6 de diciembre de 2015

Nepal: selvas y montañas, ortoquakes y crisis constitucionales

Ya el formulario de inmigración para entrar en Nepal nos dio buen rollo. En lugar de las habituales dos casillas a elegir en el apartado de sexo, aquí se incluye una tercera: hombre, mujer, otro. En Nepal. Unos metros más allá de la frágil caseta de inmigración, la oficial de aduanas nos dejó pasar sin control alguno, con un sonrisón y un alegre "¡Namasté!", saludo que ya no dejaremos de escuchar a diestro y siniestro durante nuestra estancia en el país. Carreteras tranquilas y en buen estado, precioso paisaje rural, cerveza disponible en todas partes, una mezcla relajada de gente en ropa tradicional y moderna, gente guapa y sonriente... Todo apuntaba a que Nepal, país que ya habíamos visitado en varias ocasiones anteriormente, nos iba a gustar tanto como en el pasado.

Además, octubre es el mes de los festivales, como el festival de las luces y el año nuevo. Cuando llegamos a Nepal todo el mundo estaba celebrando el Dashain, que dura 15 días y es la mayor fiesta hindú de Nepal. Durante el festival se sacrifican cientos de miles de animales (son muchos, ¿no?, pero así lo dice la guía... y quién soy yo para cuestionarlo), todo el mundo se pinta el tika, ese punto rojo en la frente que representa el tercer ojo, punto que a veces se expande considerablemente hasta cubrir toda la frente y sobre el que se pegan flores, granos de arroz y más cosas. Muchos, además del tika, se ponen ramilletes de hojas de cebada en la oreja, algunos con más fortuna y gusto que otros, que parecen lechugas andantes. En las entradas a los pueblos se colocan columpios en grandes estructuras de bambú y se ven unos cuantos abrazafarolas que indefectiblemente quieren entablar conversación con nosotros. Como todo el mundo está de celebración, hay muchos comercios, restaurantes y hasta hoteles cerrados.

Carreteras vacías y ramilletes en el pelo
Los pobres nepalies no lo están teniendo nada fácil este año; muchos animales van a tener que sacrificar para que los dioses les vuelvan a sonreír. Además de los terremotos de abril y mayo que dejaron 9.000 muertos y 900.000 casas destrozadas, últimamente está sufriendo un problema de desabastecimiento de, entre otras cosas, gasolina, que ha dejado las carreteras medio vacías y los cielos limpios. Un problemón para ellos, aunque para nosotros los ciclistas sea una bendición.

Resumido, los habitantes del Terai, las tierras bajas del sur con buenos lazos de vecindad con India, no están satisfechos con la nueva constitución, que según ellos les quita influencia o poder frente a los habitantes de las tierras altas de Katmandú. A partir de este punto, parece que hay dos versiones. La conspirativa, que el gobierno nepalí y prácticamente todos los nepalies apuntan, acusa a India de bloquear las fronteras. No se sabe muy bien para qué, pero ellos dicen que es para anexionarse el Terai, algo que particularmente se me antoja bastante increíble. Según la otra versión, algunos grupos del Terai han decidido presionar al gobierno bloqueando las fronteras con India, ciertamente con la aprobación del gobierno indio, impidiendo así que no solo la gasolina sino también muchos otros productos lleguen a Nepal. Llevan así tres meses y no tiene pinta de arreglarse.

Muchos "restaurantes" de la carretera funcionan aún con leña
Se puede encontrar algo de gasolina en el mercado negro a más del doble del precio habitual, y además algunas gasolineras sirven combustible, probablemente de origen chino, unos días a autobuses, otros días a motos, etc, creando unas enoooormes colas del vehículo que toca ese día. Al mismo tiempo hoteles y restaurantes se han quedado sin gas para cocinar y ofrecen menús limitados cocinados con leña, mientras la gente hace colas hasta de dos días para conseguir gas, hay cortes de electricidad, no hay abonos ni pesticidas para la agricultura, ni materiales de construcción para reconstruir las casas derruidas durante los terremotos, etc. Un desastre.

Pedaleando por las cuasi desiertas carreteras del Terai llegamos al subtropical parque nacional de Bardia, conocido por sus rinocerontes, tigres, elefantes y bichejos similares, algunos de los cuales tuvimos la dicha de ver, sobre todo teniendo en cuenta que en esta época del año la hierba es de dos metros de altura. Desgraciadamente, el animal que más vimos con diferencia, y de más cerca, fue la sanguijuela, que hasta nos hizo unas cuantas sangrías gratis, y no de las que se beben, salvo que seas Drácula, claro.

A alguien le apetece una sangría?
Después de las montañas del norte de India el Terai es un juego de niños para unos aguerridos ciclistas como nosotros. Es increíble que a menos de 200Km a vuelo de pájaro se encuentren los picos más altos de la Tierra, y nosotros estemos pedaleando, en un clima primaveral, a 100-200m de altura. Lo que nos va a tocar subir....

A pesar de la selva y las montañas, el mejor paisaje es, como casi siempre, la gente. Sus ropas tradicionales, los gorros que muchos hombres llevan, se combinan sin recato con forros de The North Face o plumis de Columbia (falsos, claro). Hasta las abuelas combinan sus faldas "étnicas" con la mochila, el plumífero y las zapatillas de deporte, en una estupenda simbiosis del Nepal tradicional y montañero.

Sus costumbres relacionadas con la higiene personal dan mucho juego. En esta zona la gente se ducha en las fuentes de la carretera, ellos en ropa interior, y ellas, con naturalidad y habilidad, envueltas en un sari que enrollan y desenrollan conforme avanzan con la "ducha". Algo bastante menos agradable es el repetitivo y extendido concierto de carraspeos, toses y gargajos, sorbetones, moqueadas y escupitajos, en el que toda la población nepali participa con vigorosa dedicación todas las mañanas, luchando para aclararse las vías respiratorias y, con la insistencia y la energía con la que lo hacen, probablemente hasta el último alvéolo pulmonar. Según el folleto informativo de un hotel, a los nepalies les parece "más que extraño" que los extranjeros no lo hagamos.

Dal bhat, día sí, día también
Otro espectáculo, digamos, poco edificante, es el de ver comer a los lugareños el dal bhat, ese plato consistente en arroz, sopa de lentejas y curry de vegetales que gran parte de los nepalies comen diariamente. Porque el acto de deglutir la comida se hace con la mano derecha (la izquierda, como todos sabemos, está reservada para otros menesteres) y no es con un par de deditos, no, sino con toda la mano, la mano entera, que se pringan hasta la muñeca. Echas un poco de la sopa de lentejas sobre el arroz y con la mano empiezas a revolverlo todo para que se mezcle bien. Coges un buen puñado de la masa semilíquida que se forma y al buche. No todos los granos entran en la boca, claro; bastantes se quedan alrededor de ella, que además chorrea con la sopa, igual que la mano. Lo que sobra se tira con un hábil golpe de muñeca de nuevo al plato, en el que nuevamente metes la mano hasta el codo para masajear el arroz. Entre bocado y bocado o eructas sonoramente o te aclaras no menos ruidosamente las fosas nasales y la garganta hasta la altura del duodeno inferior. También están los que se suenan con los dedos (sí, esos que después removerán el arroz) y el producto del resoplido cae en el suelo del restaurante. Nadie se inmuta, obviamente, excepto algún cursi y remilgado extranjero como un servidor.

Huevos fritos????
La comida es siempre fuente de anécdotas. A pesar de la precaución de escribirle al camarero de turno el pedido de comida cuando nos mira con cara de no haber entendido gran cosa de lo pedido, a veces la creatividad gastronómica nos sorprende. Como aquella vez que los huevos fritos que había pedido llegaron en forma de dos huevos duros y, posteriormente, fritos.

Tras el tranquilo Terai comenzamos a subir poco a poco hacia los Himalayas. Tras hacer parada y fonda en el bonito pueblo medieval de Tansen, llegamos a la segunda ciudad del país.

En Pokhara disfrutamos de unos días de relax, descanso y, por qué negarlo, copiosa zampada en sus german bakeries y sus restaurantes de gastronomía de medio mundo, además de actividades prácticas como extender el visado y organizar el trek por el Manaslu, todo ello con tiempo primaveral. Coincidimos también con Max (www.x-sound.at), un ciclista austriaco con muchos kilómetros en sus piernas.

Si no puedes subirlo....rodéalo
Aunque nos hacía ilusión volver a hacer el circuito de los Annapurnas, que habíamos hecho doce años antes, la existencia de nuevos tramos de carretera junto al camino nos desinfló un poco y, siguiendo el consejo de un guía brasileño que conocimos en Uzbekistán, nos decidimos por el circuito del Manaslu, que supuestamente es lo que era el de los Annapurnas hace 30 años. Desafortunadamente éste es obligatorio hacerlo con guía y, desde el terremoto, se aseguran de que te acompaña durante todo el trayecto. A pesar de la pereza que nos daba ir acompañados continuamente por alguien con el que a buen seguro iba a ser difícil de pasar de la conversación más básica -como así fue-, nos decidimos. Además el final del circuito del Manaslu coincide con el principio -o final- del de los Annapurnas, lo que nos ofrecía la opción de unir uno con otro.

Aparcadas las bicis en Pokhara, las nueve horas de bus hasta el comienzo del trek fueron bastante peñazo, especialmente la última parte en la que más que en un bus, nos sentíamos en una coctelera.

El guía era buen tipo y voluntarioso, pero un inútil, un alcohólico que se tajaba todas las noches, que farfullaba un misérrimo inglés (lo farfullaba porque parece que parte de su dentadura era postiza), sin conocimientos, incapaz de contestar las más básicas cuestiones sobre la zona, ya fuera sobre fauna, vegetación, política, costumbres, etc. Para colmo tenía vértigo, alucina, y miedo a las serpientes.

Comienzo del circuito del Manaslu, pura selva
El epicentro del primer terremoto (ortoquake, como decía nuestro creativo guía, gran palabra que debería adoptarse sin dilación por el diccionario de Oxford) se encontró al noroeste de Katmandú, no muy lejos de la zona del Manaslu y todavía se ven muchos edificios en ruinas. El camino, además, está interrumpido por corrimientos de tierra y hay que desviarse en más de un tramo. Por lo demás el paisaje es espectacular, virgen, el majestuoso Manaslu de 8.163m, el octavo pico más alto del mundo, siempre atento a tu paso. Al principio del camino comenzamos rodeados de verdes y frondosas montañas, para estarlo de otras blancas y rocosas más adelante. Verdes, rocosas o blancas, todas son enormes, pues uno camina entre los 1.000 y los 5.000m de altura y en todo momento tiene picos de 7.000 y 8.000m delante.

Y como decía antes, las montañas son solo parte del paisaje. Los pueblos y sus gentes son un espectáculo, en algunos casos pareciera que uno ha retrocedido siglos al ver las casas de piedra o de adobe (también están los que todavía viven en tiendas de campaña, pues no han podido reconstruir sus casas tras los terremotos), el transporte a lomos de mulas y yaks..., o de hombres y mujeres, sus artesanales aperos de labranza, su agricultura de subsistencia. Los niños, que nos encontramos a patadas, muchos haciendo labores más propias de adultos, no parecen desnutridos, pero la mayoría están más que sucios. Bueno, de vivir en sus condiciones yo estaría igual o peor; a ver quién es el guapo que se lava en estas aguas congeladas.

Cierto que el circuito del Annapurna tiene tramos de "carretera"
Al final nos decidimos por unir los circuitos del Manaslu y de los Annapurnas, lo cual fue un acierto. Como comentaba más arriba, entre terremotos y problemas constitucionales, los pobres nepalies no están recibiendo apenas turistas. Alguien nos dijo que este año el número de visitantes a los Annapurnas es un 20% de los de otros años, así que pudimos disfrutar del circuito a nuestras anchas. La infraestructura hotelera es bastante mejor que en el Manaslu. Por ejemplo, antes del Larke La (el paso a 5.145m del Manaslu) duermes en un chamizo sucio, sin suelo, con un baño común asqueroso, por el que pagas más que en cualquier otro hotel del circuito; antes del Thorung La (el paso a 5.416m de los Annapurnas), la habitación tiene baño privado, el hotel tiene hasta pastelería y cenas ambientado con música de jazz. En general en los Annapurnas los hoteles son o muy baratos (menos de 1 o 2 €) o hasta gratuitos, a cambio de cenar y desayunar en el hotel, que es donde te clavan (relativamente, claro). Obviamente el circuito ha perdido en autenticidad, ambiente de montaña y de aventura, pero los paisajes siguen siendo una pasada, los pueblos están más cuidados y la experiencia es más cómoda y agradable. Lo que nos hacía falta viniendo del Manaslu.

A pesar de haber muy poco turismo, coincidimos con gente de la tierra: Montxi y Marta, Marc e Igor, Nuria y Nuria, Sergio y Beatriz, Ángel, con quienes pasamos buenos ratos en el Manaslu unos, en los Annapurnas otros.

Circuito del Annapurna, época de trajín de paja
Lo más duro de los Annapurnas no es ni el Thorung La, ni el frío, ni las largas caminatas, ni nada de eso. Lo peor es la odisea de salir de Jomsom hasta Pokhara en bus: cuatro horas para hacer 33km, en total ocho horas de bus para hacer 72km. ¡Viva la bici!

Tras un corto pero merecido descanso en Pokhara, seguimos dirección este sobre la bici. Entre Pokhara y Katmandú pasamos un par de días en un bonito pueblo newari con nombre de ambientador doméstico, Bandipur. Ahí coincidimos con Peter (http://peteronthemove.wordpress.com/), un gran viajero holandés que Bego conoció en Pakistán (y yo posteriormente en China), hace unos diez años. Peter, tras más de un año pedaleando por Europa ha decidido que lo de viajar en bici no es para él y ha decidido "colgarla" y volar a Nepal de mochilero.

Habiendo recalado en Katmandú unas cuantas veces en el pasado, esta vez nos lo tomamos con tranquilidad. Aunque visitamos algún que otro templo, estupa, gompa, palacio y demás lugares turísticos, nos dedicamos sobre todo a pasear, tomar cafés (acompañados de aceptable bollería/pastelería) y zanganear por el muy turístico barrio de Thamel, entre una vorágine de tiendas de ropa de montaña (la mayoría copias), de pashminas, artesanía y alguna cosa más. Nuestro ocioso caminar debía inspirar algo a los vendedores de hashish, que se empeñaban en ofrecerme continuamente su producto.

Templo de Katmandú
Nuevamente -y con más razón, monumentos aparte, en mitad de una ciudad no especialmente bonita- el principal espectáculo es la gente, pero en este caso más los guiris que los lugareños. La fauna extranjera incluye desde los que han estado en Marte durante las últimas tres o cuatro décadas y lo único que recuerdan de la Tierra es la moda hippie mientras caminan descalzos por las cochambrosas calles de Thamel, pasando por los "I am so cooooool, man" con sus modelos y peinados superfashion y que no dejan pasar un espejo sin mirarse, hasta los que entre bar y bar de Thamel parece que se suben un par de ocho miles, tan equipados como van. Todos ellos seguramente pensarán algo similar sobre nosotros...

Y en Katmandú termina la primera parte de nuestro periplo nepalí. Aquí dejaremos aparcadas las bicis dos meses mientras pasamos seis semanas en Rishikesh "yogueando" y después un par de semanas en Donosti..., poniéndonos hasta las cejas de pintxos y otras delicatessen.

Un abrazo
Me emocioné al ver el primer cartel publicitario en Nepal. Una mujer presumiblemente ingeniera al frente de dos hombres. Y una mujer elegida presidenta de Nepal. Posteriormente leí las noticias que el País publicó en noviembre sobre la explotación de niñas en Nepal. 38% de niñas explotadas. 38%. 38%
El Terai. Campos cultivados a ambos lados de la carretera, casitas, árboles, y todo cuasi plano.
Contentos de no tener que viajar en autobús
Las ONG promoviendo el uso del váter
Otro país con herencia anglosajona en los uniformes escolares.
Carne fresca
La mochila de Hugo -de 38 litros- en un descanso, entre los bultos de los porteadores..
Circuito del Manaslu
Parte del circuito lo compartimos con dos monjas que se dirigían a un monasterio de la zona
Ruedas de plegaria. En el budismo tibetano, hacerlas girar tiene el mismo efecto que recitar las plegarias que se leen en dichas ruedas.
Algunos pueblos por los que pasamos tenían mucha actividad. Es el momento del año en el que se recolectan muchos cereales, que rápidamente secan y almacenan.
Con el Manaslu detrás, no podía ser de otra manera. Hermosa montaña, ¿verdad? La foto está sacada desde los 4400m de altura y todavía se ve enorme. Otros 3.700m hasta su cima.
Alrededores del templo Pungyen. Subimos a este lugar para aclimatarnos y ver la mejor vista posible del Manaslu. Con Marta y Montxi. Glorioso día.
Regresando a Samagaon
Hace un mes hubiera escrito que esto era un yak. Pero he conocido que el yak hembra se llama nak, y que existe la mezcla de vaca y yak, dzo, y de toro y nak, dzomo. Vamos, que ni idea de lo que era! ;)
"Blue sheep", ovejas azules, la comida preferida de los leopardos de las nieves, que no se dejaron ver
El collado del Larke, a más de 5100m, el punto más alto del circuito del Manaslu.
Al otro lado del paso del Manaslu, siguiendo la morrena de uno de tantos glaciares.
Bimtang, último lugar donde pernoctamos en el circuito del Manaslu. Un lugar hermoso rodeado de montañotas.
Ventanas de pequeños pueblos del circuito del Annapurna
Vistas a los Annapurnas
Tanto el circuito del Manaslu como el del Annapurna, tienen estos regalazos. Lugares donde parar cada pocos kilómetros con vistas a los increíbles Himalayas nepalís. Que si un té ahora, que si un arroz, que si....
Circuito de los Annapurnas
Yaks (?) pastando
Reciclando. Ruedas de plegarias originales.
Otra forma de rezo en el budismo tibetano, ofrendas a los espíritus de los caminos por donde pasábamos.
Mulas porteando en el circuito de los Annapurnas
Diferente arquitectura en los pueblos del reino de Mustang. Es una región para la que también hace falta permiso especial que no teníamos, pero a la zona sur se puede acceder sin problemas.
El reino de Mustang, inaccesible hasta 1964
Ey! Segundo fósil que me encuentro, y de nuevo en el lugar menos esperado, en el reino de Mustang. Y éste sí que me lo llevo, después de leer que es un fósil negro del Kali Gandaki, el río que veis detrás, se cree que tienen entre 40 y 165 millones de años, y se las venera, tomándolas por representaciones del dios Vishnu.
Igual que no conocíamos India por sus manzanas, tampoco Nepal por sus mandarinas. Y qué buenas!!

Caóticas calles de Katmandú.
Un piojillo menos
La famosa estupa de Swayambhunath en Katmandú con los ojos de Buda y las cejas pintadas. Y lo que parece una nariz es el número "uno", y por tanto símbolo de unidad de Nepal.
Colas de motos, coches, autobuses y camiones para gasolina, de bombonas para gas, y de recipientes para keroseno
Todavía pueden verse los daños del terremoto en muchas partes de Katmandú.
Monjes modernos haciendo turismo por Katmandú, y en este caso con monjas (las dos de la izquierda). No es habitual.
Dos monjes del templo de oro de Patán, cerca de Katmandú, pasando el rato.
Abueletes nepalís con el tradicional gorro.
La plaza de Patán, ciudad en el valle de Katmandú, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco
Más Patán, también tocado por el terremoto
¡Cinco! Un transporte bien aprovechado...

7 comentarios :

  1. Que me ha gustado veros por los cielos claros de Nepal.
    Cada dias haceis mejores fotos.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bego, que es una artista..., porque entre otras cosas seguimos con la cámara principal estropeada y está haciendo fotos con la de mentirijillas...
      Un abrazo

      Eliminar
  2. Nepal es hermosa! Me gusta tu descripción de la comiendo :-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí!, a pesar de la forma de comer de algunos, Nepal sigue siendo una maravilla :-) y volveremos en febrero. Alguna opción de verte por ahí? O estás trabajando mientras otros estamos de vacaciones? ja, ja, ja

      Eliminar
    2. jaja, sí tengo mucho trabajo ... pero en la primavera voy a hacer un viaje en kayak de mar, y luego en bicicleta en el Pamir en verano. en 2017 voy a volver a América del Sur durante mucho tiempo. ¿Te veo ahi?
      Sorry if my spanish is poor, it has been a long time, I have to think very hard. :-)

      Eliminar
  3. Buenoooo...se ha hecho esperar el capítulo nepalí, pero ha merecido la pena. Como siempre, todo un placer viajar con vosotros, aunque ahora sea "literariamente". Un abrazo y...espero veros en el Bikes Country con un pintxo en la mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mister, habrás visto que he puesto un link a tu vídeo sobre los Himalayas..., que estará recibiendo millones de hits, claro...:-) Abrazo

      Eliminar