1 de noviembre de 2016

Japón: pedaleando por Kyushu

Entramos a nuestro país 32 de este viaje por la sureña isla de Kyushu, una de las cuatro grandes islas de Japón (junto con Honshu, Hokaido y Shikoku) de un total de nada menos que 6.852 islas que componen el archipiélago japonés. En concreto lo hicimos por Fukuoka, quinta ciudad del país. Ahí pasamos unos dìas de aterrizaje y descanso, tomando con tranquilidad "el pulso" al país. Paseos, templos, museos y comida rica. La llegada a un país es siempre lo más interesante: todo es nuevo, diferente y las cosas te llaman la atención, sean las calles y sus edificios, cómo va vestida la gente o qué productos hay en los supermercados. Después todo ello se va difuminando para convertirse en algo cotidiano. Es entonces cuando empiezas a fijarte más en los paisajes y las atracciones turísticas. Más bonito, pero probablemente menos interesante.

Todos sabemos que Japón está en recesión desde hace 25 años (el país tiene hoy el mismo PIB nominal que en 1991) pero el viajero no lo nota a simple vista, porque los japoneses, con una tasa de paro del 4%, una riqueza estructural del copón y mucho ahorro acumulado, tienen un nivel de vida que ya lo quisieran para sí los habitantes de muchos países en explosivo crecimiento. Lo malo es que el largo plazo lo tienen más complicado, con serios problemas demográficos, una política migratoria restrictiva que no les permite solucionar el problema con inmigración, los bancos tocados, un sistema político oscuro y un tanto corrupto y un estancamiento económico que dura ya, pues eso, un cuarto de siglo.

Clásico gorro y mochila de los niños japoneses
Lo de la demografía japonesa da mucho juego y alimenta numerosos titulares periodísticos. En algún sitio he leído que el año pasado dejaron este mundo 1,3 millones de japoneses y que Japón, con casi 130 millones, pierde 250.000 habitantes netos al año. Es en cualquier caso un país avejentándose a marchas forzadas, por un lado con un alto porcentaje de ancianos que testarudamente se empeñan en vivir más años y, por otro, con cada vez menos niños para sustituirlos (otro motivo que hace de este país un gran destino turístico ). Y con pocas probabilidades de incrementar la natalidad, pues muchos nipones mantienen su virginidad hasta edades escandalosamente avanzadas: casi el 70% de hombres y el 60% de mujeres en edades comprendidas entre 18 años y 34 años están solteros. Entre estos, el 42 % de los hombres y el 44,2 % de las mujeres han manifestado no haber tenido nunca relaciones sexuales. Si es por elección mística, asco al sexo, incapacidad de relacionarse o motivos religiosos, hay posturas para todos los gustos. Posturas argumentales, se entiende; no del kamasutra.

Algún sociólogo afirma que en Japón las mascotas están sustituyendo a los niños a la hora de transmitir cariño y afectividad. Y la verdad es que se ven a perritos tratados como niños, vestidos como niños y, aparentemente, disfrutando de servicios (hospitales, hoteles, etc.) que les provocarían chiribitas oculares a muchos niños de otros países.

Niños, gatitos, perritos, patitos, ranitas... todo dulcemente anunciado
Las mascotas no solo son de carne y hueso. Están por todas partes en forma de dibujos o muñecos y forman parte de una cultura muy extendida por la que todo tiene que ser moñoño o kawaii en japonés. Así Hello Kitty hace estragos, igual que monigotes tipo Kumamon, Pikachu, Kenkou o tantos otros que adornan campañas publicitarias, obras civiles, mensajes consistoriales, carteles policiales, ropa, mochilas y todo lo que se te ocurra. Es sintomático que, mientras en los lavacoches de medio mundo la imagen publicitaria es la de una tipa medio en bolas con el cuerpo sugerentemente enjabonado, en Japón es un simpático y un tanto cursi monigote el que anuncia el servicio. Es claramente un avance que la publicidad no sea machista, pero...

Por cierto, los coches también son kawaii, muchos de ellos son coches bonsai, de un tamaño solo apto para japoneses, en forma de cubo, con estética de Dick Tracy y nombres tal vez no tan kawaii como el Nissan Moco.

Aunque buena parte de los cicloviajeros que llegan a Fukuoka dirigen sus pedaladas directamente hacia la norteña y principal isla de Honshu, nosotros quisimos dar primero una vuelta por Kyushu, de la que habíamos oído grandes cosas. No nos decepcionó.

Canal City, centro comercial de Fukuoka (Bershka, Zara, H&M....)
De Fukuoka salimos una mañana que estaban anunciados los coletazos de un tifón y nos tocó un día de sol, algo de lluvia y mucho viento, obviamente en contra. Al final del día el tiempo se arregló y pudimos ver surferos surfeando olas japonesas (algo menos llamativas que las del famoso cuadro japonés "La ola") y acampamos junto al mar, en un bosque de pino estilo Landas, con nada menos que un millón de pinos..., cada uno de ellos con su etiqueta. Desgraciadamente acampamos involuntariamente encima de una madriguera y el pobre roedor nos dio la noche.

Hablando de acampadas, en general los precios de los alojamientos japoneses tampoco es que sean estratosféricos: se pueden encontrar habitualmente habitaciones de hotel o de Airbnb por 60-80€/noche y a veces -pocas- tienes gangas de 30-40€. Lo malo es que en zonas turísticas hasta un "albergue para mochileros" es capaz de cobrar 50€ por persona y noche.. con baño compartido. Total, que hemos terminado acampando casi todas las noches. Lo bueno es que en todas partes hay un buen y tranquilo parque, zona comunitaria, camping gratuito o similar -no hemos llegado a dormir en baños públicos o paradas de bus, pero tiempo al tiempo (cuando publicamos esta entrada, ya hemos dormido en baños públicos y paradas de bus ☺)-, muchos de ellos con quiosco protector, y con pulcros baños al lado (de esos cuyos impolutos inodoros tienen el asiento calefactado, ofrecen música para cubrir los vergonzantes ruidos corporales y lanzan chorritos ad-hoc para hombre y para mujer). Y, sobre todo, seguridad.

Gafas, móvil, casco, equipaje, todo accesible y "robable",
cosa que no ocurre.
Japón es un país híper seguro. Los japoneses serán como sean, pero no tiene precio el poder acampar en cualquier lado; dejar las puertas de tu casa abiertas o los coches en marcha mientras vas a comprar algo; que un comercio después de cerrar a la noche mantenga sus productos fuera con los precios y una caja en la que los compradores dejan el importe justo, sin engañar ni robar; que las bicis puedan aparcarse sin candar en la calle durante horas y con todas las alforjas en su sitio a disposición del personal; que puedas dejar el bolso en una mesa a metros de distancia mientras miras algo o haces un recado sin preocupación alguna. Será por el sintoísmo y el budismo, pero parece que los japoneses, si exceptuamos un par de guerras, sus lamentables escaramuzas contra las ballenas, Fukushimas, cierto machismo y alguna cosilla más, son respetuosos con las leyes, con la naturaleza y con las personas. La gente es extremadamente amable, formal, sonriente, simpática aunque un tanto tímida, con ganas de ayudar (en algunos puestos de información turística era impresionante el interés por ayudarte), el servicio comercial es exquisito, a veces un poco demasiado con tanto saludo y tanto agradecimiento. Por ejemplo, los gasolineros salen literalmente corriendo de su garita a servir al cliente que acaba de llegar y lo despiden, tras haberle ayudado a salir de la gasolinera señalando el tráfico circundante, con tres o cuatro reverencias, como si les hubiera comprado no un depósito sino un petrolero entero. Todo el mundo saluda, hace reverencias, da las gracias una y mil veces... En el monte los "konichiwa" son continuos e incluso en la bici los ciclistas con los que te cruzas te hacen unas reverencias a punto del descoyunte del cuello. A veces puede resultar abrumador, pero en general hace la vida más agradable.

Bañito para desayunar en el Mar de Japón. Temperatura muy aceptable!!
Pero volvamos al recorrido. Por la mañana, tras liberar al pobre roedor, nos pegamos un excelente baño en el Mar de Japón para desayunar y nos dirigimos al bonito castillo de Karatsu, castillo que, como todos los japoneses, parece de todo menos un castillo, tan blanquito, moñoño y cuidado como está.

De camino hacia el sur alguien nos paró para darnos fruta (algo que posteriormente nos ha ocurrido unas cuantas veces más), cuatro pera-manzana, también llamadas pera asiática, pera nashi, pera japonesa, pera coreana, pera de Taiwán, pera de arena o pera oriental. Se llamen como se llamen eran del tamaño de melones y, dado el astronómico precio de la fruta en este archipiélago, seguro que le costaron una fortuna.

Pasamos por Imari y Arita que, como Karatsu, son el centro de la porcelana en Japón. Bah, donde esté una buena pieza de Lladró...

El archipiélago de la región de Nagasaki es una preciosidad de verdes islas, colinas, cabos, golfos, ríos y lagos. Y mucha gente y mucho tráfico, pero todo ordenado y relajado, sin bocinazos ni conducción agresiva. Curioso que compartan continente con sitios como India...

Museo de la bomba atómica de Nagasaki. Diga lo que diga Hugo, sobrecogedor,
especialmente las fotografías de cuerpos calcinados y los relatos de los
supervivientes. Y sobrecogedor leer cómo tras Nagasaki más países continuaron
desarrollando bombas atómicas y haciendo pruebas, hasta estar hoy en día
rodeados por unas 16.000 armas nucleares.
En Nagasaki, visitamos el preceptivo museo de la bomba atómica (sobrecogedor, claro, pero por algún motivo uno no sale con el corazón encogido como en otros museos de horrores humanos como los de Camboya o Ruanda), los también preceptivos memoriales y parques de la paz y algún que otro templo, todo ello en una ciudad llena de cuestas. Coincidimos por pura casualidad con el importante y multitudinario festival de Kunchi Matsuri, pintorescas y folklóricas procesiones de tipos con dragones, empujando carros o llevando a cuestas plataformas con templetes, barquitos, niños, músicos y de todo.

Un paisaje tan verde y exuberante solo podía querer decir una cosa y, efectivamente, saliendo de Nagasaki nos pilló un potente aguacero. Tal vez las prostitutas de Nagasaki, ciudad marinera, habían celebrado con éxito su particular ceremonia de la lluvia. En otros tiempos le pedían a la imagen de un perro en un templo que lloviera para que los marineros no salieran a la mar. Los ciclistas salimos..., y nos mojamos.

Las vistas desde la tienda de campaña. Ni tan mal.
Nos tocó dormir en un bien protegido quiosco playero. Debe de ser que en Japón hay mucho anciano de los que duerme poco, pues generalmente a eso de las 6 de la mañana ya suele haber actividad. Lo bueno es que mientras nos desperezamos con las pintas propias de alguien que ha dormido en una tienda -legañoso, barbudo y zarrapastroso- los mayores educadamente nos hacen reverencias y nos desean los buenos días.

Qué mejor que un onsen o baño termal -un icono de la cultura japonesa- en la siguiente parada, Unzen, para, chapoteando en aguas sulfurosas en nuestra vestimenta natalicia, quitarnos la mugre de la acampada. Este pueblo de la montaña, o mejor dicho, del volcán, también es, pues eso, moñoño (y ya van unas cuantas), pero un poco apestoso por aquello del sulfuro que despide el subsuelo.

Según el Ministerio de Medio Ambiente de Japón, hay más de 3.000 zonas de onsen en Japón con alrededor de 28.000 manantiales termales que descargan aproximadamente 2.700.000 de litros de agua por minuto. En Japón tienen agua caliente para aburrir.

En pocos kilómetros se subía desde el nivel del mar hasta los 1.400m, parte en bici y parte andando. Durillo pero agradecido.
Al día siguiente nos pegamos una buena excursión mañanera por los montes cercanos -Myoken, Kunimi, Fugen-, y vimos el volcán Heisei-Shinzan, formado por la erupción de 1991. Después disfrutamos de una estupenda bajada hasta la costa, desde donde cogimos un ferry hasta Kumamoto. En Kumamoto desgraciadamente el castillo, uno de los más importantes de Japón, estaba cerrado por los desperfectos que había sufrido tras el último terremoto unos meses antes. La verdad es que vaya alegría de país: terremotos, tsunamis, volcanes, escapes radioactivos, Hello Kitty,...

Un poco más adelante, en Kurakawa, fuimos a otro onsen, realmente a un rotemburo (aguas termales exteriores) con opción konyoki (baños mixtos). Una gloria y un lujo asiático eso de los baños al aire libre en aguas calentitas, relajando los músculos tras un día de bici.

En la zona mixta solo había chicos, así que me fui solita a la zona de mujeres
a ver la puesta de sol desde este lugar tan fantástico.
Seguimos camino cruzando grandes bosques, casi todos de conífera japonesa, árboles rectos y estilizados, seguro que geniales para hacer palillos para comer, de los que en Japón se consumen 25.000 millones de pares (esto es, 50.000 millones de palillos) anualmente.

Tras subir algún montecillo junto al puerto de Makinoto, -es que somos unas máquinas- en Yufuin nos dimos otro lujo en forma de  rotemburo, para después ponernos tibios a base de sushi (comprado en el supermercado)..., en la humilde realidad de nuestra tienda de campaña. Al final, lo cierto es que disfrutamos de los placeres japoneses sin pagar los 300€ la noche (o mucho más, también), de un ryokan (hotel tradicional japonés). Ah, y en un ryokan duermes en un futón sobre el tatami, no muy diferente a dormir en la tienda. No, realmente no me engaño, pero el que no se consuela es porque no quiere... ☺

En los tiempos en los que los productos fabricados en Japón se miraban con desprecio en Occidente, varias empresas japonesas decidieron registrarse en el pueblo japonés de Usa y así poder etiquetar sus productos con un "Made in USA" sin complejos.

Templo del pueblo de Usa
Made in el pueblo japonés de Usa es un precioso templo llamado simplemente templo Usa. Este es el principal de entre los 40.000 templos sintoistas Hachiman de Japón. Lo de los templos en este país es una maravilla de belleza, detalle, buen gusto, simplicidad, exotismo. Sin embargo, el que sean joyas estéticas no impide que estén de capa caída. No ayuda que algunos templos luzcan el no demasiado pegadizo nombre de Okinagatarashihimenomikoto (un templo sintoísta de Kyushu), claro, o que los funerales budistas en este país sean de los más caros del mundo (pueden costar hasta tres millones de yenes o unos 26.000€), de tal forma que la gente busque alternativas no religiosas. Pero el problema es más serio que eso: los japoneses son cada vez menos religiosos y, como decíamos más arriba, también hay menos japoneses cada año. Así que algunos de los aproximadamente 77.000 templos budistas que hay en Japón explotan cafeterías, organizan desfiles de moda u ofrecen funerales para mascotas con el fin de mantener su popularidad... y sus ingresos. Y sin embargo, cientos de templos cierran cada año y se espera que para 2040, el 40% haya desaparecido.

Abandonamos Kyushu en ferry desde la península Kunisaki en dirección a Honshu. Pero eso, ya os lo contaremos en otra ocasión.

Un abrazo
Las estaciones de tren son lugares con mucha vida, y a diferencia de otros países, suelen ser un buen sitio donde encontrar restaurantes buenillos. En la foto la salida de la estación de Fukuoka
Cosas que nos llaman la atención. Aparcamientos de bicis a dos alturas
Barriles de sake en los templos? Parece ser que son ofrendas a las deidades para que la industria del sake prospere
En los templos sintoístas y budistas de Japón puedes llevarte una tira de papel con tu fortuna escrita a cambio de una pequeña ofrenda. Se llaman Omikuji y si te sale algo bueno, te lo llevas, pero si por el contrario es algo negativo, lo atas a un pino en el mismo templo para que el viento se lleve la mala suerte. Son prácticos estos japoneses, ¿verdad? Lo de que sea un pino es por el doble significado de la palabra japonesa para pino, matsu, que también significa esperar. Pues eso, a esperar que la mala suerte vuele!
El mando del inodoro. Todo en japones pero todo bastante comprensible ;)
Disfrutando de volver a pedalear por la costa después de hace más de año y medio allá por el sur de Turquía!
Primera noche de acampada en Japón y parecía que estábamos en Las Landas
Desayunos de lujo

Solos

Las vistas de la segunda noche de acampada en Japón a la Bahía de Omura con sus curiosas corrientes
Kiosko de la segunda noche de acampada. Se subían las escaleras para coger impulso con estas dos tirolinas. Soportaron nuestro peso sin problemas!



Recogiendo ya el arroz. Llamativo ver tanto trabajo manual en un país como Japón

Esta pedazo estatua de 10 metros de bronze fue erigida en el décimo aniversario de la bomba atómica como una llamada a la paz mundial y como rezo para que nunca se repita la tragedia. La mano hacia arriba señala la amenaza de armas nucleares, la mano extendida pide tranquilidad y paz mundial, los ojos cerrados rezan por el descanso de todas las víctimas de todas las guerras, la pierna doblada simboliza una meditación silenciosa, mientras que la pierna izquierda está dispuesta a la acción y a asistir a la humanidad.

El festival Kunchi se celebra en Nagasaki el noveno día del noveno mes del calendario lunar desde hace 380 años, y coincidió con nuestra llegada. Tuvimos la suerte de ver cinco de las 6 "procesiones" que salían este año. Tres de ellas eran barcos, rezando por una pesca abundante, otra una especie de trono de 1 tonelada que 36 hombres lanzaban al aire y recogían con una sola mano, y el quinto que vimos fueron dragones. Todo muy pensado. La tripa roja y blanca representa la tormenta, el traje negro de los porteadores representan el cielo negro, y usan sonidos de trompetas para la voz del dragón, gongs para el viento, y tambores para truenos y lluvia

Uno de los barcos en procesión

Una casa en una zona rural de imaginamos alguien muy pío, por el porche y por el peregrino a la izquierda de la misma

En las zonas de aguas termales nos encontramos con dos señoras que vendían huevos cocidos, cocidos en las aguas termales donde hace algunos siglos sacrificaron a un buen número de mártires cristianos

Anochecer sobre el pantano de Unzen desde nuestra tienda de campaña

En varias montañas de Japón hemos visto ya muchos teleféricos que acortan considerablemente la subida a los montes. Nenazas.

El monte de la derecha es el más joven de Japón con tan solo 25 añitos.

Y todavía soltaba fumarolas....
El concepto de "castillo" que teníamos no se parece nada a los castillos japoneses. En la foto el de Shimabara, ciudad que también tenía unas casas antiguas de samurais muy bien conservadas.

Hugo me dice que si en Donosti no tenemos gaviotas cuando ve las decenas de fotos que tengo de ellas...je, je. Pues no, en Donosti no tenemos la gaviota japonesa o gaviota colinegra con patas amarillas y una mancha de color rojo y negro al final del pico, que a esta no se la veis porque se lo ha metido entre el plumaje.

Cruzando el mar de Ariake en la isla de Kyushu, de Shimabara a Kumamoto, 

Al mediodía en vez de encerrarnos en un restaurante solemos comprar comida preparada en cualquier sitio y a zampar

En la foto no se ve muy bien, pero en abril de este año todo el castillo de Kumamoto quedó seriamente dañado por un terremoto de magnitud 7.0 y sus réplicas

Al monte de Aso se le conoce como la caldera de Aso, y desde su cráter está sacada esta foto. Tiene 114 km de circunferencia y en su interior hay varios picos. Como veis la caldera está poblada, y como no podía ser de otra manera con tanto volcán, la zona está repletita de aguas termales.

Cultivos dentro del supervolcán Aso. Al fondo el activo volcán Naka, en el interior del volcán Aso. Un poco lío, y un poco alucinante que toda esta gente pueda vivir aquí con tanta tranquilidad.

Acampando en parques públicos, nos despertaron los patos del estanque en cuanto salió el sol


En el onsen de un ryokan en Kurokawa Onsen. La primera vez que abres una puerta y te encuentras esto detrás....

Vi el inicio de la grieta en el buje trasero (el mismo que se le partió a Hugo) en Mongolia, y ahora ya afectaba a los radios y por tanto a la llanta. Shimano Deore XT, de lo mejorcito, y justo dos años. Ahora probando con un Shimano malillo, puestos a que solo duren lo que dura la garantía...

Paisajes del templo del pueblo de Usa
La entrada al templo del pueblo de Usa
De bodorrio. Muy chulo todo. Los trajes tradicionales de los novios, y algunos de los impresionantes kimonos de las invitadas.
Otro paisaje desde la tienda de campaña. En esta zona es donde dicen que se concentran los mejores anocheceres de Japón. Es curioso cómo tienen listas de todo. Las 100 mejores montañas. Los 100 mejores lagos. Los 100 mejores paisajes. Etc, etc, etc.
Los japoneses están siendo muy generosos con nosotros. Un helado por aquí, un café por allá, un poco de fruta, bebidas energéticas.... Y cuando no, descubrimos bocatas de margarina con azúcar en el súper, recuerdos de la niñez!
Y adiós a la gran gran isla de Kyushu




4 comentarios :

  1. Konichiwa pareja!!
    Que recuerdos, parece increíble, pero tan solo hace tres semanas que estuvimos por allí y tenemos la sensación de que hubieran pasado ya tres o cuatro meses. Nosotros tenemos dos teorías sobre los japoneses, Merce dice que son robots, y yo pienso que son extraterrestres. En serio, no son normales. ¿O quizás los raros somos demás?
    Lo de tanta reverencia al principio hace hasta gracia, pero luego acabas hasta los mismísimos. Coño!! Que ibas a comprar una bolsa de patatas fritas al 7eleven y les faltaba hacerte la ola. No me puedo imaginar lo que puede ser ir a un concesionario y comprar un coche.
    Ahhh, la foto de el aparcamiento de bicicletas de dos pisos nos trae malos recuerdos, ya lo veréis en el próximo video.
    Saludazos desde Boracay

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    1. Son humanoides alienígenas que cargan sus baterías a base de movimientos de la cintura, también llamados reverencias... La verdad es que con lo que te cobran por cualquier cosa -incluso por esa bolsa de patatas fritas en el 7eleven- bien te pueden incluir en el precio un par de reverencias...
      Esperamos ansiosos vuestro vídeo sobre los problemas con los aparcabicis, a ver si os ponëis al día y os dejáis de tanto baño en mares tropicales (¡qué envidia!).
      Abrazo!

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  2. Me alucina lo de la seguridad y respeto a lo ajeno. ¿Cómo lo hacen? Ha pasado ya a los genes? Según Telmo es porque es una sociedad tan represiva que no se atreven, por las consecuencias. Qué Que la mafia de allí interviene. ¿Es algo así? Por lo demás, como siempre,una maravilla de blog. :)Muxuuuus

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    1. Realmente no creo que sea por la represión, cuando menos no por la represión policial y menos por la mafia. Tal vez sí por presión social. Para un japonés, más importante que el sentimiento de culpa es el de la vergüenza y que le pillen a alguien robando debe de ser el colmo del oprobio... De todas formas, probablemente sea algo inculcado desde muy pequeñitos. En fin, qué sé yo... El caso es que es un gustazo del que ya podríamos aprender en Occidente. Besos

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