4 de abril de 2015

"El pedalear, el viajar y el mudar de lugar recrean el ánimo". De Mesopotamia a Irán

Con la pequeña licencia de sustituir "cabalgar" por "pedalear", así hablaba Séneca hace dos mil años. Este filósofo sí que sabía.

En nuestra última entrada nos despedimos de vosotros a los pies de Mardin, al este de Turquía. Seguramente por la larga y empinada cuesta que teníamos que subir preferimos dejarlo para esta vez. Pero las cuestas sirven para algo: la parte vieja de esta ciudad se erige imponente a unos 1.100m de altura sobre la interminable meseta mesopotámica. La ciudad cuenta con un castillo, mezquitas, madrasas, iglesias, monasterios, museos, edificios históricos, bazares, "butik hotels" y, en fin, todo lo que se le presupone a una población milenaria (6.000 o 7.000 años, ahí es ná) como Mardin.

De Mardin pedaleamos en uno de esos días lluviosos y fríos (a 1.000m de altura) hasta Midyat. Aquí dejamos las bicis aparcadas y fuimos en furgoneta a Hasankeyf. Este bonito pueblo a la vera del Tigris está lleno de cuevas, habitadas hasta hace poco, y está a punto de desaparecer bajo las aguas de un embalse, como el pueblo de los mosaicos mencionado en la entrada anterior.