9 de julio de 2016

China: de Shangri La a Xian

En mis últimos años de vida profesional, mis visitas a China eran a la superpoblada Shanghai y a las en buena medida industrializadas, degradadas y también superpobladas provincias limítrofes. Como en cualquier gran ciudad del mundo, sus pobladores no se distinguen por llevar una vida relajada, distendida y ser abiertos y dicharacheros para con los extranjeros. Sin querer dramatizar, lo cierto es que las visitas a las zonas fabriles de la región me recordaban más a las oscuras novelas de Dickens que a la brillante China de las pinturas clásicas, llena de naturaleza, armonía y delicadeza.

Sichuán, especialmente su parte suroeste, ha sido, junto con Yunán, el reencuentro con la China amable y, más importante, con los chinos. Paisajes enormes, naturaleza desbordante, montañas y más montañas, ríos caudalosos, pueblos pintorescos con gentes sonrientes, amistosas y generosas. ¿De verdad estamos en China?



Como muestra, una anécdota. En una ocasión, mientras esperaba a Bego en la carretera y hacía algo de mantenimiento a la bici, una pareja me obsequió con tres melocotones (uno de ellos pelado, para que no lo manchara de grasa), otra persona me dio dos botellas de agua, otra un huevo de los cien años (esos que pasan no sé cuánto tiempo macerando, su interior se hace gelatina... y no saben especialmente bien), otra una botella de Fanta. Todo en un plazo de un máximo de media hora. Dudo muy mucho que algo así ocurra en una ciudad como Shanghai.

Segundo puerto entre Shangri La y Litang, sin asfaltar
Salimos de Shangri La en dirección a Litang. Nos encontramos con una carretera perfecta, a estrenar y sin tráfico, buen tiempo, rodeados de bosques y montañas absolutamente gloriosos. En los pueblos la gente, en su mayoría de origen tibetano y etnias, ejem, parecidas, saludaba y hasta intentaba, -sin éxito, claro- entablar conversación. En mi siguiente vida aprenderé chino.

La razón de que no hubiera tráfico se debía a que la magnífica carretera se convertía, tras 112 estupendos kilómetros, en un camino, aunque lo cierto es que no era tan malo. A pesar de estas excepciones, la mayoría de las carreteras chinas se pueden definir técnicamente bajo el calificativo de "carreteras del copón". Buenos y nuevos asfaltos, desniveles graduales que le permiten a uno subir cualquier puerto por elevado que éste sea y en muchas de ellas hasta un arcén -no siempre limpio de grava o cristales, pero bueno- por el que circular apartados de los cafre-conductores.
Casas tibetanas que parecen fortalezas

En el oeste de Sichuán seguimos por zona tibetana. Todas o casi todas las casas lo son, pero son diferentes a las que veíamos anteriormente. Si antes eran imponentes en su tamaño y todas encaladas, ahora son menores, de piedra, grises. Pero la gente sigue siendo igual de amable.

Pasamos por varios puertos de montaña de más de 4.000m. Entre la aclimatación, sus carreteras y nuestras (poderosísimas :-)) piernas, ningún problema.

Litang, a unos 4.000m de altura es una de las ciudades a más altura del mundo (por ejemplo, 400m más alta que Lhasa). Entre eso y que está situada en mitad de la nada, da la sensación de ser la "última frontera". El ambiente es puramente tibetano, algo que se ve en sus caras, en su vestimenta y en su religión, con monjes y peregrinos por doquier. La ciudad tiene su importancia, pues además de mi celebrada visita, aquí nacieron, entre otras personalidades, el séptimo y décimo Dalai Lama, convirtiéndola en un gran centro de cultura tibetana.

La casa del séptimo Dalai Lama, en Litang, a 4000msnm
En alguna carretera cercana a Litang vimos a los peregrinos que van literalmemte arrastrándose en su camino hacia Litang, Shangri-La, Lhasa o donde sea (no les preguntamos). Cubiertos con un grueso delantal y sus manos con guantes o placas de madera se tiran al suelo, se incorporan colocando los pies en el punto al que han llegado sus manos, desde donde se vuelven a arrastrar y así en plan lombriz hasta llegar a su destino. Sin comentarios.

Otro grupo de peregrinos lo constituyen las decenas de cicloturistas chinos que diariamente nos cruzamos en la carretera, todos cubiertos de pies a cabeza, todos en dirección contraria a la nuestra pues se dirigen a Lhasa. Se calcula que son unos 100,000 cicloturistas al año los que hacen este viaje de (generalmente) Chengdú a Lhasa, de unos 2.400km, muchos de ellos con pobre equipo y peor condición física. A veces les vemos al caer la tarde, empujando la bici al principio de una larguísima cuesta, sin poblaciones cercanas y ellos sin tienda... ¿Dónde duermen estos chicos?


Encuentros en la cumbre. Último puerto de 4.400m antes de Chengdú
Si exceptuamos a unos cuantos escolares que van al cole en bici, los cicloturistas son prácticamente los únicos ciclistas que vemos, algo impactante en un país en el que hasta hace cuatro días todo blás se desplazaba en bicicleta. Los chinos han adoptado el coche con ganas y colectivamente han perdido el sentido de circular junto con bicis. (Menos mal que muchos han adoptado un intermedio: la bici eléctrica, que se vende hasta por solo 200€.) Muchas de las calles de nueva construcción ya no ofrecen carril bici... una lástima y ya se arrepentirán.

Desde Litang dudamos mucho entre seguir hacia el norte (hacia Seda, Xiahé, Lanzhou) o hacia el este (Chengdú, Xian). Hacia el norte esperábamos encontrar los espacios abiertos propios de la meseta tibetana y más diversidad étnica, pero ya conocíamos la zona de Lanzhou; hacia el este, nos adentrábamos en la cuna de China, con todos sus pros culturales y monumentales y todos sus contras de tráfico y masificación. Al final nos decidimos por el camino oriental y el resultado ha sido, inicialmente por Sichuán, estupendo, en buena medida por la naturaleza a la que antes hacía referencia. Más adelante, cuando llegamos a la provincia de Shaanxi, las carreteras se hicieron más aburridas, las gentes más monótonas (ya no hay etnias diferentes a la Han... y todos son pequeños y sienten la imperiosa necesidad de medirse conmigo) y el calor más presente y pegajoso. Todo bien, pero no tanto como antes.
Bajadas y subidas de gradientes mínimos en todas las nuevas carreteras

Bajando de las montañas a la ciudad de Yijiang, en un larguísimo y espectacular descenso, a Bego le picó un insecto en el puente de la nariz. La reacción alérgica fue inmediata y muy virulenta (los insectos chinos parecen ser de cuidado), lo que provocó que nos fuéramos directos al hospital. Y ya van unos cuantos... por suerte hasta ahora con buenos resultados finales. Nuevamente, nadie hablaba inglés, de tal forma que nos apoyamos en el Traductor de Google, telefónicamente en mi amigo Xiao Hui y, posteriormente, en un par de profesoras de inglés. Para más seguridad pasamos la noche en el hospital, que, incluyendo tratamiento y medicinas resultó poco más caro que un hotel.

A las profesoras les preguntamos a qué se debe el pobre nivel de inglés de los jóvenes chinos. Todos ellos lo estudian, pero generalmente no saben decir prácticamente ni una palabra. Una indicó que tiene 64 alumnos en una clase y 60 en la otra. Como para aprender algo.
El monasterio de Tagong, una preciosidad y muy activo

Abandonamos la carretera principal para, dando un rodeo, visitar el bonito monasterio tibetano de Tagong y el condado de Danba. Carreteras vacías en un ambiente rural, con pueblos clasificados entre los más bonitos de China no recuerdo muy bien por quién y unos paisajes dignos de foto merecieron el esfuerzo.

La bajada del puerto hasta la carretera principal es una maravilla, yo diría que mejor que la famosa del salto del tigre. Ayuda seguramente al "good feeling" el que sea una bajada interminable. Perdiendo dos mil metros de altura en unos 50 kilómetros, la carretera discurre junto a un precioso río de montaña, entre escarpadas paredes de piedra, mientras abandonas momentáneamente la meseta tibetana para adentrarte en un lujurioso bosque tropical. Las casas tibetanas vuelven a estar encaladas en blanco.


Por el condado de Danba
La comida sichuanesa se conoce, entre otras cosas, por ser picante, tan picante que probablemente sea la precursora del napalm. Además de la guindilla, cocinan con un aceite de pimienta sichuanesa que te deja adormecida la lengua, aceite seguramente inventado por los guardias rojos para torturar a sus víctimas. Por suerte muchos cocineros se lo saben y, para evitar el engorro de tener que llevar a sus clientes extranjeros al hospital con una perforación estomacal aguda, preguntan previamente cuánto picante estamos dispuestos a soportar. El resultado es, de cualquier manera, estupendo, y hemos seguido comiendo fenomenalmente en esta parte de China. Reconozco avergonzado que en alguna ocasión de extrema necesidad, claro, hemos comido unos instant noodles... Esos de los que los chinos comen nada menos que 40.000 millones de paquetes al año.

Un último puerto de entidad (4.480m) antes de abandonar la meseta tibetana nos brindó otra bajada gozosa de más de 2.500m hasta la zona de Chengdú. De camino pasamos por Wolong, el epicentro del último gran terremoto chino, de 8.0 grados, que en 2008 mató a unas 70.000 personas. Casi todo reconstruido, la vida sigue.
Pueblo devastado por el terremoto, conservado como "museo vivo"

Siendo una ciudad de 14 millones de habitantes y sin ningún atractivo especial fuera de sus famosos pandas y su incendiaria gastronomía, optamos por no ciclar hasta Chengdú, aunque hicimos, eso sí, una visita a la ciudad en tren desde la bonita y muy turística Dujiangyan, a unos 60km de distancia. La excusa, además, fue visitar a Lander, un cicloviajero que pedalea entre Tolosa y Tokio (tolosatokyo.blogspot.com) y que se encontraba temporalmente en Chengdú... en casa de otros cicloviajeros. Si es que somos batallón.

Desde Dujiangyan decidimos seguir camino por la "media ladera" sichuanesa hasta Dongyuan esto es, ni por la planicie que nos imaginamos repleta de gente y tráfico, ni por la más alta montaña, de la que ya habíamos tenido suficiente para una temporada. En esa zona intermedia de bosques y ríos, de montañas y embalses, que de todas formas tenía buenas y abundantes cuestas, causamos sensación entre los lugareños. No tanta sensación como el terremoto de 2008, que también desoló esta zona, pero mucha. Estamos bastante seguros de que la gran mayoría de la gente no había visto un extranjero ni en pintura. Y cuando ese extranjero va en bici, no es precisamente lampiño (alucinan con el pelo de los brazos) y mide casi dos metros las sesiones fotográficas se hacen interminables. No es por nada, pero si unas cuantas semanas de ser el centro de todas las miradas es un peñazo, ser famoso de verdad como un actor de Hollywood o un jugador de fútbol, tiene que ser un auténtico horror. Aunque cobren lo que cobran.


Desde Guangyuan hasta Xian combinamos carreteras vacías por partes verdes y despobladas -como la bonita reserva natural de Foping- con carreteras que parecían autovías llenas de camiones. Y así, pedaleando, pedaleando, llegamos a Xian, la capital de la provincia de Shaanxi, histórica capital de China y hogar de incontables monumentos dentro y fuera de sus murallas, entre ellos los famosos Soldados de Terracota, que siguen en el mismo sitio donde los dejé la última vez y sobre los que poco se puede decir que no sepáis ya. Nosotros, alojados en un cuatro estrellas gracias a los ya difuntos puntos de Iberia de Bego, nos dedicamos en cuerpo y alma a dejar sin existencias el buffet de desayuno del hotel. Y así, entre montañas de bollería, lujuriosas bandejas de quesos y embutidos, frutas, cereales y mil otras viandas que sin remisión desaparecen por nuestras fauces, os dejamos hasta la siguiente entrada.

Un abrazo
Entre Shangri La y Litang, gozándolo
En esta época del año se echan de menos los Pirineos, así que la dosis de meseta tibetana vino muy bien para calmar la morriña.
Montañotas por doquier entre Shangri La y Litang
Y así es como "fabricamos" agua
El puerto más alto que hemos subido y subiremos por ahora en China, a unos 4700 metros.
Y toda subida.... tiene su bajada.
vvv
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Dos de las tres noches que nos tocó acampar por encima de los 4300 metros, tuvimos la suerte de encontrar pequeñas construcciones abandonadas que nos sirvieron de refugio. Todo un lujo.
La falta de asfalto nos obligaba a bajar despacio y disfrutar aún más del paisaje.
Algunas casas tibetanas funcionan como casas de huéspedes, y si lo pides te cocinan por poco dinero, como en este caso. Elegimos un casoplón tibetano y el interior no nos defraudó. Im-presionante, y compartiendo nuestro tiempo con ni más ni menos que cinco generaciones. En la foto la bisabuela cuida de la nieta, mientras madre y abuela nos cocinaban, y la tatarabuela se unía a la hora de la telenovela. En algunas cosas no somos tan diferentes.
Hermosos pueblos tibetanos
En esa parte de China el transporte más utilizado es la moto. Van abrigadísimos, cargados hasta arriba, y con altavoces en el manillar con todo tipo de música. Atención a los guardabarros por quintuplicado.
Pasamos por un pueblo donde los niños celebraban algún festival y para la ocasión se habían vestido "de chinos".
Aquí tan a gustito
Tramos de kilómetros y kilómetros por encima de los 4000 metros, con cielos limpísimos.
A una jornada de Litang, por encima de los 4000 metros, nos alcanzó una tormenta que vimos venir con tiempo, pero que nada pudimos hacer por no haber lugar para resguardarnos. Esas son las fotos que nunca veis, de repente todo negro, fuerte granizo en horizontal golpeándonos la cara, sin sentir manos y pies a pesar de llevar todo el kit, cubrebotas y guantes de invierno incluidos... Suerte que paró con los últimos rayos de sol a tiempo de que montáramos la tienda.
Nos ha quedado muuuucho por explorar por esta zona, mirad que picos más imposibles!
Último puerto de más de 4000m antes de Litang. Perdimos la cuenta de cuántos fueron.
Desde las alturas... camino de Litang
En la recta final a Litang. Decenas de tambores de rezo bajo esas enormes estupas, y gente haciéndolas girar.
Puerta tibetana
Le pregunté a la señora del hostal (a la izquierda) dónde podía ir a quitarme los puntos del brazo, que ya habían pasado dos semanas para cuando llegamos a Litang. Me llevó a la farmacia de la esquina, el farmaceútico sacó una banqueta, me puso el brazo sobre el mostrador.... y puntos fuera! Lo mejor, 0,70 euros.
En Litang, el templo principal tenía una atmósfera muy especial. Hay viajeros que dicen que esta ciudad les parece más tibetana que Lhasa. Este templo lo era y mucho. De los que puedes pasar el día entero como si estuvieras en una sesión maratoniana de cine. Constantemente entraban y salían tibetanos ataviados con ropas tradicionales, con sus rosarios de rezo, sus ruedas de rezo, recorriendo todo el recinto en el sentido de las agujas del reloj y siguiendo cada uno sus ritos. La mujer de la foto se postraba y levantaba continuamente a la entrada del salón con el tambor gigante. Gimnasio para qué?
A la entrada de uno de los templos de Litang, de charleta
La salida de Litang, de nuevo no pintaba bien. La verdad es que el tiempo no nos ha acompañado, pero bien.
A estas alturas no podían faltar los yaks
Se te queda atrapado un bicho en el puente de las gafas. Estás bajando una cuesta a toda pastilla, viene una curva y necesitas las dos manos para frenar. Mueves la cabeza para que salga, el bicho se pone nervioso, y zas! notas como clava su aguijón y te inyecta el veneno. Por fin consigues parar, y en segundos te das cuenta de que algo va mal. Muy mal. La cara te duele mil y los ojos se te están cerrando. Te dejas caer a toda la velocidad que puedes hasta alcanzar a Hugo, quieres transmitirle la urgencia que sientes para que te ayude a llegar a un hospital cuanto antes, y qué le dices? Que te pica mil el chichi! Ja, ja, ja! La erupción que apareció por todo mi cuerpo empezó ahí, siguió por la cabeza y espalda, y finalmente extremidades. El puerto acababa en un pueblo donde siendo China seguro que había un hospital, y allí pedaleamos. Cuando llegamos apenas podía respirar o estar incorporada del terrible dolor abdominal. Fueron rapidísimos y en nada estaba en una cama, con oxígeno, chequeos todos, medicamentos en vena, y pasando una noche bajo observación. Al día siguiente, como una rosa. Un choque anafiláctico que podía haberme ocurrido en casa igual-igual. Supe que no era nada grave cuando con todavía aún el careto hinchado, venían las enfermeras y me pedían que me incorporase y me quitara el oxígeno para hacernos selfies.
La plaza del pueblo del hospital, Yijiang, donde gran parte de la población vestía con ropas tradicionales.
Las mujeres se trenzan el pelo con una tela roja, y luego se recogen la trenza alrededor de la cabeza en forma de diadema, algunas con más de una vuelta! Y los pendientes, siempre llamativos.
Si os acordáis China hizo una campaña muy fuerte para las olimpiadas que celebraron para corregir todas las traducciones al inglés, que solían estar en las fotos de todos los viajeros. A esta zona del país no llegó aquella campaña...
A veces se les va la mano con lo de que los puertos tengan gradientes suaves. Este puerto tenía tres bucles como el de la foto, todo un crimen.
El bello interior del templo de Tangong.
Los alrededores del templo de Tangong.
Estos dos y su radio, gestionaban el tráfico de acceso a una carretera que por obras únicamente tenía un carril. Os imagináis los atascos?
A la salida de Tangong. De la colección "Sí, otro día más con lluvia". Un canadiense que vivía en Shangri La nos dijo que parecía que este año se había adelantado la temporada de lluvias.
Hemos visto muchas aves pero todas huidizas, aunque los cantos de algunas nos acompañan por todo China. Quién iba a decir que había tantos cucos por el mundo! Y aquí, como en los Pamires, nuestras amigas las marmotas (creemos).
En el condado de Danba las principales ciudades estaban muy desarrolladas y como fuera de lugar entre tanto pueblo de casitas monas y torres. Había mujeres que no renunciaban a sus ropas tradicionales, pero las menos. Cuánto les durará?
El condado de Danba
Torres del condado de Danba
Un pasatiempo muy común por toda aquella zona era el bordado de plantillas con punto cruz!
Kilómetros de casas encaladas con esquinas y marcos rojos, y diseños de símbolos budistas asociados con la buena suerte: esvásticas, conchas marinas, la rueda de ley, el nudo eterno,....
Las "cuatro hermanas", así es como se conocen a estos cuatro bellezones, la mayor de más de 6000 metros

Tejado
Hemos visto y seguimos viendo cantidad de mis árboles favoritos, el ginkgo biloba. Aquí os dejo la foto, si queréis ver un árbol entero, y por si no hicisteis herbolario en EGB, en Cristina Enea hay uno precioso, en el Parque de Aiete otro, y plantaron nuevos hace pocos añitos en la calle San Martín enfrente de la catedral del Buen Pastor!
Los veganos están de suerte en Sichuan! Es increíble la variedad de verduras y hortalizas que se consumen, y baratísimas. Por suerte están casi siempre expuestas, y nos facilita el pedirlas.
Dujiangyan y su sistema de regadío patrimonio de la humanidad. Qué puentes!
Aquí y allá nos encontramos con comunidades musulmanas. La de Dujiangyan contaba con una preciosa mezquita de colores brillantes en un rincón muy tranquilo de la ciudad antigua.
Patrimonio de la Humanidad de la Unesco
La mayoría de los restaurantes chinos pasan por una inspección. Nunca nos acordamos de buscar el cartelito antes de sentarnos en un restaurante, y es siempre cuando estamos esperando lo que hemos pedido, que lo vemos. Y 90% de las veces es C!! Hasta ahora, cero intoxicaciones de mención.
A veces para los retratos te sientan a sus retoños encima, que esto en nuestra tierra no sería mayor problema, pero sabéis cómo son los pantalones de los niños chinos? La entrepierna no va cosida y no llevan pañales, para que directamente evacuen. Así que estas fotos se convierten en "deportes de riesgo"! 
Con nuestras bicis por lo general se han portado de maravilla. En la foto, en la recepción de todo un señor hotel, y con las bicis hasta la cocina.
A mitad de camino entre Chengdú y Xian
Esta cuadrilla nos ayudó a encontrar una pensión asequible y limpia. Lo mejor, cuando Hugo (el negociador nato) se está peleando los 20 yuanes (tres euros) que practicamente siempre consigue de descuento, y el joven que sabía inglés, se ofrece a pagarlos!!! Nos rompió la negociación, jaja
Y los chinos siguen construyendo...
China está avanzada en muchos aspectos, pero seguimos viendo cómo secan el maíz, y molinos en medio de las ciudades.
En los pueblos pequeños llamamos mucho la atención, y las cosas no están hechas para la estatura de Hugo! Comiendo un platazo de fideos recién hechos por menos de un euro el cuenco.
Este hombre viajaba en este triciclo eléctrico a un máximo de 40kms/hr desde Shanghai hasta Chengdú, para subir luego a Lanzhou, e imaginamos que de vuelta a casa! Muy majete.
La carretera G108 camino de Xian. Curiosos los carteles de los kilómetros, que se cuentan desde Beijing!
Sandías y más sandías
Con Lander de Tolosa de nuevo en Xian, visitando el barrio musulmán y aprovechando para bebernos un rico kefir
Nos resulta muy llamativo todo lo que hacen las chinas por cubrirse y que no les de el sol...
Imagen del barrio musulmán de Xian
Riquísimo todo. Abajo a la derecha unos pimientos verdes fritos, como los "de casa". Qué buenos!

11 comentarios :

  1. Buenas Bego y Hugo ,que puedo deciros ,sois muy valientes con mucha suerte de poder hacer realidad este sueño,con este gran viaje.
    Tengo que deciros que cuando por casualidad concidi y conoci vuestro Blog , me engancho tanto que durante una tarde de domingo entera, recorri con vosotros el periplo europeo y especialmente me senti identificado con la zona alemana , concretamente en el lago Bondesee y Ulm , donde he tenido la suerte de visitar varias veces aunque por temas profesinales , en Ulm he estado un par de veces en la Messe Motorama,alli vendi algunas motos clasicas y me compre por 25€ mi primera bicicleta de adulto con la que con nocturnidad y alevosia recorria la ciudad y der Kneipe ,mas tarde ya cerca del precioso Bondesee en Ravensburg me compre mi actual bicicleta.
    Bueno ya me estoy enrollando, solo deciros que las descripciones y las opiniones socio economicas de las que Hugo hace gala en cada uno de los paises dejan entrever los conocimentos que tiene son extensos y bien estudiados , respecto a las fotos de Bego se merecen un tibuto por conducir nuestros ojos cansados de imagenes cotidianas a estos maravillosos sitios que estais visitando y que de otra forma serian imposibles de describir y sentir.
    Permitirme un inciso y si es podible una esplicacion ; en una de las fotografias de una entrada anterior ( no recuerdo cual ) haceis una mencion a Garrovillas de Alconetar , me resulta muy llamativo por que nos es un sitio cercano a vuestra preciosa San Sebastian y sin embargo si esta proximo a mi pueblo.
    Me ha impresiondo mucho en esta ultima entrada la descripcion de Bego de su accidente con el insecto y su posterior visita al hospital ,es un poco aterrador y desgracidamnete es algo que puede suceder con facilidad , dotaros si es posible de antiestaminicos tipo Urbason para poder evitar una situacion como esta.
    Bueno un fuerte abrazo y la mejor de las suertes.
    Juan Martín ( Valencia de Alcantara )

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    1. Hola Juan Martín, un gusto que te resulte interesante el blog. Mi padre era extremeño y yo soy una enamorada del norte de Extremadura. Y la verdad es que no conozco Garrovillas de Alconétar, pero me gustaría ir alguna vez a ver sus almendros en flor. Si son la mitad de hermosos que los cerezos del Jerte en primavera, o que los castaños del Ambroz en otoño, ya me iré encantada. Un abrazo. Y ya he visto que Valencia de Alcántara está a solo 5 horas de Garrovillas en bici! ;)

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    2. Se me ha olvidado mencionar que fue en una foto de almendros en flor en Chipre donde salí con lo de Garrovillas de Alconétar ;)

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  2. Hola pareja,

    Conseguis con el blog, y algun que otro Whatsapp, que no se os eche tanto de menos, pero os recuerdo a menudo; Hugo, este mismo finde en San Fermin!
    Bego, entre caidas y picotazos, a ver si se terminan "las pupas"! un abrazo. IRZ.

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    1. Espero que haya caído algún brindis sanferminero a nuestra salud...

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  3. Aupaaaa!!!.....me vais a matar.....de envidia!, aunque si estáis con pena de los Pirineos en eso no me quejare por este verano...
    Hugo: hazte un forro de plástico y coselo a la pantorrilla donde sientas a los chinit@s.
    Bego: a partir de ahora te vendría bien una redecilla por encima del casco hasta donde tu estimes...por dios...espero no tengas que pasar de nuevo por algo así!
    Como de costumbre un gustazo leer y saber de vosotros, cuidaros y un abrazo!

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    1. A Pirineos ¿en bici? ¿O vas andando como las nenazas? 😉
      Sí que son pequeñitos estos chinos y me temo que, aunque los del norte sean más altos, las comparativas de altura y las fotos van a seguir...
      Lo de la redecilla no es mala idea. Si el norte de Mongolia tiene la misma cantidad de moscas, mosquitos y tábanos que el sureste de Rusia, yo también me pienso hacer con una.
      Un abrazo

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  4. ahh .. Tengo un amigo en bicicleta que le gusta esa parte de China. Nunca he estado .. Es bueno ver tu blog :-)

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    1. Con la de cuestas que tiene, seguro que te gustaría... Un abrazo

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  5. Que hay amigos, sigue siendo un gustazo seguir vuestras andanzas por el mundo. Que buenos post hacéis entre los dos, os quedan chulisimo Entre la documentación del lugar y verborrea con toques de ironía de Hugo y las espectaculares fotos de Bego creo que os voy a nominar al mejor blog del año. No se si hay premios de esto, pero oye, y si lo hay?.
    Hugo os seguís manejando con el etrex 30 y los mapas de Openstreetmap, supongo que tendrás problemas para cargar los mapas en algunos sitios no?
    Bueno, abrazotes para los dos.
    Que la fuerza sea con vosotros.

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    1. Tu sigue ensalzando nuestras entradas de esa manera... y acabaremos invitándote a un par de cervezas (por lo menos).
      Utilizo el etrex a diario, en general va bien, aunque algunos días, no sé por qué, decide no grabar la ruta realizada. Nada grave, pero un poco peñazo para después dibujar la ruta total. Para los mapas hasta ahora cuando me ha hecho falta siempre he encontrado buenos puntos de internet y me los bajo sin problemas.
      Abrazo... y a ver si es cierto y la fuerza nos acompaña, que Mongolia parece que va a ser más durillo que China

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