14 de agosto de 2015

Sobre montañas, caballos, yurtas y lagos: pedaleando por Kirguistán

Nos despedimos de Tayikistán durmiendo en tierra de nadie, entre las fronteras de este país y Kirguistán. Los 20 kilómetros que separan una de otra y en donde vimos un par de granjas habitadas (¿qué nacionalidad tendrán esos granjeros?) son una preciosidad y ya se empieza a ver el cambio de paisaje. Sigue habiendo muchas y muy grandes montañas, pero frente al aspecto lunar o marciano del último tramo de los Pamires, estas son verdes (presagio de que llueve más por estos lares), aunque más allá estén blancas de nieve en pleno agosto. No en vano, muy cerquita hay varios picos de seis y siete mil metros de altura, entre ellos el bastante asequible y accesible (tanto de dinero como de dificultad) Pico Lenin. Nos planteamos su ascensión, pero los programas de aclimatación son de 20 días o más... y lo dejamos para otra ocasión.

8 de agosto de 2015

En el techo del mundo: Tayikistán

Si a Turkmenistán lo identificamos con desierto, a Uzbekistán con sus míticas ciudades como Samarcanda, Bujara o Khiva y a Kazajstán con la estepa, Tayikistán (como Kirguistán, desde donde os escribimos) es sinónimo de montaña y, entre ellas, sobre todo, los Pamires.

La ruta de los Pamires constituye una de las cuatro rutas asiáticas que todo cicloturista quiere recorrer. Desgraciadamente, tres de ellas (la del Tibet entre Kashgar y Lhasa, la de la Amistad entre Lhasa y Kathmandú y la del Karakorum entre Kashgar e Islamabad) nos las están poniendo cada vez más difíciles a los viajeros independientes debido a los visados, obligatoriedad de escoltas o guías y otras estúpidas cuestiones administrativas y de supuesta seguridad. En fin, paciencia. Por suerte, aunque Tayikistán exige visado y permisos, éstos se pueden conseguir sin problemas.