2 de mayo de 2016

La sonrisa birmana

"¡Ozú Myarma!" Eso es, como si fuéramos un par de andaluces al entrar en Birmania, lo que nos dijimos al final del primer día en este estupendo país.

Entramos en nuestro país 28 sin problemas. En el primer pueblo, vamos al primer cajero y éste nos da dinero a la primera: 300.000 kyat, algo más de 215€ y más que cualquier cajero de la India que, diga lo que diga y prometa lo que prometa, solo te va a dar 10.000 rupias o 140€. Las rupias indias que nos habían sobrado las cambiamos en ese mismo pueblo al precio correcto sin necesidad de regatear. A partir de ese pueblo, en el que nos tomamos un café con leche sentados en una terraza de lujo que ni en la madrileña Plaza Mayor de la exalcaldesa Ana Botella, disfrutamos de buena carretera, prácticamente vacía, casi plana, silenciosa (el contraste con India es, cómo decirlo, un clamor), con bonitas plantaciones, bosques y arbustos a los lados. Cruzamos pequeños pueblos, todo pichichi saluda, sonriente, todo el mundo está relajado. Mucha gente va vestida con ropa tradicional: curiosamente más ellos, con sus faldas longyi -una especie de sarong- y camisa; ellas visten más variadas, con vestidos ajustados, con pantalones de "pijama" al estilo chino, con sarong y blusa,.... Las mujeres, más que los hombres, se "maquillan" con una crema blanca hecha con la madera de un determinado árbol, crema que cubre sus mejillas y a veces la frente y la nariz con formas geométricas. Todos, sin excepción, sonríen al vernos, y la mayoría saluda.