2 de mayo de 2016

La sonrisa birmana

"¡Ozú Myarma!" Eso es, como si fuéramos un par de andaluces al entrar en Birmania, lo que nos dijimos al final del primer día en este estupendo país.

Entramos en nuestro país 28 sin problemas. En el primer pueblo, vamos al primer cajero y éste nos da dinero a la primera: 300.000 kyat, algo más de 215€ y más que cualquier cajero de la India que, diga lo que diga y prometa lo que prometa, solo te va a dar 10.000 rupias o 140€. Las rupias indias que nos habían sobrado las cambiamos en ese mismo pueblo al precio correcto sin necesidad de regatear. A partir de ese pueblo, en el que nos tomamos un café con leche sentados en una terraza de lujo que ni en la madrileña Plaza Mayor de la exalcaldesa Ana Botella, disfrutamos de buena carretera, prácticamente vacía, casi plana, silenciosa (el contraste con India es, cómo decirlo, un clamor), con bonitas plantaciones, bosques y arbustos a los lados. Cruzamos pequeños pueblos, todo pichichi saluda, sonriente, todo el mundo está relajado. Mucha gente va vestida con ropa tradicional: curiosamente más ellos, con sus faldas longyi -una especie de sarong- y camisa; ellas visten más variadas, con vestidos ajustados, con pantalones de "pijama" al estilo chino, con sarong y blusa,.... Las mujeres, más que los hombres, se "maquillan" con una crema blanca hecha con la madera de un determinado árbol, crema que cubre sus mejillas y a veces la frente y la nariz con formas geométricas. Todos, sin excepción, sonríen al vernos, y la mayoría saluda.

En alguno de esos pueblos se celebra una fiesta (shinbyu, que celebra que los novicios entran en el monasterio budista)
Novicios antes de entrar al monasterio
y, a pesar de los desafinados gritos que pega la del karaoke siguiendo una música distorsionada por el volumen al que suenan los altavoces, la gente sigue sonriendo, feliz (eso me hace pensar: tal vez la sonrisa es un rictus? Da igual, me digo, una sonrisa es una sonrisa). Hace calor, pero el cielo está algo cubierto y no resulta abrasador. En un chiringuito comemos unos fideos bastante decentes, con sopa, por 0,36€. En ese chiringuito, como en casi todas partes, venden cerveza. Cerveza fría, generalmente servida en vasos fríos. Que en esta ocasión no catamos, pero que ahí está para el día que nos desmelenemos y tiremos la casa por la ventana. Al final del día, llegamos a una población, pedimos permiso para dormir en un colegio/monasterio/lamasería y, nuevamente, todo son sonrisas, no hay problemas, claro que podemos dormir. Cuasi-parafraseando a Cervantes: "nunca fueron viajeros de lamas tan bien servidos como lo fueron Hugo y Bego cuando de su aldea vinieron".

Desgraciadamente los siguientes días, aunque la gente seguía sonriente y feliz, todo era igual de bello, estupendo, armonioso, etc., etc., el calor se adueñó del país, un calor tremendo, insoportable, un calor al estilo Macondo, día y noche. Empezamos a levantarnos a las 5 o 5:30 para poder avanzar unos kilómetros antes de que el sol abrasara..., aunque el calor, que es muy listo, se levantaba con nosotros y nos atizaba sin piedad. A eso de las 12 hacíamos parada y fonda, relax hasta las 3 o 3:30, para pedalear hasta algo antes de la puesta de sol, que es a las 6:30.

Noroeste de Myanmar plagadito de iglesias
Desde la frontera de Tamu nos dirigimos primero al sudeste, cruzando pueblos que seguramente tienen una mayor concentración de iglesias por habitante que el Vaticano. Además era domingo y estaban todos muy activos y musicales.

En los siguientes días las iglesias fueron desapareciendo y fueron sustituidas por templos y pagodas. Miles de ellas, por todas partes. Myanmar rezuma budismo por los cuatro costados. Bueno, tal vez no por los cuatro, pues también están la ya mencionada zona cristiana y la aparentemente muy oprimida zona musulmana. Pero en las zonas budistas hay una profusión de templos y pagodas impresionante, y la cantidad de monjes es abrumadora. La típica imagen matutina -a eso de las seis o siete de la mañana- es la de grupos de monjes de todas las edades con sus túnicas (o como se llamen) color burdeos, cabezas rapadas, descalzos, caminando en fila india y portando una vasija en las que las buenas gentes dejarán comida, entiendo que a cambio de unos rezos por sus almas. Hay unos 500.000 monjes en Myanmar -yo creo que esta cifra se queda corta- en una población total de unos 51 millones de habitantes. Todos los hombres pasan por dos temporadas de internado en un monasterio, como novicio antes de los 20 y como monje después de los 20 años. Aunque en menor medida también se ven monjas, especialmente en Mandalay, vestidas de rosa y con parasoles, sombreros o fulares doblados para cubrir su cabeza rapada. Hay pocas imágenes más estéticas y exóticas que ese grupo de sonrientes monjas en fila india.

Por increíble que parezca, ahí conseguimos entrar y pasar 13 horitas
Volvamos al recorrido. En dirección sur y para evitar lo que otros cicloviajeros han definido como carreteras a evitar a toda costa (por ser arenosas o estar demasiado transitadas), decidimos tomar un barco fluvial desde Kalewa hasta Monywa,  bonita experiencia por los paisajes que se ven desde el río y por los divertidos "abordajes" de las vendedoras de comida en cada una de las paradas, si bien un tanto incómoda y lenta, pues tarda 13 horas para hacer 200km.

Llegamos a Monywa a eso de las cuatro de la mañana. Tras los preceptivos dos o tres desayunos y visitas a templos en esta tranquila y atractiva ciudad, nos metimos por carreteras secundarias para conocer la kipliniana Myint y sus 336 estupas junto al río. Estuvimos a punto de derretirnos por el calor, pero lo conseguimos.

Más al sur, en el impresionante y, a pesar de la cantidad de turistas, todavía mágico Bagan, nos pegamos cuatro días de sobredosis de templos y estupas, aunque, con unos 4.000 edificios religiosos desperdigados por ahí, solo pudimos ver una pequeña parte. Que fue suficiente, pues llega un momento en el que la neurona ya no te da para apreciar tanto templo. Como casi todo, están especialmente bonitos al amanecer y al atardecer, que es cuando subes a la punta de alguno de esos templos y alucinas con las vistas.

Amanecer tras el monte Popa, y el picacho que le ha robado el nombre
De camino al monasterio del Monte Popa -un monasterio sobre un picacho en mitad de la meseta al estilo Meteora, en donde se veneran los Nats o espíritus, reminiscencias prebudistas muy arraigadas entre los birmanos- los lugareños se apostan junto a la carretera y los viajeros de coches y buses les lanzan dinero. Suponemos que será solamente por la proximidad del Año Nuevo budista.

De hecho, dinero no es lo único que se lanzan los birmanos estos días. En nuestro periplo por los festivales de esta parte del mundo pasamos de Holi, el festival de los colores de India, a Thingyan, el festival del agua, en Myanmar, que, como digo celebra el Año Nuevo budista. La gente, sobre todo niños y jóvenes, pertrechada de cubos, mangueras, pistolas de agua y cualquier contenedor, se apostan en calles y carreteras y se lanza agua a diestro y siniestro, con gran dedicación, intensidad y, a fe mía, tino, especialmente cuando el objetivo es un/a guiri en bici. A decir verdad en esto los birmanos son muy democráticos y el agua llega para todos casi sin excepción (ancianos y bebés están exentos). Es muy divertido y, con el calorazo que hace, pedalear empapado resulta hasta agradable. Dura cinco días, días en los que uno no puede asomar la uña del dedo gordo del pie a la calle sin que un cubo de agua lo anegue irremisiblemente, así que para el quinto día uno duda entre emular el buen hacer de Herodes para con los pequeños infantes... o unirse al enemigo, que es, obviamente, lo que acabamos haciendo. Un gustazo tirar agua a todo hijo de vecino al grito de ¡venganza! y que, además, te sonrían. Estos birmanos son geniales.

Nats. A nosotros nos recordaban a los indios de las pelis de vaqueros... :|
A nivel espiritual, durante estos días de Año Nuevo los birmanos creen que los visita el rey de los Nat, Thagyamin, para hacer balance de las acciones de los humanos. En los pueblos la gente deja flores frente a su casa para recibirlo y, cuando al tercer día se va y empieza el año nuevo, se limpian bien las imágenes de Buda y los monjes reciben mejor limosna/comida que lo habitual.

Saludados los Nats en el Monte Popa, seguimos en dirección este y tras paradas en Mektila, Yin Mar Bin y Kalaw llegamos a Nyaungshwe, base para visitar el fotogénico lago Inle. Nos pilló en la apoteosis festiva de los lanzadores de agua y ahí estábamos los dos metiéndonos cobardemente entre callejas y dando rodeos para evitar el duchazo. Pero a veces no tenías escapatoria, como cuando te pillaban en una barca en la visita al lago...

Este lago Inle es una turistada, pero una turistada atractiva, con pescadores que reman con un pie (que les permite tener las manos libres para pescar), templos con budas con tantas capas de oro que parecen de todo menos budas, templos con gatos saltarines (en huelga), pueblos enteros de palafitos, interesantes talleres de puros y de confección con hilo de bambú, plantaciones tomateras sobre el agua y, en fin, el lago en sí mismo.

Monjes y monjas rezando ante un templo del monte Popa
Se me olvidaba. Además del calor y los cubos de agua, otra cosa que nos trajo la celebración del nuevo año y que sufrimos especialmente durante los días junto al lago, fueron unos cánticos repetitivos, una letanía con sonsonete de oración que procede de los templos budistas y que, ininterrumpídamente desde aproximadamente las cuatro de la mañana hasta eso de las 10 de la noche y con potente megafonía, te taladran el cerebelo sin piedad en pueblos y ciudades. Lo cual me decepcionó un poco, pues tenía a los budistas como a los menos proselitistas e invasivos de entre las grandes religiones (si es que podemos llamar religión al budismo) y, sin embargo, ahí estaban, dando la txapa...

En nuestra particular "ruta a Mandalay" (libro cuyo autor nunca estuvo en Mandalay) paramos en Pindaya. Unas cuevas en la montaña contienen literalmente miles de budas, de todas formas y tamaños, donados por gentes de todo el mundo. Curioso y un poco mareante. Además, ¿por qué insiste la gente en gastar dinero en estas cosas cuando lo podría invertir en algo más productivo (en mí, por ejemplo)? En cualquier caso, más nos impresionaron los inmensos árboles de la zona...

Carreteras secundarias recién asfaltadas y sin tráfico. De lujo.
Por tranquilas carreteras secundarias llegamos a Ywangan y Kyaukse, lugar en el que se veneran a los elefantes y hasta tienen una competición de hombres disfrazados de estos paquidermos. Desgraciadamente, los elefantes de Myanmar tienen un futuro tan gris como su piel. La reducción de los bosques y una nueva ley que impide exportar madera sin elaborar ha dejado a unos 2.500 elefantes birmanos -de un total de 5.500, la mayor concentración de elefantes en cautividad del mundo- sin trabajo. Zampando unos 160kg de comida diarios, no es un animal barato de mantener y, para colmo, cuando está ocioso solo piensa en sexo (comida y sexo; ¿a alguien le sorprende?), lo cual crea algunos "problemas". Los elefantes disfrutan de un régimen laboral estrictamente marcado desde los tiempos de la colonia británica: ocho horas al día cinco días a la semana, jubilación a los 55 años (bueno, la vida media de un paquidermo en Myanmar es de 42 años, mucho mejor que los 19 que viven en los zoológicos de Europa, pero no parece que pueda disfrutar de un largo retiro...), baja de maternidad, vacaciones y un buen plan de salud. Vamos, mejor que muchos birmanos. Pero con un 40% de desempleo, no pinta nada bien para los pobres bichos...

Si los elefantes lo tienen crudo, los humanos no lo tienen mucho mejor. Para el ojo del viajero, en un análisis anecdótico con nulo valor estadístico y teniendo en cuenta en qué parte del mundo estamos, la verdad es que no lo parece: no se ven ni pobres ni pobreza, los mercados están bien provistos, la gente está bien vestida y sus casas, pueblos y ciudades son dignos. Y lo mejor, la gente, creo que ya lo he dicho, sonríe y parece feliz (como economista dudo que la sonrisa sea un parámetro analizable y mensurable, pero ahí queda mi aportación para el siguiente premio Nóbel). Además, Myanmar es rico en recursos naturales, con gas, petróleo, madera, metales y piedras preciosas, tiene una masa laboral joven y barata, mucha costa, potencial agrícola y una situación privilegiada entre los tres enormes mercados de China, India y sudeste asiático.

Zonas agrícolas. Recogiendo el tomate en carros tirados por bueyes.
Sin embargo, si rascas un poco, la situación es peor de lo que parece: los birmanos son, tras los camboyanos, los más pobres de esta parte de Asia, muchos de ellos viven con menos de dos dólares al día, tres cuartas partes de los niños vive en casas sin electricidad, las infraestructuras física y financiera apenas existen, tras décadas de aislamiento y poca inversión en educación (es el único país del sudeste asiático que gasta más en defensa que en la suma de sanidad y educación) la gente no está preparada. Gracias a la penosa gestión del gobierno militar la inflación y el déficit están por las nubes.

Así que lo que se le viene encima al nuevo gobierno de Aung San Suu Kyi, que comenzó el 1 de abril, es para asustar a cualquiera. Aunque tiene mucho a favor -la confianza y el apoyo de casi toda la población y la simpatía del mundo-, la gente tal vez espere demasiado de ella y los milagros no existen. Por de pronto los militares controlan el 25% del parlamento (para poder hacer cambios en la constitución hace falta, mira por dónde, más del 75% de los votos) y cuentan con un vicepresidente y tres ministros. No hace falta decir que a los funcionarios de todos los ministerios les costará cambiar el chip...

Llegamos a Mandalay, agradable, atractiva y, con templos, mercados, palacios, lagos, puentes, etc., tanto la ciudad como los alrededores, tienen mucho que ver, aunque baste con callejear e ir a sus restaurantes para sentirse a gusto.

Escultor de budas en Mandalay trabajando en unos labios.
La comida de Myanmar, sin ser ni mucho menos mala, no nos ha enamorado como las gastronomías india, china o tailandesa que la rodean. El plato más o menos nacional es el ciertamente suculento mohinga. Lo malo es que solo se sirve para desayunar..., y son fideos en caldo de pollo o pescado. Nos gusta comer de todo, pero para desayunar preferimos las "porras" birmanas, básicamente iguales que nuestras porras, pero al imbatible precio de 100-200 kyats (¡8-16 céntimos!) la unidad. Acompañadas del rico café local (o incluso del 3 en 1: café, leche y azúcar en polvo), son geniales. No hace falta decir que hemos dado buena cuenta de ellas.

A otras horas comemos sobre todo fideos -de arroz, de trigo, planos, redondos, finos, gruesos,...- o el otro plato nacional: arroz acompañado de un curry a elegir -un poco aceitoso pero no tan picante como los de sus vecinos- y platillos variados en los que abunda, desgraciadamente, el apestoso pescado fermentado.

Dejamos la calurosa Mandalay de camino a las montañas del noreste, en dirección a China. Por cierto, desde 1970 en Myanmar se conduce por la derecha...con la mayoría de los vehículos con volante también a la derecha, probablemente importados de segunda mano de Japón o Tailandia (no creo que queden muchos de antes del 70). Ello hace que los conductores comiencen sus ya de por sí locos adelantamientos sin visibilidad alguna. Glups.

Matando las horas de calor....
Por su altura y fresco clima Pyin Oo Lwin es la versión birmana de las hill stations británicas en India. Con edificios coloniales, cuidados parques y un cierto glamour, en ella se mezclan budistas con musulmanes y algún que otro hindú. Muy simpático y colorista, excepto para dormir. A los rezos budistas que habían comenzado a eso de las tres de la mañana y habían sido proclamados a los cuatro vientos por megafonía, a las cuatro y media se unió la declaración musulmana de que Alá es grande, etc. Todos los perros de la ciudad, sin poder aguantar más y con buen criterio, se pusieron a aullar. Me faltó poco para unirme al orfeón canino.

En Kyaukme coincidimos con un grupo de canadienses construyendo una presa hidroeléctrica... y con ganas de salir se Kyaukme. Hsipaw es un tranquilo destino mochilero que ofrece pintorescos mercados llenos de etnias locales y treks por la zona. Lashio ve menos turistas pero sí occidentales en forma de trabajadores de ONG, ONU, etc. Hay unos 40.000 VIH seropositivos (mucho opio en el triángulo del, eso, del opio), hepatitis C, tuberculosis, etc. así que la gente de, por ejemplo, Médicos sin Fronteras, tiene mucho trabajo. En Kutkai nos alojamos en la correcta KK Guesthouse y en Muse... no nos atrevimos a comprar pasteles en la KK Bakery. Estos escatológicos nombres no deberían sorprendernos en un país en el que el papel higiénico está en todas las mesas de los restaurantes sustituyendo a las servilletas... y sin embargo no hay en muchos baños.

Camino de la frontera con China. Tramos no tan malos.
Nos acercamos a la frontera con China con cierto nerviosismo. Si para la región fronteriza entre Myanmar e India hacía falta un permiso (además de sendos visados) en la región fronteriza entre Myanmar y China, en teoría hace falta permiso (50$ cada) y escolta (300$). Realmente no es para la región, sino solo para cruzar la frontera en Muse. Históricamente esta ha sido una zona complicada, por un lado con contrabando de jade, maderas preciosas y heroína hacia China, y por otro con insurgencias étnicas, tanto en clave interna como con la vecina China. Hace un año el ejército birmano bombardeó y mató a civiles chinos dentro de China mientras peleaba contra rebeldes Kokang. Algunas de estas etnias, como los Kokang, son Han y hablan mandarín, o viven a ambos lados de la frontera, como los Kachin, Shan y Palaung. La birmana United Wa State Army, lucha contra el ejército birmano con apoyo chino, usa moneda china en el territorio que controla y su lengua oficial es el chino.

En fin, no parece que sea el lugar más propicio para el próximo Disneylandia.

Volviendo a lo que nos ocupa, nosotros no teníamos ni permiso ni escolta. Cuando el 8 de abril decidimos comenzar a cursar el permiso, Myanmar entró en sus fiestas de Año Nuevo y todo cerró. Cuando terminaron las fiestas, según la agencia de viajes ya no quedaba tiempo para hacerlo. Mentira, pero eso no lo sabíamos entonces. Las otras opciones tampoco eran viables por diferentes motivos (exigencia de permisos, aviones, falta de tiempo). Así que seguimos con el plan original de ir hasta la frontera y, una vez ahí, intentar convencer con nuestro ya legendario gracejo y simpatía (!) a los de inmigración que nos dejaran pasar sin permiso o tramitando el permiso en el momento.

Último puerto antes de la frontera con China.
En la carretera a Muse -por cierto, empinada, polvorienta, en obras y repleta de camiones- nadie nos controló si teníamos escolta o no. Bien. Cuando llegamos a la frontera en Muse nos dimos cuenta de que nos habíamos saltado la salida de Myanmar (los que exigen el permiso de marras) y estábamos ante la inmigración china. Sonrisa y expectación. ¿De verdad vamos a poder pasar?

Desgraciadamente, era una frontera solo para chinos y birmanos (porque el pasaporte dice otra cosa, que si no seguro que engaño al poli diciendo que soy chino) y nos enviaron a otro puesto fronterizo cercano, haciendo oídos sordos a nuestras peticiones de "si total, ya estamos aquí, déjenos pasar...". En la otra frontera nuestro antes mencionado gracejo y simpatía no ablandó el corazón de nadie y no nos dejaron pasar. Por lo menos dimos con alguien que nos podía conseguir el permiso antes de que nos caducara el visado de entrada en China. Eso implicó pasarnos unos días en Muse, ciudad no muy atractiva y un tanto caótica, como casi todas las ciudades fronterizas. Pero nos sirvió para descansar, preparar China y publicar esta maravillosa entrada en el blog, que tannnnnto habéis disfrutado.

En resumen, sobresaliente para Myanmar. Ya lo dijo Rudyard Kipling: "This is Burma. It is quite unlike any place you know about."

Un abrazo

PD: lo del ¡Ozú Myarma! del principio no es mío, declino toda responsabilidad...
Puente de separación entre India y Myanmar, en la única frontera por la que se permite cruzar a los extranjeros con permiso previo gestionado por el Ministerio de Hoteles y Turismo, un poco lío saber en qué momento había que dejar de conducir por la izquierda y pasar a conducir por la derecha! Afortunados nosotros los ciclistas que podíamos cruzar y movernos solos por el país. La víspera conocimos a una pareja de irlandeses en dos motos, a quienes estaban esperando en la frontera para acompañarles por todo el país, única manera en la que se permite circular a extranjeros en motos o coches.
Encantados con las terrazas y más terrazas birmanas. En la foto no se aprecia muy bien, pero solo las sillas lo decían todo. Reclinadas!
Paisajes de la carretera
Cruzamos una de esas líneas imaginarias, en este caso el Trópico de Cáncer, que en breve volveremos a cruzar, esta vez hacia el norte, buscando pasar el verano lo más arriba que lleguemos antes de empezar a bajar hacia el sur para pasar el próximo invierno....
No tuvimos problemas para dormir en los monasterios, aunque en este en un principio no aceptaban que yo -mujer-, me quedara. Al final les convencimos, enseñándoles una foto de la tienda de campaña, indicándoles que pasaría la noche ahí y que a primera hora nos iríamos.
Anocheciendo entre templos de Bagan
Al amanecer en uno de los templos de Bagan. La manera de descubrirlos sin multitudes y sin derretirnos.
En Bagan visitamos decenas de templos, y dentro de cada uno de ellos había unos cuantos budas, habitualmente mínimo uno por cada una de las cuatro entradas. Muchos de ellos eran de lo más originales y llamativos.
Teóricamente en abril ya no funcionan los vuelos en globo sobre los templos, pero vimos un par de ellos en un amanecer. Tiene que ser algo espectacular.
Los birmanos adoran las flores, y hay mucho movimiento y puesto de venta de las mismas. Las birmanas se las colocan en la coleta, o como diadema como las chicas de esta foto. En Myanmar nos han pedido cantidad de selfies, a lo que siempre accedemos encantados, y ya aprovechando....
Tenemos "carretes" de fotos de los templos de Bagan, es un lugar tan mágico...
El salto!!! Otra de las razones por las que solo visitábamos templos al amanecer y anochecer era que se visitan descalzos, y era imposible pisar la piedra a partir de cierta hora de la mañana....
Con Sara y Daniel, británicos pedaleando de Katmandú a Bangkok para finalizar su año sabático. En la foto están a unas 3-4 semanas de su boda, que celebraban a su regreso. Les veis caras de nerviosos?
En el budismo existe la cultura de donar, donar y donar a los monasterios. Aquí no hay monedas y existen los billetes de 50 kyat, que son unos 4 céntimos de euros. Así que ya veis cómo estaba todo....
Ramas del árbol cuya corteza raspan contra una piedra para conseguir una pasta ("thanaka) que se aplican sobre la piel de la cara como protección contra el sol. Se consigue de varios árboles cuya edad tiene que ser superior a los 35 años, y a pesar de venderse ya como crema, todavía muchas mujeres siguen usando el método tradicional.
Monjes novicios al amanecer
Paisajes de Myanmar
Han sido muchas las primeras horas del día que hemos compartido carretera con monjes en su peregrinaje recibiendo ofrendas. En teoría, caminan descalzos como en la foto.
Pescador del lago Inle practicando su particular modo de pesca.
Gran población del lago Inle no vive en sus orillas, sino sobre el propio lago.
En uno de los pueblos del lago Inle las mujeres se dedican a fabricar puritos artesanalmente. Una mujer lía entre 700 y 900 puritos al día, y teóricamente son 100% orgánicos.
La venganza del chinito. Tras pasar los cinco días del Festival del agua completamente regados por mangueras, cubos, vasos, botellas, lo que pillaban... tuvimos nuestro desquite.
Un lujo los desayunos de Myanmar, café con porras. La ilusión que nos hizo descubrirlas el primer día. Lo máximo que hemos pagado por dos cafés y ocho porras han sido unos 1,30 euros. Eso sí, solo para madrugadores, para las 9am ya no se encontraban!
¿Y si os decimos que  muchas cosas de Myanmar nos ha recordado a cuando vivíamos en Sao Paulo? En la foto, dos clásicos, los zumos de frutas tropicales, y las terrazas de cervezas frías.
Una parte de la gran cueva de Pindaya con miles de budas en su interior.
Más carreteras secundarias, algunas con árboles hermosos.
Paisajes del centro de Myanmar.
Durante las vacaciones del Año Nuevo vimos muchos desplazamientos. Era típico ver a una gran familia o a un grupo de amigos desplazándose en camiones como el de la foto.
En las afueras de Mandalay
Por todo Mandalay nos encontrábamos con agua en recipientes como los de la foto que eran rellenados a diario. Generalmente estaban junto a algún árbol, y en muchas ocasiones también había una especie de "banco" ancho de bambú que hacía de cama para una buena siesta bajo la sombra del árbol. Ideas salvadoras para ciclistas.

No estoy acostumbrada a romper nada antes que Hugo, que al ser más pesado y llevar algo más de peso, desgasta antes el material. Mi eje del pedalier se fastidió, pero por suerte es uno de los repuestos que llevamos en las alforjas. Eso sí, necesita una llave pesada que no llevamos, pero que tuvimos la suerte de que nos la prestaran en una tienda de Mandalay. Para el que lea este blog con interés en las bicis, el eje era un Hollowtech  de esos huecos, y ha resistido más de 26.000kms.
Templos de Mandalay
No sé si cuando los budistas visitan un país cristiano hacen tantas fotos de Cristos y Vírgenes como he hecho yo de Budas. Cómo me gustan algunos! 
Para comprar plátanos hemos tenido nuestros "problemillas", porque nunca querían vendernos menos de un racimo, que son entre 14 y 18 plátanos. No costaban más de un euro, y era tan difícil convencerles de que no queríamos cargar con todo ese peso, que no sé si podéis haceros una idea de la cantidad de plátanos que hemos comido en Myanmar!
Detalle de un precioso monasterio de madera de Mandalay
Monjas a la salida del monasterio.
La altura de Hugo ha llamado mucho la atención en Myanmar. En la foto, con los dependientes de una gasolinera en una zona donde de golpe habían abierto unas cuantas nuevas gasolineras. Tenían clara la manera de ganar clientes, y estaban preparados con botellas gratis de agua fría, fruta fresca, baños impolutos, una zona de sillas y mesas con televisión para descansar.
Según nos acercábamos a la frontera con China apenas veíamos ya bicis. Todo el mundo se desplaza en motos importadas de China a unos precios increíbles, y preparadas para el sol y la lluvia.
La sonrisa birmana, tardaremos en olvidarla.

11 comentarios :

  1. Jejeje, ozu myarma! No sé a quién se le ha podido ocurrir. Tiene que ser una persona realmente divertida, graciosa, ocurrente...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un monumento, amigo mío, un monumento habría que erigir para el poseedor de tan preclara inteligencia.

      Eliminar
  2. Como siempre IMPRESIONANTE!! Nosotros estuvimos el año pasado y nos encantó, pero en bici debe ser la leche. Veo que ya estais en China. Nosotros ahora mismo estamos tramitando el visado chino en Teherán y el 11 de mayo por fin abandonamos Irán para empezar con los "stans". Como sigamos aquí mucho tiempo más... nos vamos a tener que empadronar.
    Saludazos!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Rubén! Disfrutamos mucho con vuestras entradas y vídeos y, efectivamente, Irán es un lugar como para empadronarse. Espero que podáis conseguir el visado de, por lo menos, tres meses para China; supuestamente Teherán es de los mejores lugares para conseguirlo. Pero tendréis que correr un poco por los "stanes", que hay mucho para ver... ¿Cuándo pensáis llegar a Mongolia? Nosotros confiamos en llegar a primeros de agosto. A ver si coincidimos. Un abrazo y buen viento de cola...

      Eliminar
  3. Hola parejita, simplemente mandaros un saludito, para que veais que os sigo con lealtad incondicional. Seguid bien! abrazos. IRZ.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ...algo que se agradece y que se verá recompensado con nuestra ausencia durante todavía una temporada ;-)

      Eliminar
  4. Que gran país mostrais...en un mes estaremos cerca de alli con la familia,pasearemos un mesecito x thailandia que pena no veros x alli.Besotes a los dos.
    marta&monchi

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gran país Tailandia, lo vais a disfrutar un montón. Y si en un despiste os venís hacia el norte, así como a China...
      Abrazos

      Eliminar
  5. Hola pareja. Fuerte abrazo!!!!!
    Hace ya un tiempo que veo asombrado que sois unos informales o se os ha estropeado la brújula.
    Según el mapa previsto, de India ibais a tirar hacia el norte para recorrer camino por Urumchi, Mongolia y Pakin, pero habéis tirado por el sur para entrar ya en China,
    En una respuesta veo que aún pensáis pasar por Mongolia.
    Mis 2 preguntas curiosonas son:
    ¿Hubo razones para el cambio de itinerario?
    y
    ¿ cual es el actual?

    Fuerte abrazo y cuidados!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas monstruo. realmente el plan inicial era ir desde Kirguistán o Kazajastán a China, en dirección Tibet. Como a los viajeros independientes nos impiden llegar a Tibet, el plan B era ir desde Urumqi a Mongolia..., pero era demasiado tarde para llegar después a Japón con temperaturas razonables. Así que el plan C fue volar a India desde Bishkek, hacer todo el trayecto de India, Nepal y Myanmar que ya conoces y ahora cruzar China en dirección norte hasta Mongolia. Una vez en Mongolia no sabemos si tiraremos hacia Rusia para entrar a Japón por el norte o -si los pesados de los visados se ponen tontos- volver a China desde Mongolia, cruzar a Corea en barco y después Japón también en barco. Ya veremos qué pasa. Desde Japón intentaremos ir Taiwán, después Filipinas, Hong Kong, sur de China y sudeste asiático hasta Australia y NZ. Este sesudo plan, por supuesto, se verá modificado en multitud de ocasiones... :-)
      Un abrazo

      Eliminar
  6. Puffff...
    Os veo muy mal de planificación y orden!!!!

    Mereceis que os ordenemos volver a casa inmediatamente!!!

    Informales, vagos, incumplidores de vuestros planes!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar