19 de abril de 2017

Good morning, Vietnam!

Ya, ya sé que el "Good morning Vietnam!" de marras -la famosa película de Robin Williams- lo ha utilizado hasta el tato para titular cualquier cosa relativa a este país, pero no por manido deja de ser un buen título.

Tras un cruce de fronteras de esos interminables entramos en nuestro país 35 de este viaje por el paso de "la amistad", el típico nombre que usan los enemigos acérrimos para bautizar pasos, puentes o túneles cuando aseguran estar reconciliados. Hipócrita madurez. Finalizados los trámites aduaneros nos quedamos muy cerca de la frontera vietnamita sin apenas hacer kilómetros, en un pueblo de sonoro nombre, muy apropiado para la entrada a un país, Dong Dang ("¿hay alguien?"), día de transición para situarnos en el nuevo país, sacar dinero, ver precios y esas cosas.

"Esas cosas" incluyeron sentarnos en terrazas y tomar cafés. ¡Qué placer! Desde luego, algo bueno dejaron los franceses en esta parte del mundo. Quiero decir, además de la boina, auténtica txapela negra con rabito y todo, que tantos vietnamitas llevan. Crujiente pan, rico y denso café -caliente o con hielo- adecuadamente endulzado con un toque de leche condensada, smoothies de mango o aguacate, helados..., todo ello consumido en abiertas terrazas contemplando el mundo pasar. Por cierto, ¿cómo es posible que el concepto "terraza" no se haya exportado a todo el mundo?

Me lo soban t-o-d-a-s ;)
Desde el primer instante percibimos el buen rollo de los vietnamitas. Sabemos que otros viajeros han sido objeto de engaños y malas formas, pero a nosotros no nos han tocado esas personas. No puedes andar diez metros sin que alguien te salude sonriente o veinte metros sin que alguien bastante más bajo que un servidor se mida conmigo y/o se quiera sacar una foto. Un poco "too much" en el mercado del pueblo, con todas las señoras riendo alborotadas y dándote demoledores golpes de karate en el pecho significando "yo te llego hasta aquí", pero simpático en otras partes menos concurridas. En el restaurante donde comimos nuestra primera comida vietnamita los de la mesa de al lado nos fueron pasando platos que ellos no habían podido terminar... encantados de ver que no les fallamos y todo desaparecía por nuestras hambrientas fauces.

Mencionaba que los vietnamitas son pequeños. En primicia científica mundial ya desvelamos hace unas semanas el origen de la baja estatura de los filipinos, que no era otro que su falta de sueño. En Vietnam son canijos por el mismo motivo de falta de descanso, pero aquí no hay tantos gallos y los karaokes no funcionan 24 horas al día como en Filipinas. No. En Vietnam la razón de su corta estatura es que las camas tienen colchones cuasi pétreos, que te dejan la espalda machacada,
Arrancando por Vietnam en un día lluvioso
maltrecho el brazo sobre el que te apoyes, y el cuello fuera de combate sin remisión. Alguna guía plásticamente asevera que las camas podrían ser usadas como cimientos para la torre Eiffel. Tampoco ayuda al descanso poblacional el que por lo menos en algunas ciudades, aproximadamente de 5.30 a 6.00 de la mañana (y también a última hora de la tarde) la megafonía callejera difunda a todo volumen loas al partido, logros revolucionarios, el precio del rábano o lo que sea.

Supongo que el aspecto positivo de tan espartano tratamiento corporal y mental es que los hace duros como eso, como piedras, y así históricamente han sido capaces de vencer a las grandes potencias invasoras -chinos, franceses y americanos- sin prácticamente más armas que unos aperos de labranza y unos palillos de los de comer.

Tan duros y tan determinados son los vietnamitas que cuenta la leyenda que en el siglo pasado llegaban a cortar el brazo de los niños vacunados por médicos occidentales, temerosos de lo que los extranjeros pudieran haber inoculado a sus hijos.

Montañitas tras montañitas tras montañitas
Al día siguiente de entrar en Vietnam comenzamos a pedalear hacia el montañoso norte, por una ruta que durante varios cientos de kilómetros nos llevó más o menos paralelos a la frontera con China, frontera que divide etnias hermanas a uno y otro lado de ella. Todo el camino de estos primeros días resultó ser absolutamente glorioso, carreteras con poco tráfico, estrechas y ondulantes entre montañas estilo cuadro chino o bahía de Halong, tan puntiagudas que parece que brotan de entre los arrozales, todo acompañado de vegetación tropical y con la típica estampa del agricultor con su práctico y atractivo sombrero vietnamita de paja y algún enorme y embarrado búfalo. La gente -entre la que bastantes mujeres mostraban pañuelos, ropas, tocados étnicos, etc. con toda naturalidad, no para el turismo-, fuera de la edad que fuera, nos sonreía o directamente se reía, todos saludaban simpáticos sin ninguna muestra de timidez, nos recordaba a Myanmar. Siendo esto una dictadura, uno se pregunta si tanta muestra de amistad será alguna consigna del partido, pero es imposible que sean tan buenos actores. El único pero a este "marco incomparable" sería la cantidad de barro y más barro que nos encontramos durante un par de días y que se empeñaba en acumularse en nuestros guardabarros, pero nada que un buen manguerazo al finalizar la jornada no pudiera quitar de las bicis.

Las cascadas de Ban Gioc
Llegamos al río Quay Son, río que forma la línea fronteriza entre Vietnam y China. En muchos puntos de la ribera vietnamita se agolpaban tramos de pasarelas flotantes que, dispuestas en fila, harán de puente flotante para cruzar al país vecino sin sufrir los engorros aduaneros. En uno de esos puntos vimos como en el lado vietnamita estaban descargando un camión y transportando lo que parecían ser sacos de arroz al otro côtè, en lo que indudablemente parecía contrabando a plena luz del día. Por si las moscas, cobarde o inteligentemente, no nos paramos a preguntar. Un poco más adelante disfrutamos de las cascadas Ban Gioc (llamadas Detian en chino), que comparten ambos países. Los folletos dicen que son las cascadas transnacionales (que hacen frontera entre dos o más países) más grandes del mundo tras las de Niagara, aunque a mí me parece que se han olvidado de las de Iguazú y Victoria. Como para hacer caso de los panfletos turísticos.

Nubes, niebla y lluvia, pero disfrutando
La fina y continua lluvia que cayó casi sin cesar durante una semana, además de mojarnos, nos impidió disfrutar adecuadamente de los majestuosos paisajes, aunque es verdad que también le daba un toque etéreo y misterioso a las montañas. Pobre consuelo.

Llegando a Bao Lac nos deleitamos con la vista de unos preciosos arrozales de intenso verde, cada planta del mismo tamaño, como si fuera un cuidado campo de golf dispuesto en terrazas, con agua hasta sus bordes reflejando las montañas. Arroz, desde luego, vemos a patadas por estos lares. Aparentemente no es absolutamente necesario sumergir la planta del arroz en agua para su cultivo; entiendo que se hace así porque las malas hierbas, pestes y bichos varios no son tan fuertes como el arroz y no pueden crecer bajo el agua. Así, de una manera natural y limpia, se ahorran recursos quitando malas hierbas y rociando pesticidas. Lo que se aprende viajando... aunque dudo que este conocimiento me resulte muy práctico en mi vida diaria.

Vietnam, por cierto, se ha convertido en un gran productor y exportador de productos agrícolas: es el mayor productor mundial de anacardos y de pimienta con un tercio de la producción mundial; el segundo exportador mundial de arroz (después de Tailandia) y de café (después de Brasil). Curiosamente, hasta ahora no hemos visto ni una sola plantación de café..., aunque también cabe la posibilidad de que no sepamos identificarlas :-)

Yo sí conseguí ir al "baño". La mujer, después de que casi me bajara los
pantalones con un sonoro "pissssss", me señaló al monte detrás de la casa
De camino a Meo Vac las cuestas y el cansancio acumulado nos obligaron a hacer noche en una aldea donde el mapa indicaba que había un par de homestays que nunca encontramos. Tras mucho preguntar nos acogieron en una casa típicamente hagiang (casas de madera construidas sobre pilotes)... que tal vez fuera uno de los homestays que buscábamos, no logramos averiguarlo. Todo intento de comunicación fue en vano, ya fuera hablando, por señas o con el Traductor de Google.
"- ¿Nos podéis preparar cena o compramos algo en la tienda?
- Sí.
- ¿...?"
No conseguimos ni ir al baño, fuera porque no nos entendían, porque les daba vergüenza enseñarlo o, probablemente, porque no tenían. El fraternal contacto con los lugareños no resulta siempre tan fluido...

Adiós = Tam biêt
La verdad es que, como siempre, es una pena que apenas podamos comunicarnos con unas gentes generalmente tan abiertas y simpáticas. Por un lado muy pocos hablan inglés en estas zonas no excesivamente turísticas, por otro el vietnamita, aunque gramaticalmente sencillo, es un idioma im-po-si-ble de pronunciar correctamente... y, con esos sonidos gangosos, no muy atractivo por cierto al oído de alguien que lo desconoce como un servidor. Cuando lo habla la protagonista de la película Indochina es otra cosa, pero... El vietnamita se habla obviamente en Vietnam y en otros lugares con inmigración vietnamita (sexta lengua más hablada en los EEUU, por ejemplo), pero nunca hubiera adivinado que está oficialmente reconocido como lengua minoritaria en la República Checa.

Los chinos, tras haber pasado unos mil años como colonizadores en Vietnam, no solo dejaron sus imposibles caracteres en el país, de los que todavía se ve alguna muestra en casas del norte de Vietnam. El chino es también el origen del 70% del vocabulario vietnamita, y con él les trasladaron los también imposibles tonos, nada menos que seis: llano, ascendente, descendente, profundo, profundo (pero no tan bajo), y, al loro, bajo glotal, sea lo que esto sea. Así una misma palabra se puede "cantar" de seis maneras diferentes para dar seis significados. Un misterio y una lacerante estratagema para avergonzarnos a los occidentales.

Un juego de niños que también nos encontramos en Tayikistán y Kirguistán
Menos mal que con los años espabilaron, abandonaron los caracteres chinos y ahora utilizan el alfabeto latino para escribir..., aunque la verdad es que no sirve de mucho porque, si exceptuamos las palabras de origen francés o inglés como "ca phe" para referirse al oloroso brebaje, "gara oto" para el taller de coches o "bia" para cerveza, lo demás no se entiende un carajo. Bueno, realmente no cambiaron de escritura por aclamación popular. Este nuevo alfabeto vietnamita, inventado en el s.XVII por un jesuita francés sobre la base del alfabeto portugués, lo impulsaron las autoridades francesas en Cochinchina en 1860 para romper los lazos con el pasado confucionista chino y así poder inculcarles el catolicismo. Estos curas no dan puntada sin hilo... Además, así neutralizaban a las élites locales, les "robaban" su historia que ya no podían leer, y les ponían a leer a los clásicos franceses. Digno de Orwell.

Veis a Hugo a la izquierda? Y el río abajo a la derecha?
Tras Meo Vac los pueblos se sucedieron en unos paisajes impresionantes, con carreteras serpenteando junto a profundos precipicios de hasta 700m de caída: Dong Van y su geoparque kárstico reconocido por Unesco (un precioso parque en donde con mucha imaginación y seguramente algo del famoso opio vietnamita se pueden ver leones marinos, libros pétreos y otras formaciones rocosas), Yen Minh, Tam Son, Ha Giang, Viet Quang, Pho Rang, Pho Lu, la fronteriza Lao Cai y la fría y turística Sa Pa, a 1.600m de altura lugar de veraneo de los colonizadores franceses.

Especialmente en esta última ciudad -por estar todas juntas-, pero realmente en toda la región, puedes ver y comparar los usos y vestimentas de minorías étnicas como los Hmong (en sus versiones blanco, florido, negro, rojo y verde, en función del color de la ropa de las mujeres), Dao (Yao), Giáy, Pho Lu, Tí y Giay. Mujeres sin cejas y ropa multicolor, otras con un pañuelo rojo en la cabeza, otras con pantalones de terciopelo negro o con "calienta-pantorrillas" de colores, otras con anchas y voluminosas faldas de colores con refajos al estilo boliviano, otras con una melena literalmente hasta las caderas -o más-, pelo que se recogen en enormes moños cuando se casan (y que les crea un pequeño problema a la hora de ponerse el obligatorio casco de la moto, que queda como un bombín). Un auténtico espectáculo y además un espectáculo muy auténtico.

Comprando cañas de azúcar con sus coloridas faldas y sus "calentadores"
Entre todas estas etnias están los Hoas, vietnamitas de origen chino, que no siempre lo han tenido fácil. Tras la guerra de Vietnam, entre 1975 y 1995 unos dos millones de vietnamitas abandonaron el país por múltiples causas: pertenecer al bando sureño perdedor, pobreza o determinadas políticas gubernamentales. De ellos, casi 800.000 lo hicieron subiéndose a un bote y largándose con poco más que lo puesto: son los famosos boat people que acudieron en masa a Hong Kong, Indonesia, Malasia, Tailandia, Singapur, Filipinas, países que no supieron qué hacer con ellos. Entre ellos huyeron unos 250.000 Hoas, los "chinos", que fueron vistos como una amenaza por la autoridades vietnamitas tras la guerra contra China de 1979.

Por estas carreteras norteñas nos cruzamos con bastantes moteros. No solo moteros vietnamitas, claro, de los que hay muchos en un país en el que el principal medio de transporte es la moto (45 millones de motos en un país de 94 millones de habitantes), sino de moteros extranjeros -unos cuantos de ellos vascos o catalanes- que compran pequeñas motos de segunda mano por 250-300$, se dan un periplo por Vietnam o el Sudeste Asiático, y la revenden, a veces hasta con un ligero beneficio (o eso dicen).

Comprando dos piñas peladas por 40 céntimos de euros (10.000 Dong)
Vietnam es un país barato. El que el billete de mayor denominación, 500.000 Dongs, equivalga a unos 20€, ya nos da una pista. Dignas habitaciones de hotel por 7-10€ (en las zonas turísticas más bien 15-20€), un rico y abundante bol de sopa de fideos con carne por 1€, un café en una terraza por 0,6-0,8€, deliciosas y refrescantes piñas en la carretera, peladas y cortadas, a 0,40-0,80€ la pareja de piñas, excelentes batidos de fruta fresca a 0,8-1€, todo ello hace que uno se sienta millonario en este país, y no solo por los millones de Dongs que llevas en el bolsillo.

Si antes bordeábamos la frontera con China, posteriormente nuestra carretera nos llevaba paralelos a la frontera con Laos por preciosos paisajes llenos de montañas, arrozales y pueblos como Lai Chau, Chieng Chan, Muong Cha, Dien Bien Phu (lugar de la definitiva derrota de los franceses),  Muong Ang, Son La (los mejores batidos de mango de este lado del Mississippi), Yen Chau, Moc Chau, Mai Chau, Hoa Binh y, por fin, tras más de un mes de pedaleo, la atractiva, arbolada y ruidosa capital Hanoi, desde donde os escribimos.

Un abrazo
Mercado de Dong Dang. Muchos animales se exhiben y transportan en artesanales jaulas de bambú
Raro ha sido el día entre las 11 y las 11 y media de lunes a sábado que no hemos pedaleado con niños, que a esa hora salen del colegio para ir a comer a sus casas.
Montañas y nubes, nubes y montañas. Nuestro paisaje tres de las cuatro semanas que hemos pedaleado por el norte.
Siempre al fondo, montañas.
Hugo como siempre, pletórico a pesar de las montañas. Yo algo más floja, pero habiendo sido yo quien elegí esa ruta, no podía decir mucho!
Toda subida, tiene una bajada gloriosa.
En el norte era época de plantar el arroz, así que había mucho tráfico de búfalos por las carreteras
Vuelta del campo
Con su amiga. Muy majas las dos.
Carreteras secundarias sin apenas tráfico por todo el norte de Vietnam
Por toda esta zona se aprovechan todos los pequeños llanos o no tan llanos entre las infinitas montañitas
Vuelta del campo con los aperos de trabajo
De la frontera a Hanoi eran unos 170kms que se convirtieron en 1.700kms y 22.000 metros de desnivel
Dejando subidas y nubes atrás. No hay fotos del evento (no había fuerzas ni para acordarse de la cámara), pero por primera vez en el viaje, uno de los días Hugo tuvo que montar mis dos alforjas traseras en su portaalforjas delantero. La víspera había acabado a punto del colapso, y soñaba con quemar la bici.
Muchos carteles del régimen por doquier
Los médicos belgas Helen y Victor en bici, que hablaban perfecto español, ella aprendido en Guatemala y él en Córdoba. Y los bilbaínos Aitane y Ion, de Bilbo, de año sabático, viajando en moto vietnamita por Vietnam, Camboya y Laos (Nota de Hugo: también hablaban bien castellano y él era del At Madrid aunque dijese lo contrario).
La carretera de Meo Vac a Dong Van debe ser famosa, pero nosotros nunca habíamos oído hablar de ella. Incomprensible.
Miraras hacia donde miraras, belleza, en forma de montañotas, cañones, terrazas imposibles...
Más paisajes de Meo Vac a Dong Van
Con sus coloridas faldas trabajando los huertos. Las señoras mayores aún utilizan "delantales" sobre sus ropas y una especie de "mochila" de paja con la que se protegen la espalda cuando cargan con el cesto.
Más campos cultivados entre las montañas
La salida del colegio en las ciudades. Hasta seis pasajeros hemos visto.
Compartiendo carretera. Como en tantos sitios, los paraguas no son solo para la lluvia, sino también para protegerse del sol.
Hemos visto muchas mesas de billar a los lados de la carretera. En ella siempre hombres jugando a horas que uno piensa son de trabajo, o al menos son las mismas en las que vemos a ellas en el campo. A la hora de la siesta, son los niños (y no las niñas) los que toman el relevo al billar.
Ajos al sol
Dejando Tam Son atrás
Todavía en el Geoparque de la Unesco
Viendo ya el valle que nos llevaría a Ha Giang, y los dientes de montaña que venían detrás. De verdad fui yo quien propuso esta ruta?
La costumbre de tallar raíces de bambú parece que es china, pero en China no las vimos como las hemos visto en el norte de Vietnam.
Les rompemos los esquemas en los sencillos "restaurantes" donde paramos a comer, queriendo comer en la terraza. Las mesas "de comer" están dentro, y fuera siempre hay una mesa con té gratuito (las hojas de té, el termo y la tetera para que te lo hagas fresco) y tabaco gratuito (con la enorme pipa en la que fumártelo), por donde los comensales pasan después de comer y antes de marcharse.
Un espejo, una silla, una banqueta para los que esperan, y poco más para montar una peluquería en plena calle.
Terrazas y más terrazas. 
Transporte de gorrino nada habitual. Lo normal era verlos en camiones de tres pisos de cerdos, o atados en la parrilla trasera de la moto.
Terrazas y más terrazas
En Sa pa, ciudad turística del norte de Vietnam donde hay carteles que advierten a los turistas que se abstengan de comprar a los vendedores ambulantes, que da mala imagen, y que se apoye a los mercados de artesanía. Algo que no respeta a la vista de la de vendedoras ambulantes que había. Como la vida misma, porque ahí estaban ellas comprando a la vendedora ambulante de fresas, en vez de en el mercado de frutas y verduras.
En el mercado de artesanía no perdían el tiempo y las vendedoras, en vez de jugar con sus móviles como hemos visto en otros países, estaban dale que dale al "bordeteo"
Era curioso ver cómo cada tribu se dedicaba a la venta de una u otra mercancía. Las de la foto, raíces
Las del puesto de al lado, caña de azúcar. Mirad qué diferentes!
Y las siguientes, vuelta a las raíces, incorporando algunas artesanías a sabiendas de que por ese mercado nos acercábamos algunos despistados.
No siempre hemos tenido para comer lo que hemos querido, pero nunca nos ha faltado comida. Este día pasamos el puerto más alto del norte de Vietnam, por encima de los 2.000 metros, y solo encontramos pequeños puestos con huevos duros, arroz cocinado dentro de caña de bambú, mazorcas de maíz, y té. Ni tan mal
Nosotros estábamos obligados a pasar por el puerto para seguir camino, otros se acercaban con objetivos más románticos. Qué buen sitio para hacer fotos!
No me gusta acabar el día con el sol, porque eso significa menos horas para recuperarse para el día siguiente, pero qué hermosos son los anocheceres por estos lares!!
La arquitectura en el norte ha ido variando mucho, pero este tipo de casa ha sido una constante en muchos pueblos.
Constante ha sido también los zumos de caña de azúcar. Se le atribuyen un montón de beneficios. De uno podemos dar fe, son energía instantánea
Café filtrado sobre leche condensada. Vamos, nuestro café bombón
Un peñazo estar casada por estos lares aunque por las sonrisas de la foto no lo parezca. El pelo hasta las rodillas, para cumplir con la costumbre de llevarlo en un enorme moño en la cocotera para mostrar tu estado civil
Pedaleando entre campos de arroz día sí y día también
Última hora del día
Penúltimo puerto antes de Hanoi
Y último puerto antes de Hanoi. Valió la pena.... pero por fin!!
Y la comida ha sido muy novedosa al principio, pero tras un mes acaba siendo sota, caballo y rey. Hay tres básicos: PHO (fideos de arroz planos), BUN (fideos de arroz redondos) y COM (arroz), que se combinan con ternera (BO), cerdo (CHA), pollo (GA), vegetales (RAU) o tofu (DAU). Ah, y los NEM, los rollitos vietnamitas. Como curiosidad las hojas de menta y la lima cortada que te ponen sobre la mesa para que añadas a la sopa.
Y en algún lugar de estos 1700kms cumplimos los 40.075kms, que no es ni más ni menos que la circunferencia del planeta Tierra, ahí es nada! Cuando lo publiqué en Instagram hubo quien dijo "por otros 40.000kms!". Creo que no.... ;)

12 comentarios :

  1. Ya se que soy cansino y repetitivo en mis comentarios pero estamos Merce y yo viendo la fotografías y no podemos más que alucinar. Es verdad que habíamos leído bastante sobre los engaños a extranjeros en Vietnam y quizás eso hacia que nos echara para atrás el visitar el país, pero con esta entrada nos habéis hecho cambiar de idea.
    Un abrazo desde Murcia
    Merce y Rubén

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    1. La magia del Snapseed, eh? ;) La verdad es que nosotros hemos flipado con el norte, ojalá el sur no difiera mucho! Y esperamos poder seguir alucinándoos a ver si el próximo año cuando estéis más asentados os unís de vacaciones al pelotón. Abrazo y disfrutad de ese Bando de la Huerta!

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  2. Estupendo este capítulo en Vietnam. La ruta sí que parece durísima pero los paisajes son espectaculares así que supongo que una vez recuperado el aliento, habrá merecido la pena.Disfruto mucho viendo las fotos,son tan auténticas y es fantástico ver las caras de tantas personas. Me ha sorprendido ver que mucha gente lleva mascarilla, hasta el peluquero llevaba mascarilla y sin embargo no parece que tenga que haber mucha contaminación. Lo de los moños tiene gracia. Besos y cuidaos mucho.

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    1. Se nos han quedado muchas más caras en el tintero, pero uno no puede estar todo el rato cámara en ristre, bastante atrevida es Bego ya. Lo de la mascarilla es una moda asiática,pero aquí prácticamente todos los moteros (esto es, todo el mundo) la lleva. Llegará a Occidente?
      Besos

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    1. Thanks, mate! Para cuándo tu viaje a los Andes?

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    2. próximo Martes, durante 12 semanas :-)

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  4. Bravo!! Hugo, ya era hora de que le llevases algún día las alforjas a Bego; ella lleva siempre la cámara! Deseando leer/ver sobre Hanoi y Vietnam sur. Abrzs. IRZ.

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    1. Hablas como si yo tuviera alguna capacidad de decisión sobre lo que puedo o no puedo llevar. Yo soy un mandao... Caluroso abrazo (porque hace un tremendo calor, no te creas) desde Hoi An

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  5. Bravo Bego! arriba ese ánimo, yo creo que podrás con otros 40.000. Todavía os queda mucho sureste asiático por ver, luego Australia, Nueva Zelanda, cruzar el charco, Sudamérica...puff con 40.000 no haces, serán mas.
    Las foto, flipantes como siempre. Esta bien que seas humilde y digas que el snapseed hace su trabajo pero parece que as hecho algún curso de fotografía ( lo has hecho?). lo mas importante en una foto es elegir el encuadre, el punto desde el que se toma la foto y sobre todo la luz y de verdad que en algunas fotos, muchas mejor dicho, lo bordas. Muy fan.
    Que todo siga sobre ruedas, yo también sueño con algún día poderme unir al pelotón. Esta difícil pero quien sabe.

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    1. El relato muy chulo tambien Hugo, aprendemos mucho vuestro viaje. Abrazote

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    2. Últimamente sueño mucho con una moto viajera de poca cilindrada (tipo Yamaha YBR 125cc), así que no descarto los 40.000kms ;). Las fotos... el truco más viejo. Sacas doscientasmil, y siempre hay alguna que te gusta. El curso, para cuando me compre una reflex, pero no creo que llegue. Alguna vez Hugo ha intentado explicarme lo de la apertura y lo de la velocidad... y es impresionante lo que me cuesta, no salgo del modo automático. Pero me gustaría mucho compartir kilómetros con fotógrafos cicloviajeros como Sixto (https://fisterrabicicleta.com/) o Javier (http://www.bicicleting.com) o Nico (http://www.nicolasmarino.com/Cycling-in-the-wild) y aprender de ellos. O sino ya sabes, te vienes y me enseñas!

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