19 de febrero de 2017

...y sin pedalear en Hong Kong

Aterrizamos en el que para mí es todavía el aeropuerto "nuevo" de Hong Kong, aunque fuera inaugurado en 1998, provenientes de Manila. Nuestras bicis emergieron junto al carrusel en aparente perfecto estado a pesar del (o tal vez gracias al) ligero empaquetado: un par de cartones cubriendo las partes más delicadas, un poco de cuerda sujetándolos entre sí y una bolsa protectora de un "todo a cien" japonés que deja las ruedas a la vista. Parece que así los que gestionan el equipaje saben que son bicis y las tratan con más cariño que si van camufladas en cajas.

Un magnífico, excelente, maravilloso tren construido por CAF, nos llevó a nosotros y a nuestras bicis al barrio de Central, donde nos esperaba Alejo, amigo y exjefe de los tiempos de Lladró, que vive en Hong Kong casi desde antes de que llegaran los ingleses en 1841. Nos alojamos en un apartamento perteneciente a su cuñada, sin mueble alguno pero bastante céntrico y con lo necesario para estar estupendamente unos días... ahorrandonos el hotel, que no es moco de pavo en una ciudad tan cara como Hong Kong. Mgoe sae!

5 de febrero de 2017

Filipinas: pedaleando de isla en isla

En Cebú, la segunda ciudad de Filipinas y nuestra entrada en el país, coincidimos nuevamente con Rubén y Merce, ellos ya de grand finale de su largo viaje ciclista por Eurasia, a punto de volverse a España vía Hong Kong. Seguro que nos volveremos a ver pedaleando por algún lugar del mundo.

En esta poblada y caótica ciudad turisteamos un poco, mandamos a arreglar la cámara de fotos rota ya hace unas cuantas semanas y visité al dentista para rehacer una muela rota. (Una cuña publicitaria de interés para nuestros estimados lectores: ese dentista te puede hacer una corona enteramente de porcelana con tecnología cad/cam alemana bastante impresionante en solo 10 minutos por 600€. A nada que tengas varias que ponerte, con lo que te ahorras te puedes pagar las vacaciones en Filipinas. Si alguien quiere sus datos...).

La salida de la ciudad de Cebú fue el típico horror de urbe tercermundista: mogollón de tráfico (aunque, siendo justos, razonablemente respetuoso con nosotros), humo, polvo, calor abochornante. Se me olvidaba comentar que nada menos que 16,5 Kg de material de acampada y ropa de invierno que no íbamos a usar durante los próximos meses en el Sudeste asiático fueron enviados por correo desde Tokio a un amigo a Bangkok. Amigo que espero que lo siga siendo cuando lo reciba. Así que ahora pedaleamos Bego con dos alforjas y yo con tres. Un gusto.