10 de enero de 2015

De capitales imperiales otomanas va la cosa

Como ya avanzábamos en nuestra anterior entrada, de Bulgaria a Turquía dimos un pequeño rodeo por Grecia. El cruce grecoturco de fronteras es rápido, pero para nuestro gusto con demasiados soldados turcos pululando por ahí.

Edirne se encuentra cerca de la frontera. La llegada a la segunda capital otomana (anteriormente lo fue Bursa y después, Estambul), es una preciosidad. Tras cruzar unos cuantos campamentos militares y un par de puentes de la época otomana, varias imponentes mezquitas y sus espigados minaretes nos saludan desde la lejanía, mientras los muecines anuncian nuestra llegada por toda la ciudad, para alegría y solaz de sus habitantes. Es lo bueno de no entender nada de lo que dicen, uno se imagina lo que quiere... Desde luego, las calles estaban llenas de policías y guardaespaldas. Es posible que la presencia del primer ministro en la ciudad, con quien coincidimos durante el rezo en la gran mezquita al día siguiente, tuviera algo que ver, pero yo creo que era por nosotros...


Edirne nos gustó mucho. Tiene unas impresionantes mezquitas que no desmerecen en nada a las de Estambul, una parte vieja muy animada, caravanserais, zocos y puentes otomanos bien conservados y, en fin, unas pastelerías de quitar el hipo..., sin el agobio del turismo ni el acoso de los comerciantes.

Además de riquísimos dulces, típico de Edirne es el higado empanado, que se sirve con ensalada de tomate, cebolla cruda, guindillas y se acompaña con ayran, ese yogur de leche de oveja mezclado con agua, una pizca de sal y, alguna vez, ajo. Varios restaurantes venden exclusivamente este plato. Y en Edirne ya comenzamos con el generalmente abundante desayuno turco: tomate, pepino, huevo duro, queso feta (a veces algún queso más), aceitunas negras y verdes, pan de pita o tostadas, mantequilla, miel y té turco o Nescafé. Potente.

Ah, y aunque no recuerdo el menú del 24 de diciembre, el habitual cordero de Nochebuena probablemente lo consumiéramos en formato kebab en algún garito. Nada que ver con nuestros tiernos corderos, pero también rico.

En Edirne había que decidir por dónde continuar la ruta. La entrada a Estambul, ciudad con unos 14 millones de habitantes y un tráfico denso y agresivo, es temida por los cicloturistas. Entre las tres opciones más populares para ir a esta ciudad -la carretera principal, la costa sur o la ruta norte-, nos decidimos por la ruta norte, supuestamente con menos tráfico y buenas carreteras, algunas de ellas rurales.

Bocata del día de Navidad
Saliendo de Edirne el 25 de diciembre hacia el noreste, la comida de Navidad consistió en un bocata y un ayran en un pueblo sin nombre y, desde luego, sin renos, papás noeles, santas ni zarandajas de esas. Afortunados ellos. En un día gris pero por suerte seco, recalamos en nuestra primera etapa en la ciudad de Kirklareli. Primero nos sorprendió su entrada, repleta de buenas urbanizaciones de reciente construcción. ¿De dónde sale tanto dinero? Después nos llamó la atención la cantidad de militares que hay, algo extensible a Edirne y a otras poblaciones posteriores a Kirklareli. ¿Será la cercanía a las fronteras griega y búlgara?¿Será porque sabían que veníamos? ¿Será que nosotros no estamos acostumbrados a verlos? (Cuando se lo preguntamos a un lugareño, su respuesta fue que no pensaba que hubiera muchos militares...) Y, por fin, nos gustó el ambiente que había en sus concurridas calles peatonales. Ocurre a menudo que estas ciudades desconocidas para los turistas son más auténticas, más interesantes que los destinos turísticos.

Fantástico día de Navidad
En Vize, nuestra siguiente etapa, nos dimos el gusto de hacer lo de las películas: "siga a ese coche". La diferencia es que el que dijo esa frase era un poli, el coche perseguido era uno de policía y los perseguidores eramos nosotros, en bici. Pero bueno, la policía, siempre al servicio del ciudadano, nos dirigió, no demasiado rápido, hasta un hotel.

Desde Vize seguimos, sobre todo a partir de Saray, por zonas rurales, carreteras tranquilas y con poco tráfico, hasta Subasi, en donde la tranquilidad se truncó por los cantos folclóricos con que los vecinos de habitación, a buen seguro con algún raki de más, nos amenizaron parte de la noche.

A las puertas del hotel del club de golf, puro lujo
El siguiente fue un día laaaargo para entrar en Estambul. Comenzamos estupendamente, con una autopista de seis carriles para nosotros, prácticamente vacía, que desgraciadamente más tarde se convirtió en un enjambre de cientos de camiones transportando tierra, para más inri haciendo carreritas entre ellos. En Gõtürk salimos por fin de la autopista. Preguntando por alojamiento nos indicaron que lo único disponible era el hotel del club de golf, que nos aseguraron que era muy barato. "Menos de 50" (unos18€), nos dijeron. No sé quienes fueron más tontos, ellos por decirlo o nosotros por creerlo. El caso es que ahí nos presentamos, cuando ya era noche cerrada. La de recepción escapó en cuanto me escuchó preguntar si tenían habitaciones, y le pasó el muerto a otro, que, tras mirarme con un mohín entre la sorpresa, la incomprensión y
La llegada al Bósforo: "Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente, etc."
seguramente algo de asco por mi atuendo poco acorde con el lujo del club, me hizo saber que la habitación más barata del hotel costaba 400€. Sin amilanarme y sin que se notara el tembleque que me entró en las piernas al escuchar el precio, para no perder la iniciativa le pregunté si se podía acampar. Hay que reconocer que el tipo también mantuvo la compostura y no se rió de mí. Por lo menos no delante de mí.

Así que terminamos en un hostal en un barrio pobre del extrarradio estambuleño..., lo que nos corresponde, me temo. Esto también tuvo su historia. ¿Cómo hay que reaccionar ante quien, después de pedirte 150TL solo alojamiento, te acepta que le pagues 80 desayuno incluido? Supongo que si tienes más opciones, dejas empantanado al que te ha intentado robar con tanto descaro y te vas a otra parte. Pero si no tienes otra, sonríes cual cordero lechal y agradeces su magnanimidad.

Desde luego Turquía ya no es el chollo que era hace unos (cuantos) años. Ucrania, Rumanía o Bulgaria nos han parecido más baratos que Turquía. Lo malo no es solo que es relativamente caro -para esta zona del mundo y para nuestras expectativas, se sobreentiende-, sino que como generalmente pagamos más de lo esperado y en muchos comercios no se muestran los precios ni te dan factura ni nada, salimos de más de un local con mal sabor de boca, pensando que nos han timado.

La entrada al centro de Estambul la hicimos pedaleando junto al Bósforo, un placer a pesar de las jarreadas intermitentes, y algo que no se vive de igual manera cuando vas en el típico ferry-excursión al mar Negro.

Delante de la Mezquita Azul
En Estambul nos juntamos con Fanny y Álvaro, amigos de Donosti que, incapaces de soportar por más tiempo nuestra ausencia, nos hicieron una visita. Nos alquilamos un apartamento y, aunque hizo un tiempo de perros, con frío, lluvia, viento y nieve, fue genial pasar unos días con ellos pateando la ciudad, desayunando luenga y plácidamente y, en fin, poniéndonos al día de viajes, noticias y cotilleos.

Sin uvas para las campanadas ni muchas ganas de juerga en el cuerpo, nuestra Nochevieja transcurrió tranquila, con una cena agradable en buena compañía en un restaurante turco..., y sin resaca al día siguiente. Ni una botella pequeña de raki pudimos terminarnos entre cuatro (brebaje infecto donde los haya, asevero).

Puesta a punto de las bicis
Nuestro plan era abandonar Estambul en barco y así evitar el tráfico de salida. Desgraciadamente, la mala mar hizo que se cancelaran los ferris a Bursa. Pero realmente fue una suerte esa cancelación. Esa misma mañana habíamos cambiado las cadenas de nuestras bicis (a los10.200km, no está nada mal el jugo que les hemos sacado), y el plato intermedio, más desgastado que los otros dos, patinaba, sobre todo en mi bici. Así que nos dirigimos a Bisiklet Gezgini (www.bisikletgezgini.com), en Kadiköy en el lado asiático, para recambios, reparaciones y puesta a punto. Nos quedamos esa noche en Kadiköy, barrio con mucho ambiente y bien comunicado con el lado europeo, un lugar interesante en el que quedarse en la próxima visita a esta ciudad...

Barquito para cruzar el mar de Mármara
Por fin el mar nos permitió salir de la antigua Constantinopla. Por cierto, ¡cuántos hitos juntos!: cambiamos de año, de continente y llegamos a los 10.000km, todo en un plazo de pocos días. Seguro que estáis muy emocionados, verdad? :-)

Bursa, la cuarta ciudad del país con 2,1 millones de habitantes según rezaba el cartel de entrada en la ciudad, nos recibió con aguanieve. Llegamos ya oscureciendo, con tráfico de hora punta -no cualquier hora punta, sino hora punta turca- y un frío del copón (del copón de nieve, obviamente), así que decidimos hacer los últimos diez kilómetros en la comodidad del metro. Claro, que también era hora punta para el metro, y por tanto había bastante gente, pero lo cierto es que fueron amables, nos hicieron sitio, nos aseguramos de no meterle a nadie el manillar por un ojo y viajamos sin problemas.

Ulu Cami, la principal mezquita de Bursa
Al día siguiente nos levantamos con la ciudad bajo una buena capa de nieve y, con temperaturas nocturnas de hasta menos nueve y diurnas a cero o justo por encima, siguió nevando durante tres días. Se nos quitaron las ganas de pedalear, pero a cambio las mezquitas nevadas estaban especialmente bonitas... Y Bursa no es un mal lugar para pasar unos días, al contrario: bonita, animada, rica, con muchos contrastes, cuna del Iskender kebab (finas lonchas de cordero sobre una cama de trozos de pan y salsa de tomate y yogur), hamames centenarios (que nos ayudaron a recuperarnos del frío),..., y hasta una estación de esquí a 36km. Estuvimos tentados de probarla, pues debía de tener nieve pa' aburrir, pero la ventisca y el intenso frío nos desanimaron.

Patio de uno de los centenarios zocos de Bursa
De hecho, había tanta nieve que las carreteras estaban cerradas y no podíamos salir de Bursa ni en autobús... Al cuarto día salió por fin el sol y, con un calor muuuy raro, de esos polares o siberianos, conseguimos salir de la ciudad y llegar a Mustafakemalpaşa (gran nombre para una ciudad).

El único pero de Bursa fue el hotel en el que nos alojamos, por un lado por ser bastante básico y por otro por su cercanía a varias mezquitas, lo cual implica estruendosas llamadas a la oración a intempestivas horas. Para los que les interese (y para acordarme yo, que ahora entramos en zona musulmana y nunca recuerdo estas cosas), los musulmanes rezan (namaz/salat) cinco veces al día.

A las ricas castañitas asadas
La hora de cada rezo cambia diariamente y según el lugar, en función de la latitud y longitud, amanecer y anochecer y su relación geográfica con la Meca. Los nombres de los rezos en turco/árabe y sus horarios en Bursa el 6 de enero, anunciados a voz en cuello por el muecín, son:

- İmsak/Fajr; 05:38: dos horas antes del amanecer. Ahora en pleno invierno las 5:38 no es muy grave, pero en junio este "despertador" suena a las 3 de la mañana... Ya me oiréis quejarme en el futuro.
- Güneş/Tulu o Thuhr; 07:19: amanecer, justo antes de que el sol aparezca (nuevamente, en junio será a eso de las 5 de la mañana...).
- Öğle/Zuhr; 12:21: mediodía, cuando el sol pasa su cénit.
- İkindi/Asr; 14:46: tarde, cuando la sombra de un objeto es igual a su altura.
- Akşam/Maghrib; 17:01: anochecer, cuando el sol ha desaparecido en el horizonte. Comienzo de un nuevo día en el calendario musulmán.
- Yatsı/Isha; 18:35: cuando la última luz del día ha desaparecido.

Escapando por fin de Bursa, en busca del señor Celsius
Comprobaréis que menciono seis llamadas o cantos. Otras fuentes hablan solo de cinco llamadas (Fajr, Thuhr, Asr, Maghrib, Isha) y retrasan el primer rezo hasta el amanecer. Y alguna habla hasta de siete llamadas. ¿Por qué? Aportación posterior a la primera edición de esta entrada :-): según el dueño de un restaurante que hablaba inglés, dos llamadas son solo aplicables durante el ramadán, marcando los momentos en los que se debe comenzar e interrumpir el ayuno.

Muy romántico eso de las sombras y los amaneceres y anocheceres, ¿no?, mejor que el aburrido "misa de doce". Si queréis jugar al divertidiiiiiiiisimo juego de a qué hora me tocaría rezar hoy en mi ciudad y hacia dónde tendría que dirigir mis rezos, podéis calcular horarios y posiciones en esta web http://namazvakti.com. Bueno, ya tenéis ocupación hasta la siguiente entrega de este apasionante relato viajero.

Un abrazo

Uno de los puentes de llegada a Edirne
Mezquita de Selim en Edirne
El primer "simit" - especie de bagel - de las docenas que comeremos en Turquía
Si pensabais que se me había puesto "cara-pan" en este viaje, dadme un par de meses por estos países con lo que me pirran sus dulces y vais a ver lo que es una "cara-pan" de las buenas... :)
Felices disfrutando de fantásticas mezquitas, como la Mezquita Vieja en Edirne
El mimbar - púlpito - de la Mezquita Vieja
La Mezquita Vieja de Edirne
El mimbar de la Mezquita de Selim en Edirne, tallado de una sola pieza
Espléndida bóveda de la Mezquita de Selim, Edirne
El müezzin mahfili, la plataforma frente al minbar desde donde ora el muecín. Mezquita Selim. Edirne
A ver quién es la guapa que no les compra unas mandarinas a estos dos...
Acercándonos a Estambul, a la vez que la ola esa de frío de Siberia...
Boza, bebida densa de trigo fermentado que se desayuna por estos lares y que los soldados otomanos tomaban por ser fuente de carbohidratos y vitaminas. De la colección "en esta vida no hay por qué probarlo todo...". Puaj!
Tres malasios cicloturistas pedaleando de Londres a Kuala Lumpur
Ciger (higado rebozado), Kofta (albóndigas achatadas), Su Böregi (el burek turko), y Patatesli Çerkez Mantisi (raviolis de patata), pequeña muestra de la fantástica comida turca.
Santa Sofía. La habíamos revisitado tan solo hace un año, en una escala a Sudán, pero igual igual, volvió a sorprendernos
Y no digamos la Mezquita Azul, que estaba cerrada el año pasado por reformas. Majestuosa.
El tranvía de Taksim
La mezquita de Sultanahmet I desde el puente de Gálata
De lo más entretenido elegir kilims y suzani, pena que no nos tocara el Gordo y no llegara para las verdaderas joyas de un par de siglos que se encuentran en algunos sitios. (Nota de Hugo: una auténtica pesadilla...)
Mezquita de Ortakoy y ya... que sois muchos los que ya conocéis Estambul
Bueno, una puesta de sol sobre Sultanahmet y ya sí, última de Estambul
Antes de cruzar a Asia nos encontramos con Brice (http://bikingtotehran.tumblr.com), cicloturista francés camino a Teherán
Tumbas frente al mausoleo junto a la Mezquita Verde, ambas, joyas arquitectónicas de Bursa
El universal muñeco de nieve
El interior de Ulu Cami en Bursa, otra mezquita que no deja indiferente
La Ciudadela de Bursa
Vista de Bursa desde su Ciudadela. Un frío....
Litros de Ayran
Kemalpasa, uno de esos postres con un nombre sin sentido alguno, porque pasar, pasa de maravilla
Fuera de la autovía... todo blanco
Y por aquí todo fenomenal, la nieve y el frío no es un problema, encontramos pensiones con calefacción, algunas mezquitas tienen calor radiante bajo las alfombras, en breve esperamos tener mejores climas, y siempre nos queda mirar las fotos en los medios de cómo están estos días también bajo la nieve los sirios desplazados, para olvidar nuestras penas,,,

2 comentarios :

  1. ¡Como me habría gustado despedir el año con vosotros, qué buen plan! El próximo año me apunto.
    Voy a ver si averiguo lo que significa kemalpasa, parece la misma palabra en la ciudad y en el postre, no?
    Besos

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    1. Claro! Si las cosas salen tal y como las hemos planeado (lo cual es más que dudoso), será en la India... Y sobre Kemal Pasa, ya sabes que Atatürk se llamaba Mustafa Kemal Paşa...

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