22 de septiembre de 2009

Que versa sobre los últimos días en Nigeria, el cruce de frontera a Camerún y de lo que en este país aconteció

Últimos días en Nigeria
Kano, la ciudad más antigua de África occidental (sorprendentemente, pues sólo tiene 1400 años), capital del norte de Nigeria, cruce de caminos, crisol de razas (horrible topicazo) es una ciudad de 4 millones de almas, eminentemente Hausas, eminentemente musulmanas y atronadoramente ruidosas todas ellas. Y eso que en pleno Ramadán y, por tanto, sin comer ni beber en todo el día, deberían encontrarse débiles. Pero nada, meten ruido como el que más. Kano es como un gran mercado: en la parte antigua, en la moderna, en tal calle, en tal otra; uno se pregunta si estas gentes hacen algo más que comprar y vender. Así que nos dedicamos a visitar mercados, tanerías (nada que ver con las de Fez; las de Kano son pequeñas y centradas en un color, el índigo), un museo, el palacio del Emir, las murallas y, en fin, a callejear. De todas formas, y tras el crimen gastronómico que el atento lector recordará de la última entrega, el clímax de nuestra visita a Kano fue una cena en un indio, un desayuno en una boulangerie francesa y otra cena en un libanés. Se nos saltan las lágrimas sólo de recordarlo.

En el trayecto de Kano a Maiduguri pudimos ver, además de una tormenta de proporciones bíblicas, a nómadas fulanis pastoreando sus rebaños de cebús, con sus redondas jorobas y cornamentas, éstas también de proporciones bíblicas.

3 de septiembre de 2009

Nigeria

Como si de una consigna del Ministerio de Turismo se tratara para no frustrar las expectativas del turista, la entrada en Nigeria fue acompañada con una leve petición de soborno ("Have you something for us? Kola!"), y un buen lío entre varios funcionarios de inmigración en relación a nuestros pasaportes, con acusaciones entre ellos de petición de soborno.

(Por cierto, "Kola" es un eufemismo de soborno. Viene de las nueces de kola, un fruto que nos recuerda por su sabor amargo a las castañas pilongas, pero muy apreciado en África occidental por sus ligeras propiedades alucinógenas y que se utiliza habitualmente como regalo o soborno.)

Y después más. En los 80km que separan la frontera de Benin con Lagos, sufrimos 25-30 controles policiales y de aduanas, algo que debe de ser habitual para que nadie entre mercancía sin declarar en el país.

Por seguir con el asunto de los sobornos, en las carreteras entre las ciudades la policía para al transporte público para exigir su dinero; poco cada vez, (unos 20-50N o 0,10-0,25€ a cada), pero en un tramo de 200Km puede haber 30-40 controles de policía, ejército, patrulla de carreteras..., todos quieren su parte. Funciona como sigue: se aposta un poli en mitad de la carretera con, además de su preceptiva arma, una barra, palo de golf o similar, (para romperle la luna a aquel que se escape), hace un característico gesto al que se acerca, y el conductor le suelta la guita casi en marcha. Hay conductores que aguantan un poco más (o se hacen los simpáticos) y no pagan; también hemos comprobado que yendo nosotros junto al conductor, parece que el poli se corta más (mala imagen del pais ante los turistas) y no pide la coima.