23 de mayo de 2017

Vietnam: de Hanoi a Saigón

Dice la leyenda que los vietnamitas descienden de la unión del dragón Lac Long Quan con el hada Au Co. Sin duda, una unión más exótica e interesante que la de Adán y Eva. Ambos parece que congeniaron y tuvieron nada menos que cien hijos, aunque con una pequeña trampa: la madre parió un saco con cien huevos. Supongo que después la relación se fastidió (los hijos, ya se sabe) y, en una demostración de modernidad judicial, la madre se fue con cincuenta hijos a las montañas, mientras el padre se fue con los otros cincuenta a la costa. Liderados por el hijo mayor, todos estos hijos fundaron la primera dinastía vietnamita, los Hung, que reinaron sobre el reino de Van Lang, cuyos habitantes fueron los primeros conocidos como Lac Viet, de donde sale Vietnam.


La mítica y mesopotámica Hanoi -Hanoi quiere decir "entre dos ríos"-, especialmente esa parte vieja por la que los viajeros nos movemos la mayor parte del tiempo, le deja a uno, utilizando un viejo símil gastronómico muy apropiado en esta zona, un sabor agridulce. Este es un barrio repleto de sudorosos turistas que, con las aceras completamente tomadas por las motos estacionadas sobre ellas, navegan como pueden sorteando vehículos por las calzadas entre un tráfico caótico y ruidoso, arriesgando el pellejo por esas estrechas, serpenteantes, bonitas y arboladas calles, mezcla de una no siempre bien mantenida arquitectura colonial francesa, un aromático, intenso, ruidoso y colorido exotismo asiático y, desgraciadamente, una pátina del turismo globalizado que poco a poco todo lo toca y estandariza, con comercios o restaurantes que podrían estar en tantos otros lugares del mundo.

El mausoleo de Ho Chi Minh
Con unos monumentos de interés más bien limitado (¿ver la momia de Ho Chi Minh, momia que por cierto está ahí contra su voluntad?, ¿visitar un mini templo cuyo máximo atractivo es un caparazón de una tortuga?, ¿fotografiar un puente sin otro valor que haber sido varias veces bombardeado y otras tantas veces reconstruido, mostrando la resiliencia del pueblo vietnamita?), uno se dedica a pasear como puede por sus concurridas calles, a sentarse en cafés viendo el mundo pasar, a comer eso que no ha podido catar en las zonas rurales de Vietnam, ya sea pad thai, chicken tikka masala o pizza,... y poco más.

Casi los únicos que caminan por esta calurosa ciudad son los turistas, mientras los vietnamitas parece que no van más allá de la puerta de al lado sin subirse sobre una moto, esa moto que, con sus innumerables compañeras, hace que Hanoi sea la ciudad más contaminada del sudeste asiático. Supongo que por eso todo el mundo va con máscara, en una suerte de carnaval veneciano a la vietnamita. Veremos qué pasa cuando, en 2018, reduzcan impuestos y aranceles para los coches que ahora son tan caros, y muchas de esas motos se conviertan en vehículos de cuatro ruedas en una urbe de más de 6,5 millones de habitantes en su área metropolitana sin metro ni otro transporte público digno de tal nombre, cuando menos hasta dentro de unos años (hay en construcción un par de líneas de tren elevado). Los atascos van a llegar a Moscú.

Bahía de Lan Ha
Paseadas sus calles, visitados sus templos, comidas sus viandas y sorbidos sus cafés, dejamos las bicis en Hanoi para ir a la isla de Cat Ba, destino de mochileros y una base menos masificada para surcar la espectacular y "Unescoada" bahía de Halong y la igualmente bella pero menos visitada bahía de Lan Ha. Además de visitar las impresionantes bahías, el plan era bautizarme en eso de la escalada por esos picachos desde los que si caes -caso hipotético para un servidor, claro, pura entelequia-, caes al agua. Por suerte o por desgracia no había plazas en el único operador con licencia de escalada de la isla, así que otra vez será. Hicimos el típico tour en barco y piragua por esas increíbles islas/montañas, abigarradamente colocadas una junto a otra y a otra y a otra y a otra en el golfo de Tonkin. Hoy en día todo lo que vemos o hacemos es calificado como "espectacular": Halong y Lan Ha sí que se lo merecen.

Playitas para Hugo solo camino de Hue
De vuelta a Hanoi, el plan era tirar para el sur. Bego decidió adelantarse unos 650Km en tren a Hue y pedalear desde ahí hasta Hoi An, para hacer en esa ciudad algo de yoga mientras yo pedaleaba sufridamente por la costa hasta el reencuentro. Inteligente, como siempre, Bego eligió para tomar el tren un tramo no muy interesante de carretera, con bastante tráfico y pocos alicientes turísticos, mientras hacía un tremendo calor. A pesar de todo ello, yo disfruté dándome palizas y sudando como un chancho entre motos, coches y camiones. Ya, entiendo que mi plan no suene muy atractivo a la mayoría de nuestros distinguidos lectores, pero es lo que hay. En cualquier caso lo importante siempre es la gente y parece que en la costa los vietnamitas siguen siendo amables y sonrientes.... o tal vez les diera lástima un guiri altíiiisimo bañado en sudor pedaleando por esas carreteras transitadas por gente normal, sin turista alguno a la vista.

Pedazo iglesias en medio de la nada
En el trayecto, entre los omnipresentes campos de arroz que llenan Vietnam, se ven bastantes iglesias católicas. Un 8-10% de la población dice ser católico, lo cual no sé si casa muy bien con la estadística que dice que solo el 20% de los vietnamitas practica alguna religión. En cualquier caso, muchos se identifican con el Tam Giao o triple religión, una fusión de confucionismo, taoismo y budismo, mezclado con creencias populares chinas y animismo vietnamita. Parece que a pesar de lo que digan las estadísticas está muy arraigado y así en una zona de costa apartada de la carretera principal, entre dunas y piscifactorías, vi literalmente miles de templos, templetes, panteones y tumbas, además de algunos monasterios de monjas, muchos de ellos en el estilo más rococó del budismo, taoismo o lo que sea, vietnamita.

Templos de Hoi An
Otra religión autóctona es el Cao Daism. Con dos o tres millones de seguidores y fundada en los 1920s, fusiona filosofías orientales y occidentales e incluye como profetas a Buda, Confucio, Jesucristo, Moisés, Mahoma y, curiosamente, a gente como Juana de Arco, Shakespeare y Víctor Hugo. Por profetas será.

En fin, que lo de que el 80% de los vietnamitas no practican ninguna religión, a tenor de lo visto, lo dudo.

En los pueblos y ciudades, mi porte seguía cautivando a la peña, y siempre había alguien que terminaba comparando su altura con la mía, para el bienintencionado regocijo de todos los presentes. Pandilla de enanos. Por lo menos no preguntan lo de "qué tal tiempo hace por ahí arriba". O tal vez sí, pero lo hacen en perfecto vietnamita y así no fastidia tanta "originalidad". De haber entendido, mi respuesta hubiera sido que en general mucho, pero que mucho calor, aunque un par de días me llovió potentemente.

Los niños rara vez salen del "hello" y "what's your name"
Viajar solo tiene sus cosas, como todos sabemos. Entre otras cosas, cuando estás en pareja las mujeres se pueden acercar a uno, sabiendo que no hay "peligro". Cuando estás solo, a veces las mujeres parece que lo buscan. Era una sensación olvidada para mí...o tal vez debería decir desconocida. Pierden toda timidez, establecen contacto, se pavonean delante de uno (¿será solo mi imaginación?) y llegan hasta hacerte gestos obscenos sobre el supuesto tamaño de mis atributos (un guarda de seguridad presente me confirmó que mis temores sobre esos gestos eran ciertos). "Señora, que yo con eso entre las piernas no podría pedalear...". Y eso sin ir a hoteles de moral distraída llamados Hotel 69 o Karaoke-hotel. En fin... ¿Y los hombres? Algunos hombres se acercan buscando rollo y te intentan meter mano... otros se ofrecen a buscarlo por ti ("lady bum bum?"). Además de los que te ofrecen droga. Total: un peñazo. Claramente, los viajes en pareja también tienen sus ventajas.

Jinni y Blandina, coreanos en bicis plegables
Y hablando de hoteles, en los hoteles vietnamitas tienen la costumbre de quedarse con el pasaporte de uno hasta que se hace el check out. Supongo que así se aseguran cobrar por la habitación. Un día, tras pedalear 40km bajo una fina lluvia me di cuenta de que me había dejado el pasaporte en el hotel. Mis juramentos se oyeron en Saigón. La opción de volver y hacer otros 80km para llegar al mismo punto en un día lluvioso francamente no me apetecía demasiado. La comunicación telefónica con el hotel era imposible, así que pedí ayuda. Tras una dura negociación ayudado por el Traductor de Google conseguí que alguien fuera a por él y me lo trajera... mientras tenía sudores fríos por el descontrol en el que iba a quedar mi pasaporte durante las siguientes horas. Pero todo salió bien.

En Hue hicimos (todavía por separado) las pertinentes visitas a la impresionante ciudadela (muy dañada durante la guerra pero poco a poco recuperando su esplendor) y a las no menos impresionantes tumbas reales y pagodas. Al atardecer, un hombre solo paseando tranquilamente por sus calles es la diana de todos los taxistas y recibe montones de ofertas de lady bum bum. Paciencia.

Con Thomas y su amiga Johanna en Hoi An
Y, por fin, Bego y yo nos volvimos a juntar en la atractiva y agradable Hoi An, ciudad muy turística, a pesar de lo cual mantiene un cierto ambiente de tranquilidad y sosiego que invita a pasear por su parte vieja y a parar en sus terrazas para tomar cafés y batidos. Bego estaba pletórica, descansada de la  bici y con las pilas cargadas por el yoga. Coincidimos en la ciudad con Thomas, un cicloviajero alemán con el que ya habíamos estado en Irán, Uzbekistán, Kyrguistán e India. El mundo es un pañuelo...

La carretera nacional 1 no es precisamente un remanso de paz. Los autobuses y camiones que no te rompen el tímpano para avisarte de que vienen, lo hacen para saludarte. Y los demás, simplemente porque sí. Lo bueno de esta carretera es que te lleva rápidamente hacia el sur por una vía recta y plana, con dignos arcenes. Además, en buena parte del camino puedes avanzar por carreteras secundarias paralelas, llenas de la vida real vietnamita, sin visos de turismo. Vida rural y pescadora, de carreteras estrechas flanqueadas por arena, piscifactorías (20% del pescado vietnamita proviene de ellas), verdes arrozales, blancas salinas, amarilla caña de azúcar, rojas guindillas puestas a secar al sol. Y me temo que también basura, de la que desgraciadamente se ve demasiada y que intuyo que va a ser un serio problema en un país tan poblado y corrupto como Vietnam.

Batidos de mango, aguacate, papaya, piña, tomate, maracuyá,...
Los pueblos, ya lo hemos dicho anteriormente, son una delicia de simpatía, sonrisas y buen rollo. Todo quisqui saluda, la mayoría quiere ayudar y el que sabe decir en inglés algo más que el habitual "hello!" es capitán general. Un par de cafés bombón con hielo, unas bombas calóricas en forma de batidos de aguacate con leche, leche condensada, azúcar y hielo, o unos simples zumos de caña de azúcar (por 0,2-0,3€, el refresco del pobre) en el café del pueblo, mientras algún iluminado con más voluntad que conocimiento nos da conversación en perfecto vietnamita, un placer. Situaciones que solo te las ofrece viajar en bici pues, ¿quién si no va a parar en un villorrio perdido en mitad de la nada, en el que un par de ciclistas extranjeros despierta tanto interés?

Lo que desentona un poco en este idílico panorama del café del pueblo es la insistencia de los vietnamitas en utilizar en ellos mobiliario digno de un parvulario. Especialmente unas sillas que no levantan más de un palmo del suelo y que obligan a las posaderas de un servidor a hacer un viaje interminable hasta que encuentran "acomodo" en tan minúscula banqueta.... cuando caben. Supongo que es lo más parecido a esa (bárbara, incivilizada, malsana) costumbre de sentarse en el suelo que tanto les gusta a los asiáticos en general.

Producción artesanal de aceites de canela, hierba de limón, árbol de té....
Este mundo rural es uno en el que prácticamente solo vemos trabajar a las mujeres, siempre ocupadas en algo, mientras los hombres están en el café, jugando al billar, a las cartas, o directamente borrachos. Parece que el comunismo tampoco ha podido con el machismo. Tristemente, este panorama de desigualdad es patente ya desde la adolescencia, así que no esperemos cambios en breve...

Lo del consumo de alcohol también llama la atención, a cualquier hora del día o de la noche. Mucha exaltación de la amistad, mucha invitación a tomar el aguardiente de arroz (con poco éxito: a Bego no le invitan y yo me salto las reglas de confraternidad rechazando por sistema toda invitación a esos espantosos brebajes) y, al final, unos cuantos moteros vietnamitas bebidos con todas las papeletas para estamparse en la siguiente curva.

Vivienda trampa. La segunda planta y la azotea preparadas para pajaritos...
En algunos de los pueblos de la costa al sur de Hoi An el sonido de los pájaros era ensordecedor. El ruido siempre procedía de grandes edificios de hormigón, estructuras de tres o cuatro pisos en forma de silos, sin más ventanas que unos pequeños agujeros y con unos altavoces en el tejado. Extraño. Nos costó entender que el objeto de tanto pío-pío en sensoround era atraer a las aves para que construyan sus nidos dentro de esos edificios que por lo visto emulan las paredes y acantilados donde normalmente anidan. Menos mal que la grabación la quitaban por la noche.

Esos nidos hechos de saliva solidificada se consumen en Vietnam pero sobre todo se exportarán a China a través de Hong Kong y constituyen lo que algunos llaman el "caviar de Oriente". Por este manjar el consumidor pagará 2.000-2.500 $/Kg y puede reportar hasta un millón de dólares de beneficios anuales a un buen "edificio", en un volumen de negocio mundial de unos cinco millardos de dólares. Por maldita saliva solidificada de ave. Ahora que, además de para hacer la célebre sopa de nido, se supone que estos gargajos pajariles te mantienen joven y te dejan la piel y el sistema autoinmune hecho un primor. Si fuera cierto, "barato me parese, oyes."

Playas solitarias llegando a Danang
La última sección antes de llegar a Saigón bordea la costa en una consecución de paradisíacas playas y no tuvimos más remedio que ir parando en ellas. Desgraciadamente el tiempo no siempre acompañó y sufrimos en nuestras carnes alguna que otra potente tormenta tropical. Pero estas duran poco, de tal forma que siempre encontrábamos un buen momento para un chapuzón.

De todas formas, no todo fue paraíso. Entre las coquetas playas de los pueblos están las ciudades turísticas tipo Benidorm como Nha Trang, llenas de grandes hoteles, tiendas de recuerdos y restaurantes de comida rápida. Que no están mal (muy) de vez en cuando, pero no son mi imagen del paraíso, precisamente. Lo más curioso es que en esta ciudad el 80% del turismo es ruso y así las caras eslavas, los cuerpos tatuados y el cirílico están por todas partes. El contraste entre las rotundas matrioskas y las delicadas vietnamitas resulta apabullante.

Igual de apabullante era el calor conforme nos íbamos acercando al sur. Ni siquiera el viento, que sopló casi constantemente en contra, nos dio un respiro. Pero llegamos a la capital del sur, Saigón, desde donde os escribimos. Pasaremos unos días en esta ciudad, para después visitar el delta del Mekong de camino a Camboya. Ya os lo contaremos.

Un abrazo
Afortunadamente los fines de semana las calles alrededor del lago central de Hanoi se cerraban al tráfico.
De la isla de Cat Ba salimos en barco a recorrer las bahías de Lan Ha y Halong



La primera parada fue para "kayakear" un poco bajo aquellas moles que salían del agua
Entrando por una cueva a una laguna en la bahía de Lan Ha. Espectacular

Saltito desde la cubierta del barco

Qué impresionante lugar para bañarse!

Los tejados de la ciudadela de Hue. El día acompañaba mi estado. En Vietnam hay wifis hasta en los lugares más recónditos, y Hugo no se conectó a ninguno en las 24 horas que siguieron a nuestra separación. Las salidas de las grandes ciudades siempre tienen lo suyo, y además Hugo lo hacía por la carretera nacional. Así que me tuvo entretenida llamando al teléfono de emergencia de la embajada española en Hanoi, que por suerte no atienden los viernes noche y sábados mañana (problemas técnicos, me dijeron luego). Es lo que tiene 24 horas juntos toooodos los días.

La mayor parte de la ciudadela de Hue está reconstruida, pero bastante bien

Una de las puertas a la ciudadela de Hue

La triple puerta Mieu del templo The To donde rendían culto a los emperadores, en la ciudadela de Hue. Puedes pasar un buen rato mirando todo el detalle entre los tejadillos: dragones, unicornios, tortugas, dragones, peces...

"No mud, no lotus". Sin barro, no hay loto. Sin odio, no hay amor. Sin tristeza, no hay alegría. Los contrarios se necesitan para existir. El loto es la flor nacional de Vietnam, como en India. Y tan presente como en Japón y Corea. 
En esta parte de Vietnam no hemos visto mujeres ni hombres con ropas tradicionales más allá del clásico y elegante traje vietnamita.



Los alrededores de Hue están plagaditos de tumbas, pagodas... En alguno de estos lugares viven monjes y otros están devorados por la naturaleza.

El 99% de la gente que veíamos en bici eran mujeres
Dejando atrás el pueblo de Lang Cô antes del puerto de Hai Van Quan. Los coches y camiones van por un túnel que atraviesa la montaña, las bicis y motos subimos un puerto de 500 metros, y el tren circula por una de esas obras de ingeniería que bordean toda la costa.

Uno de los puentes de Danang. Me llamó mucho la atención y luego supe que es uno de los más famosos de Vietnam.  8,164 toneladas y 666 metros de largo, y lo más llamativo, metros de ondulante acero en forma de dragón.

El museo de la cultura Champa de Da Nang estaba lleno de esculturas recogidas en diferentes asentamientos alrededor de Da Nang. Parecían sacadas de la India. En la foto dos bailarinas (apsara) y un músico (gandharva), del siglo X

Entre la vegetación de las montañas de mármol antes de llegar a Hoi An

Playitas y más playitas antes de llegar a Hue. Muchos de los barcos de Vietnam están hechos de bambú ????

La tumba de Khai Dinh en las afueras de Hue

El interior de la tumba de Khai Dinh

Hoi An, qué parte vieja más tranquila!

El mercado de Hoi An que a pesar de encontrarse en el corazón de la parte vieja, muy turística al ser patrimonio de la Humanidad, estaba operativo para los locales.

En algunos templos de Hoi An se rendía culto a diversos generales chinos

Hoi An

Detrás de esas cortinas es donde me escondí mañana y tarde durante una semana. Con cinco clases de yoga al día, cuatro de ellas en inglés, y con varios estilos a diferentes horas, siempre había algo apetecible.

Y estos son los campos de arroz que cruzaba con mi bici camino a las clases de yoga. La clase de la tarde era a las 6pm, hora perfecta para ver la puesta de camino.
Muchas de las "barqueras" de Hoi An son abuelitas que asombra cómo reman.

Pedalear costeando nos ha mostrado la actividad pesquera de tantos pueblos en la costa.

Calamares al sol

Pesca con grandes redes

En Vietnam hay vendedores ambulantes de prácticamente todo lo que se os pueda ocurrir. Muy llamativo el de peces de colores.

Tramos de las pistas que seguían la costa recordaban nuestro paso por las landas. Pinos y arena.

Salinas y más salinas junto a la costa

En la mayoría de las salinas la sal se recogía a mano por mujeres, y a mano se transportaba hasta la carretera, donde llenaban sacos que más tarde serían recogidos.

Más costa

A mediodía hasta las playas de las ciudades más pobladas se encuentran prácticamente desiertas. El sol es abrasador. A última hora de la tarde es cuando los vietnamitas se acercan a bañarse.
Esta fue la pequeña playa elegida para pasar un día entero de relax

La compartíamos con pescadores en pequeñas barcas redondas que impresionaba a qué velocidad eran capaz de moverlas cuando veían un banco de peces y soltaban las redes a la vez que trazaban un gran círculo.

Nuestros mapas digitales se negaban a trazar una ruta por este puente que veíamos en el mapa, y suponía un rodeo de 16km hasta el siguiente puente. Cuando llegamos y vimos que se podía cruzar previo pago de 0,08 euros.... ¡la casa por la ventana!

Se trata del puente más largo de madera de todo Vietnam, qué bien que estuviera operativo
Paisajes de la costa

Paisajes llegando a Doc Let

Salto en la playa blanca de Doc Let. Gran sorpresa cuando llegamos y vimos que muchos carteles estaban.... ¡en ruso! Esta parte de la costa de Vietnam atrae a muchos turistas de nacionalidad rusa. Nos llamaba mucho la atención su tamaño (muchos obesos), especialmente comparados con los minúsculos vietnamitas.

Un clásico en todo Vietnam. Ellas bañándose vestidas.

A pesar del aspecto un tanto frío de la foto, el agua siempre estaba "caliente" (para ser el mar, y comparada con la de Donosti). De lo más agradable para acabar el día.

En las afueras de Nha Trang nos encontramos con las torres cham de Po Nagar, conocidas como Thap Ba. Del siglo VIII ni más ni menos.

Desayuno día sí y día también. Bocata de huevo, café con leche condensada y hielo, y té con hielo. El té no lo pedimos, nos lo sirven siempre con el café y con los batidos. Lo que es una verdadera pelea es que no nos llenen el bocata de "extras" y salsas varias. Tendrías que ver el mohín que hacen con sus caras cuando les decimos que no, que ni chile!

Se supone que no es la época de lluvias, pero han sido muchas las tormentas que nos han perseguido y caído algunos días. Lo bueno es que con ello tenemos cielos parcialmente cubiertos a ratos, que se agradece mucho, y lo fotogénicas que son las nubes, especialmente sobre las salinas.

En la costa algunos tramos marcados en el mapa como carreteras secundarias, han sido modernizados y son ahora carreteras de cuatro carriles que no llevan a ninguna parte.

Recomendado.... a 60kms/hr. A 80 o 100kms/hr no pasa nada. Ahora.... a 120kms/hr te esperan las muletas, a 140kms/hr la silla de ruedas, y a 160kms/hr el pase a la tumba. Muy gráfico todo, no?

Originales las formas de las barcas vietnamitas

Camino de Mui Ne, un destino para los kitesurferos, comprendimos que a pesar de no ser época seguro que íbamos a ver unas cuantas cometas volar. Qué vientos huracanados! Y de frente!!! 

Lo bueno de la bici es que no necesitas llegar a un lugar para desde allí hacer excursiones a las atracciones cercanas. Es relativamente sencillo planificar tu ruta para pasar por ellas, como las dunas blancas cercanas a Mui Ne. 

El descanso del guerrero. Hugo no os ha contado que Vietnam no es barato, sino baratísimo. Habitaciones de hotel dobles por entre 6 y 10 euros, y no siempre básicas.

4 comentarios :

  1. No sé si es porque estamos terminando el curso y hace calro;o porque estoy hasta los mismísimos de los de la ESO o porque sí...pero es de las veces que más envidia he pasado.Y tu plan de yoga y descanso... quién lo pillara,Bego. Ademas te he visto especialmente inspirado hermano, muy divertido.En fin,me habéis deleitado y entretenido mientras espero a que suba el tinte en la pelu para luego subir al cole a un festejo. Snif. Muchos muxus

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    1. Y si te llevas a toooodos tus alumnos de ESO a un retiro de bici y yoga? Jajajaja

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