6 de diciembre de 2015

Nepal: selvas y montañas, ortoquakes y crisis constitucionales

Ya el formulario de inmigración para entrar en Nepal nos dio buen rollo. En lugar de las habituales dos casillas a elegir en el apartado de sexo, aquí se incluye una tercera: hombre, mujer, otro. En Nepal. Unos metros más allá de la frágil caseta de inmigración, la oficial de aduanas nos dejó pasar sin control alguno, con un sonrisón y un alegre "¡Namasté!", saludo que ya no dejaremos de escuchar a diestro y siniestro durante nuestra estancia en el país. Carreteras tranquilas y en buen estado, precioso paisaje rural, cerveza disponible en todas partes, una mezcla relajada de gente en ropa tradicional y moderna, gente guapa y sonriente... Todo apuntaba a que Nepal, país que ya habíamos visitado en varias ocasiones anteriormente, nos iba a gustar tanto como en el pasado.

20 de octubre de 2015

La India: entre montañas y lugares sagrados

En la última entrada de este apasionante relato viajero :-) os contábamos cómo, tras mes y medio en India, la sensación de finalmente llegar a este país se materializó cuando descendíamos de las montañas hacia el calor, el ruido, el tráfico, la suciedad, la pobreza, los olores y, en fin, el fenomenal caos indio. Caos que por un lado -será nuestro lado masoquista- nos gusta por su intensidad y autenticidad -¿qué sería de India si se pareciera a, no sé, Suiza?-, y por otro nos lleva por el camino de la amargura, con tantas situaciones frustrantes y cabreantes. Sin duda, los indios son capaces de lo mejor y de lo peor...

Un indio que vive en EEUU desde hace 25 años y ahora se dedica al coaching y a escribir libros de autoayuda nos dijo que el problema es que, a pesar de la tan extendida espiritualidad india que promulga el amor al prójimo y al universo que te rodea, el indio no empatiza, no se pone en la piel del vecino. Él lo explica por la densidad de población y la histórica necesidad de pelearse contra todo y contra todos para salir adelante, de tal forma que el indio va exclusivamente a lo suyo, en plan apisonadora. Como los chinos, vaya, cuyo ejemplo también usó, y que también hemos sufrido en nuestras carnes. Desde luego esa sensación tiene uno cuando circula por la carretera. El coacher también le echó la culpa al abstracto "sistema", que yo más bien veo como una pobre excusa para evitar responsabilidades individuales.

14 de octubre de 2015

Cuestas, malas carreteras y un frío del carajo: disfrutando, y mucho, de los Himalayas de la India

- Veeeerygoodmorning, sir. Whereareyoufrom, sir?
- Spain...
- Oooooh, Spainisaveryveryfinecountry, splendid, sir. Andwhatsyourgoodname, sir?
- Er..., Hugo, and yours?
- Verylovelyname, sir! Mynameis Tirurichipiramnavarsujay, sir.

Volver a India nos ha obligado a refrescar nuestro "inglés con características indias". No hace falta que sea Hindish, esa mezcla de hindi e inglés, para no enterarse de nada; aunque sea puro inglés, ya es complicado entenderles. Hablan como ametralladoras sin apenas pausas entre las palabras, con peculiares sonidos intercalados que soy incapaz de reproducir en el texto y con movimientos laterales de cabeza que no ayudan necesariamente a la comprensión, pues pueden querer decir no, sí, a veces, no tengo ni idea, ya he terminado de hacer la foto y, seguramente, muchos más significados. Pero a pesar de las dificultades iniciales, es un gustazo escuchar su rico inglés, adornado con vocabulario victoriano y, sobre todo, volver a poder comunicarse con la gente -con bastante gente, por lo menos-, y así tener conversaciones que vayan más allá del famoso "¡Atkuda!" de Asia Central.

14 de agosto de 2015

Sobre montañas, caballos, yurtas y lagos: pedaleando por Kirguistán

Nos despedimos de Tayikistán durmiendo en tierra de nadie, entre las fronteras de este país y Kirguistán. Los 20 kilómetros que separan una de otra y en donde vimos un par de granjas habitadas (¿qué nacionalidad tendrán esos granjeros?) son una preciosidad y ya se empieza a ver el cambio de paisaje. Sigue habiendo muchas y muy grandes montañas, pero frente al aspecto lunar o marciano del último tramo de los Pamires, estas son verdes (presagio de que llueve más por estos lares), aunque más allá estén blancas de nieve en pleno agosto. No en vano, muy cerquita hay varios picos de seis y siete mil metros de altura, entre ellos el bastante asequible y accesible (tanto de dinero como de dificultad) Pico Lenin. Nos planteamos su ascensión, pero los programas de aclimatación son de 20 días o más... y lo dejamos para otra ocasión.

8 de agosto de 2015

En el techo del mundo: Tayikistán

Si a Turkmenistán lo identificamos con desierto, a Uzbekistán con sus míticas ciudades como Samarcanda, Bujara o Khiva y a Kazajstán con la estepa, Tayikistán (como Kirguistán, desde donde os escribimos) es sinónimo de montaña y, entre ellas, sobre todo, los Pamires.

La ruta de los Pamires constituye una de las cuatro rutas asiáticas que todo cicloturista quiere recorrer. Desgraciadamente, tres de ellas (la del Tibet entre Kashgar y Lhasa, la de la Amistad entre Lhasa y Kathmandú y la del Karakorum entre Kashgar e Islamabad) nos las están poniendo cada vez más difíciles a los viajeros independientes debido a los visados, obligatoriedad de escoltas o guías y otras estúpidas cuestiones administrativas y de supuesta seguridad. En fin, paciencia. Por suerte, aunque Tayikistán exige visado y permisos, éstos se pueden conseguir sin problemas.

25 de julio de 2015

Ciudades míticas y campos de algodón en Uzbekistán

Aunque siempre intentamos tener una referencia sobre el valor de la moneda antes de cruzar una frontera, cuando en ese país, como en Uzbekistán, lo que impera es el mercado negro, no hay referencia que valga; salvo la de otros viajeros, claro. Así que tras bastante pelea con los cambistas nada más cruzar la frontera, nos timaron vilmente, por suerte no demasiado, pues cambiamos poca pasta.

Menos mal, de todas formas, que estuvimos todo ese tiempo junto a la frontera: un currela vino a decirnos, en ruso o en uzbeko, no sé, que teníamos que volver. Tras muchas dudas (a nadie le gusta volver a entrar en la zona fronteriza, menos cuando has estado haciendo algo supuestamente ilegal como cambiar dinero en el mercado negro) lo seguimos: resultó que no habíamos pasado por aduanas. Fue un acierto volver, o la posterior salida del país sin el papelito aduanero de entrada hubiera sido una pesadilla.

21 de julio de 2015

"Si piensas que la aventura es peligrosa, piensa en la rutina. Es mortal". Cruzando Turkmenistán en cinco días

Hace unos años estábamos Bego y yo viajando por el oeste de China en un razonablemente cómodo autobús. China occidental es un gran desierto con unas cuantas ciudades -nada que ver con el densamente poblado este chino- y estábamos a unos cientos de kilómetros de alguna población de cierto tamaño... y posiblemente de cualquier población de cualquier tamaño. A lo lejos se acercaba un tormentón de esos bíblicos, con relámpagos que llenaban el cielo. Y ahí, en esa tormentosa vacuidad china, "in the middle of nowhere" que dicen los ingleses, se adivinaba la figura de un solitario cicloturista, pedaleando lenta y sufridamente, a quien a buen seguro esa noche le tocaría acampar bajo la lluvia, tras un duro día de calor y sudor. Mi comentario, definitivo, sentido y lapidario, fue: "yo no viajo en bici por estos lares ni jarto de na".

15 de junio de 2015

Otro Irán

"He aquí que pasó el invierno, la lluvia ha cesado, las flores salen del suelo, el tiempo de pedalear ha llegado." Así (o casi) lo recomienda el Cantar de los Cantares. E Irán, en esa primavera que todo iraní te dirá que es la mejor época del año para visitar el país, se presta a pedalear.

Entramos en Irán desde Turquía por la frontera de Seru. La frontera es un tanto caótica, siendo justos probablemente sea así solo porque están en obras. Pero dentro del caos, los iranís muestran su cara amable y, cómo no, acabamos hablando de fútbol. Es curioso: antes España o la desconocían o te hacían el signo de los toros. Ahora, automáticamente es Real Madrid o Barcelona. El fútbol es "marca España". Así que la conversación versó sobre si preferimos a uno u otro equipo, cuyas alineaciones conocen al dedillo. Vamos a tener que aprender algo de fútbol...

6 de junio de 2015

Irán... y sí volverán

Era la una del mediodía y el sol calentaba de lo lindo. Mal asunto para el día de cuestas que teníamos por delante. Los anteriores habían sido días cañeros con bastantes kilómetros en nuestras piernas y para colmo esa noche nos habíamos acostado tarde. Total, que decidimos sacar la lona, los aislantes y descansar un rato junto a un río. En ello estábamos cuando se acercó una camioneta y bajaron dos desconocidos de extracción humilde, como se llama pomposamente a los que no tienen muchos posibles. Portaban dos tuppers de esos de poliestireno y sobre ellos pan y dos yogures. "Mister!" En Irán siempre se dirigen a mí, y siempre con el mister por delante. Además "Missus" estaba o dormida o cerca de estarlo. "Salam", les saludé con mi profundo dominio del farsi (es la única palabra que sé, pero estoy convencido de que la digo con muy buen acento).

4 de abril de 2015

"El pedalear, el viajar y el mudar de lugar recrean el ánimo". De Mesopotamia a Irán

Con la pequeña licencia de sustituir "cabalgar" por "pedalear", así hablaba Séneca hace dos mil años. Este filósofo sí que sabía.

En nuestra última entrada nos despedimos de vosotros a los pies de Mardin, al este de Turquía. Seguramente por la larga y empinada cuesta que teníamos que subir preferimos dejarlo para esta vez. Pero las cuestas sirven para algo: la parte vieja de esta ciudad se erige imponente a unos 1.100m de altura sobre la interminable meseta mesopotámica. La ciudad cuenta con un castillo, mezquitas, madrasas, iglesias, monasterios, museos, edificios históricos, bazares, "butik hotels" y, en fin, todo lo que se le presupone a una población milenaria (6.000 o 7.000 años, ahí es ná) como Mardin.

De Mardin pedaleamos en uno de esos días lluviosos y fríos (a 1.000m de altura) hasta Midyat. Aquí dejamos las bicis aparcadas y fuimos en furgoneta a Hasankeyf. Este bonito pueblo a la vera del Tigris está lleno de cuevas, habitadas hasta hace poco, y está a punto de desaparecer bajo las aguas de un embalse, como el pueblo de los mosaicos mencionado en la entrada anterior.

27 de marzo de 2015

Del Mediterráneo a Mesopotamia

¿Cómo se decía en turco "hola"? ¿Y "adios", "gracias" o (palabra crucial donde las haya) "desayuno"? Uno se acostumbra muy rápidamente al inglés de Chipre y mi solitaria neurona, en un acto de eficiencia espacial, deja aparcadas las pocas palabras de turco que llegué a aprender. Aparcadas, pero por suerte no olvidadas: merhaba, güle güle, teşekkürler, kahvaltı. Menos mal, porque cuanto más al este se dirigen nuestras pedaladas, menos inglés se habla. La calidad de algunos profesores de inglés no ayuda a que la gente lo hable: estuvimos tomando un té con uno de ellos en Osmaniye y su nivel de inglés no era muy superior al de mi turco... Por otro lado resulta confuso que mucha gente sepa decir correctamente y casi con acento de Oxford "where are you from?", que te da esperanzas para iniciar una conversación..., para después darte cuenta de que es lo único que saben decir en inglés. (Que quede constancia que yo no sé decir "de dónde eres" en turco, así que no critico.)

12 de marzo de 2015

Chipre: "Los viajes, como los artistas, nacen, no se hacen"

Así comienza Lawrence Durrell su estupenda novela "Limones amargos", una mezcla de libro de memorias y relato de viaje sobre sus tres años (1953-56) en Chipre. No estoy muy seguro de qué quiere decir con esta frase o si estoy de acuerdo con lo que creo que dice, pero es una forma erudita de comenzar el blog, de no tener que pensar en un título original y queda molón.

Chipre, tercera isla más grande del Mediterráneo y por la que históricamente ha pasado todo hijo de vecino -fenicios, griegos, asirios, egipcios, persas, romanos, árabes, bizantinos, cruzados, lusiñanos (franceses), genoveses, venecianos, turcos, ingleses-, es la isla de Afrodita (o Venus para los romanos) y, por ende, del amor. Muchas lunas de miel por aquí. Algo menos romántico, también es la isla de las algarrobas, de las que se hacen dulces y pasteles. Ah, y también es la isla de los gatos, de los que hay a patadas.

13 de febrero de 2015

Turquía mediterránea: en busca del (buen) tiempo perdido

Por fin salimos de Bursa, aunque con más frío que Leonardo DiCaprio junto al cuasi hundido Titanic a pesar del reluciente sol invernal. No en vano estábamos a tres o cuatro bajo cero y con nieve y hielo por todas partes. Enfundados en capas y más capas de ropa, y con bastante precaución por posibles placas de hielo, enfilamos la carretera principal de Bursa a Esmirna, con la confianza de que estuviera limpia de nieve. Efectivamente así fue, con lo que el trayecto hasta Mustafakemalpaşa fue, tal vez no un paseo, pero sí mejor que lo esperado. No hay mucho documentación gráfica (también llamadas fotos, vaya), que no estaba la temperatura para sacar las manos de los guantes.

10 de enero de 2015

De capitales imperiales otomanas va la cosa

Como ya avanzábamos en nuestra anterior entrada, de Bulgaria a Turquía dimos un pequeño rodeo por Grecia. El cruce grecoturco de fronteras es rápido, pero para nuestro gusto con demasiados soldados turcos pululando por ahí.

Edirne se encuentra cerca de la frontera. La llegada a la segunda capital otomana (anteriormente lo fue Bursa y después, Estambul), es una preciosidad. Tras cruzar unos cuantos campamentos militares y un par de puentes de la época otomana, varias imponentes mezquitas y sus espigados minaretes nos saludan desde la lejanía, mientras los muecines anuncian nuestra llegada por toda la ciudad, para alegría y solaz de sus habitantes. Es lo bueno de no entender nada de lo que dicen, uno se imagina lo que quiere... Desde luego, las calles estaban llenas de policías y guardaespaldas. Es posible que la presencia del primer ministro en la ciudad, con quien coincidimos durante el rezo en la gran mezquita al día siguiente, tuviera algo que ver, pero yo creo que era por nosotros...