al nacer fue un triste "bueno, así puedo descansar".

16 de febrero de 2019

México (1): Una piedra en el camino...

... me enseñó que mi destino era rodar y rodar, rodar y rodar...

Tras asegurarnos -por insistencia de Bego, menos mal-, de que los de inmigración de EEUU (lo que en México llaman "el otro lado", algo que recuerda al vasco "iparralde") nos sellaran el pasaporte al salir del país, entrar en México fue sencillo. Tanto, que entramos sin pasar por inmigración y tuvimos que volver a que, nuevamente, nos sellaran el pasaporte, esta vez con el sello de entrada. Además del sello uno tiene que pagar 533 pesos (aprox 23€) al entrar por tierra a uno de los estados mexicanos del norte. Si no lo llegamos a pagar, la de inmigración me aseguró que de ser interceptados por la policía, hubiéramos sido deportados. Lo dudo muy mucho, pero más vale prevenir que curar.

Como hacemos a menudo que llegamos a un país, decidimos quedarnos en la población fronteriza un par de noches y así tomar un primer contacto con la comida, la moneda, las gentes y sus costumbres. Ambos habíamos visitado México en el pasado, pero ya habían transcurrido unos quince años desde la última visita, de tal forma que muchas cosas eran casi nuevas para nosotros.

13 de noviembre de 2018

Estados Unidos (4): bye-bye por Arizona

Dando por sentado que la Sierra Nevada de California se llamará así por algo, en el pueblo de Hurricane en Utah habíamos decidido que en noviembre iba a hacer mucho frío en esa parte de California y que cambiábamos de ruta hacia Arizona, hacia el sur, hacia el calor. Ilusos.

Con el Gran Cañón del Colorado en Arizona como objetivo inicial comenzamos a pedalear primero por carreteras con mucho más tráfico que arcén, para después seguir por caminos boscosos en los que el único tráfico era de ciervos y otros animales, entre ellos, algunos cazadores en sus vehículos ATV o todoterreno.

5 de noviembre de 2018

Estados Unidos (3): Utah la superlativa

Los últimos kilómetros de Colorado ya nos iban preparando para lo que nos esperaba en Utah. No solo el cambio de un imponente paisaje montañoso y verde al extraordinario panorama geológico de formaciones rocosas de colores - algo así como si fuera el pleistoceno en technicolor-, sino también el calor, el desierto y, con ello, la escasez de agua en una zona deshabitada. Pero fuera por miopía, exceso de confianza o simple pendejada, no supimos leer correctamente los signos y al poco de  cruzar la frontera estatal nos quedamos peligrosamente cortos de agua.

28 de octubre de 2018

Estados Unidos (2): por Wyoming y Colorado siguiendo montañas y ríos

Ya solo el nombre del estado, Wyoming, resulta evocador, lleno de fotogramas de aventuras entre indios (arapahoes, crows, lakotas y soshones son las tribus de la zona) y vaqueros, como si John Wayne o el indio Winnetou de Karl May estuvieran a punto de asomar en la siguiente curva. Uno se sorprende cuando lee que el sur de Wyoming perteneció al imperio español (aunque imagino que unos territorios tan lejanos y salvajes no estarían muy presentes en las decisiones cotidianas del rey de turno) y después fue parte de México. Con unas fronteras dibujadas con escuadra y cartabón, Wyoming es, como Montana, otro estado muy poco poblado, siendo el décimo en extensión (250.000 km2, la mitad que España) y el que menos población tiene (no llega a 600.000 habitantes). No resulta por tanto extraño que, siguiendo nuestro camino hacia el sur, los siguientes días pedaleáramos por las veredas de la gran divisoria, unas veces por bosques y montañas, otras veces por valles y desiertos, pero casi siempre solos. Con tiempo cambiante, en pleno agosto nos cayó una tormenta que nos dejó temblando y una mañana amanecimos llenos de escarcha. En agosto.

24 de octubre de 2018

Estados Unidos (1): entrando por Montana

Dejamos Canadá -con ganas de volver- y entramos a EEUU por el estado de Montana. Como durante nuestros recientes viajes habíamos visitado países pertenecientes al "eje del mal" como Irán, Libia, Sudán, etc., EEUU nos exigía un visado. El proceso incluía una entrevista en una embajada americana, entrevista que mantuvimos en Kuala Lumpur. El visado concedido es para diez años, pero la duración de estancia concreta depende del de inmigración cada vez que uno cruza la frontera. Al final, como era de esperar ante gente seria y responsable como nosotros, no hubo problemas y nos concedieron un visado para seis meses, suficiente para el recorrido que teníamos en mente.

23 de septiembre de 2018

Canadá: de paraísos urbanos y naturales... y de osos

Corría el año 1791 cuando el oficial de marina y explorador gaditano José María Narváez, en uno de sus múltiples viajes por la zona, avistó lo que posteriormente se llamaría Vancouver, siendo así el primer europeo en hacerlo. Nosotros llegamos un poco más tarde que él y en avión, aunque para entonces ya llevábamos cuatro años y más de 58.000km de pedaleo en nuestras piernas, amén de tropocientas horas metidos en un avión de Air China (de esos construidos con la estatura china en mente), cambio de fecha incluido sobre algún punto del círculo polar ártico. Cuando sea mayor 😉 viajaré en business.

En Vancouver nos esperaban Mark y Mary, nuestros estupendos anfitriones de Warmshowers, que nos iban a alojar a papo de rey en un bastante céntrico apartamento situado en una antigua iglesia reconvertida.

También nos esperaba la televisión: un periodista amigo de Mark, nuestro anfitrión, al escucharle decir que iba a alojar a dos perfectos desconocidos a través de esta plataforma de apoyo entre los ciclistas del mundo, decidió que era una historia suficientemente interesante como para aparecer en los canales locales de medio Canadá. Nos empezaron a filmar y a hacer preguntas antes siquiera de llegar a casa tras unas treinta horas de viaje desde la lejana Melbourne vía Beijing. Dudo que dijéramos nada coherente ante los ojos de literalmemte miles de canadienses mientras desayunaban cereales al día siguiente.

8 de septiembre de 2018

Australia (3): vuelta a la civilización

El Mawson trail es otra preciosidad de camino que recorre el sureño estado de Victoria. Transcurre por una zona inicialmente minera y posteriormente agrícola, entre montañas y valles, con angostas gargantas cuajadas de árboles goma. Árboles que se llaman así no sé muy bien por qué, porque no es que sean elásticos, más bien al contrario: sus enormes ramas se parten sin avisar, así que no es recomendable acampar bajo ellos. Lo malo es que los de turismo no le enseñan a uno una foto del árbol goma y hasta que te enteras de cuál es, no te atreves a acampar bajo ningún árbol desconocido. En mi caso, prácticamente todos.

Algunas de las minas de la zona se llevaron la riqueza casi sin avisar. El pueblo de Leighton Creek fue desplazado de su emplazamiento original para explotar una enorme mina de carbón que, mira tú por donde, estaba justo debajo. Mala suerte. O buena, según se mire, pues les hicieron un pueblo nuevo con unas infraestructuras que ya las quisieran pueblos de más entidad. Pero un buen día se terminó el carbón -o ya no lo quisieron más, no lo sé-, y casi todos los currelas se largaron por donde habían venido, dejando atrás un pueblo fantasma, con esas estupendas infraestructuras vacías. Afortunadamente para nosotros el supermercado había decidido permanecer en el pueblo y, necesitados como estábamos tras las penurias del Oodnadatta trail, pudimos comprar comida. Pero el invierno en el sur de Australia no es baladí y, tras una primera noche a cero grados en la tienda de campaña -y nada menos que sesenta noches seguidas acampando- decidimos que la segunda nos la íbamos a pasar en un hotel con una cama y buena calefacción. Somos débiles, ya lo sé.

2 de septiembre de 2018

Australia (2): de dioses molestos, canguros atropellados y horizontes lejanos

Alice Springs, en el centro de Australia, es una suerte de capital oficiosa del Outback. La ciudad era en un inicio una estación de telégrafo, una de los doce repetidores que había entre Adelaida en la costa sur y Darwin en la norte. En ellos el personal se pasaba todo el día tecleando telegramas que recibía de un punto y reenviaba al siguiente: vida tediosa donde la haya. El caso es que Alice era la mujer del director de telégrafos de Adelaida, la oficina se llamó Alice Springs y la ciudad, en principio llamada Stuart, acabó tomando el nombre de una mujer que seguramente nunca estuvo en ella.

La ciudad ofrece un respiro al sufrido cicloviajero tras cientos de kilómetros de árido desierto, pertrechada como está de servicios varios, tiendas, hoteles y restaurantes. No es que hiciéramos mucho uso de hoteles (acampamos en el camping más cutre de la ciudad) o restaurantes (una única cena en un restaurante; siempre llegamos a estos lugares con mono de ensaladas y para eso nada mejor que ir al súper), pero sí de servicios y supermercados.

10 de julio de 2018

Australia (1): pedaleando por el Outback

Tras pasar los estrictos controles australianos de limpieza de bicis y enseres sin problemas -no fuera ser que introdujéramos una plaga en el país, que para eso ya están los propios australianos, sean conejos, escarabajos o cactus-, nos dedicamos un buen rato a montar las bicis en el aeropuerto de Darwin. Fuera, a pesar de ser ya noche cerrada, seguía haciendo un calor tropical. Lógico, pues Darwin no deja de estar bien anclado en el trópico, de hecho más cerca de Indonesia que de Canberra. Pero ¿para eso venimos a la civilizada Australia? ¿No debería gozar el país entero del aire acondicionado? En la calle de nuestro céntrico y no especialmente barato hotel, un buen grupo de aborígenes borrachos gritaba, mendigaba, rompía botellas, se peleaba (con golpes de borrachos, esto es, sin acertarle al contrario). No era una noche especial, una de fiesta tras el cobro del salario o ayuda estatal. Según nos dijeron, todas las noches son iguales. También durante el día uno se topa en esta zona del país con aborígenes borrachos, a medio camino entre la agresiva bronca y el feliz canturreo, hasta las cachas de alcohol o drogas. Tal vez no sea políticamente correcto mencionarlo, desde luego hubiera preferido comenzar con otro asunto, pero es lo que nos encontramos nada más llegar... y, con el follón que estaban montando, como para no verlo. Más adelante, más al sur veríamos más aborígenes y su condición y la complejidad del problema que los asedia será un asunto recurrente en la conversación con cualquier persona con un mínimo de sensibilidad.

7 de mayo de 2018

Del oeste de Este del Oeste al oeste de Este del Este, pasando por el este de Este del Oeste, pero sin llegar al este de Este del Este: pedaleando por Timor

No, no me ha dado una insolación. Tampoco, me temo, soy muy original. Creo que no hay viajero que haya pasado por estas tierras que no se haya visto tentado a jugar con los significados para hacer un chistecillo similar. Me explico: Timor significa este u oriente. La isla de Timor está dividida por un lado por Timor Occidental (Este del Oeste), colonizada por Holanda hasta finales de 1949 y ahora perteneciente a Indonesia, y por otro lado por el independiente Timor Leste u Oriental (Este del Este), en manos portuguesas hasta 28/11/1975. Y como empezamos a pedalear por Kupang, que está al oeste de Este del Oeste... Me lo permitís, ¿no?

Hace una eternidad - nada menos que en enero de 2015- que cruzamos el Bósforo en Estambul para adentrarnos en Asia. Tres años y pico, 25 países asiáticos (y sus gentes) tan dispares como Mongolia, Japón, Kyrguistan o Nepal, más de 40.000 km pedaleados por este enorme continente y muchas, muchas subidas y bajadas por los Himalayas, los Pamires o tantas otras montañas. Timor va a ser por ende la isla de las despedidas: nos despedimos de Indonesia, de los países musulmanes (¡adiós, muecín!), de Asia, de Oriente, de no hablar el idioma local y, por lo menos durante una temporada, nos despedimos también de ser potentados financieros, para volver a ser pobretones en países caros como Australia, Canadá y Estados Unidos.

18 de abril de 2018

Por la isla de Flores, en Indonesia

Sobre la isla de Flores la madre de todas las guías, la famosa Lonely Planet, dice más o menos lo siguiente: "Algunos superhombres ciclistas con piernas de acero consiguen cruzar la isla, tomando autobuses para subir las peores colinas y después bajarlas pedaleando, pero la topografía de la isla excluye a cualquiera que no sea un fuera de serie del Tour de France."

Ante esta atemorizante perspectiva dudamos sobre nuestra capacidad para cruzar la isla en bici. ¿Tour de France, nosotros? ¿Superhombres, piernas de acero? Anda ya... Si somos del montón, como mucho. Con lo que habíamos sufrido en las imposibles cuestas de Sulawesi, ¿Flores iba a ser peor?

Flores resultó durilla, pero para nada imposible. Y, desde luego, nada de autobuses para subir las peores cuestas. Nuestras dudas fueron una muestra más de nuestra inveterada humildad (ejem), de nuestra extraordinaria condición física (ejem, ejem)... o de que el que escribió la guía no era precisamente un atleta, salvo de la exageración (lo más probable).

8 de abril de 2018

Sulawesi (2): entre pacíficas medusas y búfalos agresivos

De Gorontalo tomamos un barco nocturno a las islas Togean, nuevamente la típica imagen paradisíaca de isla tropical, con unas tierras cuajadas de cocoteros y verde frondosidad y unas aguas cristalinas llenas de vida, especialmente de coral y, por ende, un magnífico buceo. Uno puede estar horas en los impresionantes atolones y en las barreras de coral de la zona, un espectáculo de formas y colores digno de los mejores documentales de Cousteau.

Lo más alucinante por novedoso y diferente resultó ser el lago de las medusas, de los que parece ser que solo hay tres en el mundo: dos en Indonesia y un tercero en Palau, una isla en mitad del Pacífico. Se trata de lagunas en las que las medusas, tras no sé si miles de años como dicen algunos pero sí muchos sin depredadores, han perdido su veneno o toxicidad. Uno se mete en el agua y se sumerge en un fluido sicodélico, lisérgico, rodeado de miles de medusas que flotan por todas partes y lenta pero irremisiblemente chocan contra tu cuerpo. En un primer momento intentas evitarlas, pero después te dejas querer. Por algún motivo la experiencia resulta absorbente, onírica, como de cuadro de Dalí, acabas teniendo la misma actividad cerebral que las medusas y podrías perpetuarte en esas aguas como otra más.

1 de abril de 2018

De "Hello misterrrs", pendientes imposibles, comidas incendiarias, calores y lluvias tropicales: el espectacular norte de Sulawesi

Fuera por timidez, por desconocimiento, o por no enterarse de nuestra pregunta, el de la agencia nos aseguró repetidas veces que no había camarotes en el ferry a Sulawesi (nombre autóctono que me gusta más que el españolizado Célebes) y, a pesar de lo que decía el billete, tampoco teníamos tumbonas asignadas. "No seats assigned, it's free!", nos dijo alegremente alguien de la tripulación a nuestra llegada al barco. Recorriendo posteriormente el ferry vimos cantidad de algo que se parecía bastante a camarotes, pero pensamos que ya era tarde. Digo pensamos porque de hecho los camarotes se alquilan una vez en el barco y no antes, algo que no se nos ocurrió en el momento. El caso es que estábamos en cuarta clase.

11 de febrero de 2018

De montañas, ríos, junglas e islas: en Sabah, Malasia

Ni valses vieneses ni saltos de esquí en Garmisch Partenkirchen. Nosotros estrenamos el año 2018 pedaleando primero desde la capital bruneana, Bandar Seri Begawan, hasta el puerto, y después en un bote rápido hasta la isla malasia de Labuan. Esta isla es una zona libre de impuestos en la que comprar alcohol, tabaco, chocolates y perfumes, a la par que un lugar de juergas y excesos alcohólicos de los shariacogotados habitantes de Brunéi. Tras una noche de descanso, en la que no hubo ni alcohol, ni tabaco, ni chocolate, pero sí el embriagador perfume de nuestras muy usadas y sudadas vestimentas, otro ferry nos transportó hasta la costa de la provincia de Sabah, también en Malasia. Desde ahí unos días de sufrido pedaleo bajo el abochornante calor y la copiosa lluvia habituales en el trópico nos acercaron a la capital provincial, la costera Kota Kinabalu. Cariñosa y popularmente llamada KK, los típicos carteles, camisetas y recuerdos de "I love KK" son, para los hispanohablantes, una oda a la escatología.

10 de enero de 2018

¡Brunéi ejpañol!

Eso, como Gibraltar. Al fin y al cabo, la capital de Brunéi, a la sazón Kota Batu, perteneció al valiente y aguerrido imperio español durante 72 triunfales días. Que estuviera en sus manos poco más de dos meses ocurridos allá por 1578 es irrelevante, y que los heroicos conquistadores se tuvieran que largar -no sin incendiar previamente la infiel mezquita capitalina- por una potente diarrea no resta valor a la gloriosa gesta, llena de raza y bravura, que debe permanecer alta en los anales (!) de la historia. La religión, cómo no, estuvo detrás de esta "Guerra de Castilla", los españoles interesados en extender el cristianismo y evitar la propagación del islam, que el sultán de turno, Saiful Rijal, ya se estaba encargando diabólicamente de extenderlo en Filipinas.

La religión sigue estando muy presente por estas tierras. Entramos al sultanato de Brunéi un viernes, día de rezo. Desde que en 2013 Su Majestad el Sultán Haji Hassanal Bolkiah Mu’izzaddin Waddaulah Ibni Al-Marhum Sultan Haji Omar ‘Ali Saifuddien Sa’adul Khairi Waddien, Sultan y Yang Di-Pertuan de Brunéi Darussalam (si no os importa que rompa el protocolo, lo llamaré simplemente Sultán a partir de ahora) anunciara la imposición de la ley sharia para los musulmanes (dos tercios de la población), las reglas de convivencia se han islamizado. Así el rezo del viernes (como también lo es el ayuno durante el Ramadán) es obligatorio y las empresas que no estén cerradas los viernes deben hacerlo las horas necesarias para que sus trabajadores puedan acudir a él.

7 de enero de 2018

En Sarawak, nuestra primera parada en Borneo

Kuching es la capital de la provincia malasia de Sarawak y nuestra puerta de entrada a la isla de Borneo. Nuestro plan en esta isla que trae a la imaginación piratas ojoparcheados, exóticas aventuras y exploradores intrépidos, es pedalear por su costa norte, primero por la provincia malasia de Sarawak, cruzar al Sultanato de Brunéi y después a Sabah nuevamente en Malasia, antes de pasar a Indonesia por Kalimantan, desde donde embarcaremos en un ferry hasta Sulawesi, también llamada Celebes. Clarísimo, ¿no?

Uno de los efectos secundarios o colaterales de viajar es que recuerdas (o aprendes) geografía, especialmente confusa en estos prolijos archipiélagos de allende los mares. Puede ser el momento de repasar ese libro de geografía asiática de EGB o alguna novela de piratas de Emilio Salgari (¿¿EGB, Salgari?? sí, anciano que es uno). O Google Maps, por supuesto, pero la consulta, aunque más fácil, no tendrá el mismo sabor. Ah, y aprovechando el repaso geográfico, os recuerdo que Borneo es, con 750.000km2, la tercera isla más extensa del mundo, tras Groenlandia y Nueva Guinea. Australia, para los incrédulos que osáis dudar de mi palabra (y la de la Wikipedia), se considera un continente.

22 de diciembre de 2017

Singapur, the fine city

¿Woodlands? ¿Por qué Woodlands? ¡Si nosotros queremos ir a Singapur! Hasta lo que nosotros sabemos, ninguna señal de carretera en Malasia indica el camino a Singapur bajo este nombre. Por algún motivo que se me escapa, la dirección de los indicadores de carretera es Woodlands, una zona en el norte de Singapur, junto a la frontera. Misterio.

A pesar de estos intentos del innombrable por confundirnos, llegamos sanos y salvos, aunque un tanto acalorados, a nuestro cuadragésimo país de este viaje. El cruce de fronteras fue bastante peñazo por el lado singapurense, en donde un solo agente tenía que atender a un montón de moteros y unos pocos ciclistas. En algún sitio he leído que cada día cruzan a Singapur nada menos que entre 70.000 y 100.000 motos. Supongo que el menor coste de vida de la fronteriza Johor Bahru merece las esperas en inmigración y aduanas a los sufridos currelas. A nosotros nos tuvieron dos horas bajo un implacable sol que nos dejó la sesera a punto de ebullición, plop, plop, plop. Aunque todavía en el hemisferio norte, Singapur está a solo 137km del ecuador y el calor aprieta que da gusto.

17 de diciembre de 2017

Meditabundos por Malasia

Start again! Start again! Start with a calm and quiet mind, with a balanced and equanimous mind,... De esta guisa, con la tonante y peculiar voz grabada del maestro Goenka, comenzaban diariamente las maratonianas sesiones de meditación del curso de Vipassana que hicimos cerca de Kuantan, en la coste este de la península malasia. Curso en el que, sin saber muy bien qué esperar pero interesados en una técnica que gente cuyo criterio respetamos recomienda encarecidamente, nos metimos de cabeza sin demasiada información. Incautos.

Una vez instalados en el Centro, a meditar a tope. From zero to hero, que dicen los anglosajones. Habiendo meditado en toda mi vida la friolera de cinco minutos (Bego algo más y, bueno, las horas sobre la bici tal vez cuenten), en diez días nos calzamos más de 100 horas de (intento de) meditación, que se dice pronto: desde las cuatro de la mañana que nos levantaba un sonoro y repetitivo gong, hasta las 9:30 de la noche, con algún descanso entre medias. En mi caso, sentado en posición de "lata" (imposible la posición de loto que Bego con tanta elegancia y habilidad ejecuta), partiéndome la espalda y las articulaciones, dejando mis reales posaderas planas como un papel. Con el paso de los días la construcción de una estructura de soporte a mi alrededor a base de cojines en lugares estratégicos y de un bendito respaldo salvador mitigó razonablemente los dolores.

3 de diciembre de 2017

Malasia no, "Buenasia"

Si a pesar de la ocurrencia del título seguís leyendo, no sé si merecéis un monumento o, seguramente, un castigo. Valga el tostón que viene a continuación como castigo.

Lo que más nos ha llamado la atención de Malasia es su enraizada, omnipresente, babilónica diversidad. Malayos (esto es, los malasios de etnia malaya), protomalayos (o indígenas o aborígenes, de los que no soy consciente haber visto ninguno, aunque haberlos, parece que haylos, sobre todo en Borneo), chinos, indios y algún vestigio europeo (británico, portugués y holandés), amén de otras presencias menos relevantes, comparten terreno en Malasia y dejan su rastro por todos los rincones y aspectos de la vida. Sin todo este lío de etnias, lenguas e historias entrecruzadas, Malasia no sería lo que es, un país estupendo sobre el que teníamos pocas expectativas por nuestras anteriores visitas y que, sin embargo, nos está encantando.

24 de octubre de 2017

Solo por el soleado, simpático y sabroso sur de Siam

Bego se metió en el taxi camino del aeropuerto, al avión que la llevaría a Donosti durante algo más de tres semanas, y me quedé solo, una extraña sensación tras la convivencia 24/7 de los últimos tiempos. Bueno, habrá que pedalear, me dije.

Para salir de Bangkok todo el tráfico del mundo mundial parecía encontrarse en mi calle. Con ruido, el viento en contra y mucho, muchísimo calor, por lo menos la carretera era buena y llana. Concentrarse y no sentir, que diría Mafalda ante un plato de sopa.

En cuanto pude, abandoné la carretera principal y todo cambió inmediatamente, a los pocos metros: tráfico escaso, relativo silencio, paisaje rural, más contacto con la gente, gente más relajada y sonriente. Llama la atención ver tan cerca de una megaurbe como Bangkok un paisaje tan bucólico con, además de los sospechosos habituales (bananos, cocoteros, mangos, papayas, etc.), un buen número de salinas, bandadas de aves parecidas a cigüeñas y, como en Vietnam, una mezcla de criaderos de marisco y edificios para la recolecta de nidos de pájaro con los altavoces a todo trapo con el priii, piu, piu, priiii de las aves.