30 de julio de 2016

China: de Xian a la frontera mongola

Dejamos a los guerreros de Xian petrificados de pena al vernos partir. Más contentos y aliviados estaban los del hotel Mercure, al borde de la bancarrota tras nuestros tres días de excesos durante el buffet de desayuno. Y así, rellenos hasta el gaznate de bollería, embutidos, mermeladas, bircher muesli y tantas otras delicias que casi teníamos olvidadas, retomamos el camino hacia el norte, hacia Mongolia. Para llegar hasta ahí decidimos tomar inicialmente la más o menos plana G108, buena carretera aunque con bastante tráfico, que pasa por varios puntos visitables. Desgraciada aunque comprensiblemente el viento no quería que nos fuéramos de Xian y nos sopló constantemente en la cara. No era demasiado fuerte, pero unido al pegajoso calor, al denso tráfico y, posteriormente, a la potente contaminación de carbón en la provincia de Shanxi (diferente de Shaanxi, cuya capital es Xian) no hizo que esta sección del viaje fuera especialmente memorable. O tal vez sí.

9 de julio de 2016

China: de Shangri La a Xian

En mis últimos años de vida profesional, mis visitas a China eran a la superpoblada Shanghai y a las en buena medida industrializadas, degradadas y también superpobladas provincias limítrofes. Como en cualquier gran ciudad del mundo, sus pobladores no se distinguen por llevar una vida relajada, distendida y ser abiertos y dicharacheros para con los extranjeros. Sin querer dramatizar, lo cierto es que las visitas a las zonas fabriles de la región me recordaban más a las oscuras novelas de Dickens que a la brillante China de las pinturas clásicas, llena de naturaleza, armonía y delicadeza.

Sichuán, especialmente su parte suroeste, ha sido, junto con Yunán, el reencuentro con la China amable y, más importante, con los chinos. Paisajes enormes, naturaleza desbordante, montañas y más montañas, ríos caudalosos, pueblos pintorescos con gentes sonrientes, amistosas y generosas. ¿De verdad estamos en China?