1 de diciembre de 2009

Zambia, ¿otra África?

Llegamos a Zambia

Después de la locura de Kinshasa (anteriormente llamada "la belle" y ahora, con cierta sorna pero mucho realismo, "la poubelle" o "cubo de la basura"), aunque amortiguado por el paso por la tranquila y relajada Lubumbashi, la entrada en Zambia nos pareció un remanso de paz, orden, limpieza y civilización. Nos hizo pensar que entrábamos en "otra África", más desarrollada, más occidentalizada, más urbana, anglófona, donde el transporte funciona... En parte es así, pero las zonas rurales, con su pobreza, sus chozas, su agricultura de subsistencia, sus tradiciones (por ejemplo, la tan arraigada tradición de meter a 300 en un minibús), etc., te devuelve al África que conocíamos.


Y no tendría que ser así. Cuando Zambia se independizó en 1964 era el segundo país más rico de África, tras Sudáfrica. Desgraciadamente su primer presidente, Kenneth Kaunda, montó un estado socialista con partido único, nacionalizó todo lo nacionalizable, incluyendo sus importantes minas de cobre, implantó controles al tipo de cambio y levantó barreras arancelarias. Los donantes de ayuda externa no sólo se lo permitieron sino que, cuando el precio del cobre bajó en 1974, aumentaron las ayudas, tapando con dinero todos los problemas que no se habían gestionado anteriormente. Cuando tras 27 años en el poder KK perdió las primeras elecciones que convocó, Zambia era un país más pobre que cuando lo tomó, a pesar del cobre y de toda la ayuda recibida. Lo malo es que después llegó Chiluba y con él la corrupción, que dejaron al país temblando. Sin embargo, la ayuda externa todavía siguió llegando, confirmando aquello que los críticos de ésta dicen sobre que "es una transferencia de riqueza de los pobres en los países ricos a los ricos en los países pobres".

En fin, sin querer entrar en un debate sobre las bondades de la ayuda externa, vital en muchos casos, parece que es evidente que ésta debe gestionarse, como todo, con inteligencia, pues puede llegar a ser contraproducente.

Lo malo es cuando el sistema interno pone todo tipo de trabas a los emprendedores. Algo que nos ha llamado la atención en el libro "The Shackled Continent", de Robert Guest, es que sólo uno de cada diez africanos tiene un título de propiedad de su vivienda. Eso quiere decir que los otros nueve, sin un colateral o garantía que mostrar al banco, no pueden pedir un préstamo para comprarse una azada, un taxi o lo que sea para su negocio. Y así, ¿cómo avanzas?

Otra tragedia de Zambia es el HIV/SIDA. Con un 35% de la población infectada y, como consecuencia, una esperanza media de vida de solamente 33 años, el ministerio de salud de Zambia calcula que la mitad de su población va a morir de esta plaga. De momento hay funerales a diario y son tantos los huérfanos que ya hay una generación de "chicos de la calle", que mendigan en los semáforos de las principales ciudades.

Pero hablemos de cosas más divertidas. Entramos por el norte, Copperbelt o cinturón del cobre, pasando la noche en Kitwe, la segunda ciudad del país. Es una región que ha sido muy rica y muy pobre según el precio del cobre, y que sigue dependiendo demasiado de este mineral.

De ahí en bus a Lusaka. La capital tiene bien poco digno de ver: ni su museo nacional, ni sus mercados, ni sus edificios. Nosotros le hicimos aprecio a un centro comercial, por aquello de la novedad y la abundancia (viva el consumismo); al final hemos de confesar que pasamos más tiempo en el súper que en el museo... Pero, ejem, un supermercado dice mucho de un país, ¿no?

Interminable viaje en bus a Chipata, que se hizo más interminable aún por los encantadores y dulces pequeños infantes y su pertinaz berreo (Herodes fue un visionario), así como por la música religiosa con que nos amenizaron tooooodo el camino ("I thaaaaaank you Lord for your blessings on meeeeeeee"). Y es que volvemos a religión-land: en el mismo autobús, a petición del busero, una pasajera nos deleitó con un rezo inicial de partida (que, tal y como se conduce por estos lares, espero que sirva de algo). Cuando enciendes la tele, te encuentras con el canal Emmanuel TV que, a pesar del sugerente nombre, es una cadena religiosa, llena de tele-predicadores, milagros y cuasi exorcismos.

En ese estado de santidad llegamos al paraíso (y ya van unos cuantos paraísos en África). South Luangwa National Park es uno de "los" parques africanos, por su enorme diversidad de animales y la accesibilidad a ellos. Al entrar al lodge/camp en que nos alojamos (Flatdogs), todavía fuera del parque propriamente dicho, unas quince jirafas te observan curiosas. Viendo la primera pensamos que se trataba de un cartel de bienvenida, pero no, la susodicha se movía (tal vez fuera la misma jirafa la que socializaba con nosotros los proximos dias en la piscina...). Ya se te pone la sonrisa en los labios, sonrisa que no te abandona, como el desodorante, durante toda la estancia.






























La tienda que nos asignaron tiene poco que ver con esa de Decatlón que se instala en unos segundos: la nuestra técnicamente la definiríamos como un pedazo tiendón, con cama, baño incorporado, etc., que te hace sentirte como un rico explorador inglés del s.XIX. Para colmo del lujo, la tienda da al mismo río Luangwa (la frontera con el parque), así que a pocos metros chapotean ociosos los hipopótamos, se tuestan al sol los cocrodilos y buscan comida patos, garzas, ibis y un sinfín de bichejos alados cuyo nombre se me escapa.

El plan es simple: cuatro horas por la mañana (de 6 a 10) y otras cuatro por la tarde/noche (de 4 a 8) sentados comodamente en un jeep descapotable visitando el parque y viendo animalitos: un pocotón de antílopes varios (impalas, kudus, pukus,...), cebras, elefantes, búfalos, hienas, mangostas, babuinos, águilas, etc. y hasta un oso hormiguero y una civeta. Lo que no vimos fueron "gatos" grandes (leones, leopardos, guepardos), pero confiamos en verlos en el siguiente parque...

De South Luangwa vuelta a Lusaka. Aunque no llega al extremo de África occidental, algunos minibuses en Zambia van, digamos, bastante "concurridos". En ese sentido, no sabemos qué habrán oído los africanos del famoso "síndrome de la clase turista", pero más les vale permanecer ignorantes o pensarán que estamos locos.

Pues en uno de esos concurridos minibuses nos trasladamos al Lago Kariba, un lago artificial creado entre Zambia y Zimbabwe al represar el río Zambeze. Tanto en este lago como en la siguiente parada en el Kafue National Park, fuimos los únicos huéspedes de los hoteles/campings en los que nos alojamos. La sensación de estar solos fue más intensa si cabe en Kafue, un parque nacional del tamaño de Bélgica: pasamos unos días en Puku Pan, un lodge/camp a 42km por una estrecha y arbolada pista de un par de chozas, a su vez a unos 50km, también por una pista más ancha e igualmente arbolada, de un villorrio enano. Vamos, en el medio de la nada.

Así que paz y tranquilidad a raudales. Aunque, bueno, teníamos a hipopótamos y cocodrilos como compañeros. Lo típico de cualquier camping, vaya. Majos bichos y tal, pero bastante ruidosos (los hipos) y unos y otros hacían peligrosos los baños en el lago o en el río Kafue, y, más grave, hacer visitas nocturnas a los servicios desde nuestra tienda de campaña. Es por la noche cuando el hipo, el animal salvaje que más muertes causa en África, sale del agua a ponerse tibio de hierba.

Mongu, en el extremo occidental de Zambia, cercano ya a Angola, tiene ese toque de "lejano oeste", con amplias y relativamente vacías calles y unas infinitas praderas sobre las que se veían los mejores atardeceres que hemos disfrutado hasta ahora en África, con Doppler o sin él. Fuera de eso, Mongu fue un fracaso. El objetivo era visitar el palacio de un rey. El viaje hasta el palacio, en un bote por un canal hasta un afluente del Zambeze debe de ser espectacular y era parte del objetivo (going there is half the fun, que dicen). 

Desgraciadamente, estamos sólo al comienzo de la temporada de lluvias, por lo que el canal está seco. El camión que tomamos en su lugar, una reliquia rusa casi casi del tiempo de los Romanov, no auguraba nada bueno y, efectivamente, a los 500m de la salida, el camión, probablemente más acostumbrado a otras temperaturas, se negó a seguir. Así que los aproximadamente 14km restantes, a patita, bajo un cielo abrasador. Lo peor fue que el induna o consejero de palacio, que nos tenía que guiar en la visita, se había marchado poco antes de llegar nosotros, así que ni visita ni na. Snif.

Pues a seguir camino, "polvo, sudor y hierro", igualito que El Cid, aunque nosotros a lomos de decrépito minibús.

El viaje hasta Senanga transcurrió sin novedad, pero de este pueblo hasta Sesheke fue una odisea como las vividas en África occidental. Por eso, creo que lo de "otra África", con matices. Tras esperar siete largas y calurosas horas a que saliera el pick-up (a pesar de que, desde el principio, el coche estaba "a punto de salir") nosotros, 19 personas más e infinidad de maletas, bolsas, bidones, etc., nos metimos como pudimos en la caja del pick-up. Mis casi 2m pasaron las de Caín y Bego no salió mucho mejor parada. Tardamos 14 horas en hacer unos 250km. Claro, no ayuda que el coche se estropeara varias veces o que, al quedarse sin luces, tuviera que poner a un tipo sentado sobre el capot con una linterna. Menos mal que la luna iluminaba. Lo peor es que la idea era parar en el camino y visitar las cascadas Ngonye. Jua. Debía de ser noche cerrada cuando pasamos cerca de ellas, así que, nuevamente, na de na.

Tras el fracaso por el oeste de Zambia, llegar a Livingstone fue un regalo: hotel con piscina, transportes que funcionan y, sobre todo, las cataratas Victoria. Espectaculares, a pesar de ser el final de la temporada seca y, por tanto, con poco caudal (una décima parte de su máximo caudal en abril). Las cataratas, llamadas originalmente Mosi-oa-Tunya ("la bruma que truena"), son, con razón, una de las "siete maravillas de la naturaleza" (para los curiosos, las otras seis son el Everest, la barrera de coral en Australia, el Gran Canhon del Colorado, las auroras boreales, la bahia de Rio de Janeiro y el volcan Paricutin en Mexico; estoy un poco molesto porque no me han incluido a mi en la lista, pero asi es la ignorancia y la envidia), y Patrimonio de la Humanidad. Aunque no son las más altas, con 1.708m son las más largas del mundo.

Algo positivo de la temporada seca es, por un lado, que las puedes ver: en la temporada de lluvias baja tanta agua que el vapor se eleva 400m en el aire (y a veces hasta 800m) y se habla de "lluvia invertida" (vamos, que te calas, pero de abajo a arriba). Por otro lado, en la temporada seca uno se puede bañar en la "piscina del diablo", una poza natural justo junto a la caída de agua. De hecho, te puedes asomar por el borde y ver cómo cae el agua durante 108m..., mientras te agarran de las piernas, no te vayas a escurrir :-). Una pasada. Unos americanos con cámara de fotos sumergible nos han prometido prueba gráfica de nuestro valor y gallardía. Ya las compartiremos, de momento adjuntamos una foto de internet para abrir boca.

De Zam a Zim
Os escribimos desde la ciudad de Victoria Falls, Zimbabwe, a donde hemos cruzado para disfrutar de las cataratas desde el otro lado y ver lo que se cuece en Mugabeland.

Y con este monumental ladrillo, hasta otra.


Abrazos

4 comentarios :

  1. Impresionantes los animalitos, impresionantes las cataratas, impresionantes las fotos e impresionante vuestra falta de cordura: dormir con cocodrilos e hipopótamos merodeando, asomarse a un precipio de 108m con agua callendo... Se echaba de menos volver a leeros, ánimo con vuestra gran aventura!

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  2. JOE COMO HABEIS TARDAO ESTA VEZ, casi un mes sin escribir, no podeis hacernos esto chicos, jajaja, en fin, hoy me ha llegado la postalita desde Gabon... muy bonito el Hipo y muy bien alimentado... gracias por acordarte de mi cuñaaaaa. un besote y hasta la proximaaaaa

    Rosa

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  3. Os animaréis con el rafting, no? Cuidado con los cocodrilos...de todas maneras en los rápidos no saben nadar (en los remansos sí, me temo).
    Qué sigáis igual de bien!
    R.

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  4. Alejo@netvigator.com5 de diciembre de 2009, 10:44

    Hola Hugo,
    como se acerca la Navidad y aprovechando la lectura regular de vuestro cuaderno os envío a tí y a Begoña (a la que espero un día conocer) un fuerte abrazo y mucho ánimo para completar la aventura.
    May you live in interesting times, que dicen que dicen los chinos, y que disfruteis de las Navidades (negras) en algún buen lugar de Africa.
    Alejo

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