2 de octubre de 2016

Corea del sur: diseño, vías ciclistas... y kimchi

A pesar de los intentos del presidente norcoreano Kim Jong-un por sabotear nuestra visita a Corea del Sur con pruebas nucleares y los consiguientes terremotos, nosotros nos mostramos inasequibles al desaliento y seguimos con nuestros planes de cruzar la península surcoreana de noroeste (Incheon) a suroeste (Busan).

Tras las veintipico horas de ferry desde el puerto de Tianjin hasta Incheon, Corea nos recibió inicialmente con algo de bruma que nos quitó de la cabeza lo de irnos a una playa a descansar. Pero en breve esta bruma pasó a ser un tiempazo otoñal, con cielos claros, sol a raudales y temperaturas perfectas. El otoño es, sin duda, la mejor estación para visitar Corea.
Tanto Incheon como el trayecto hasta Seúl los encontramos repletos de gente, seguramente por el estupendo tiempo, por ser fin de semana y por ser el Día de Acción de Gracias coreano. Bueno, seguro que también ayudó que el gran Seúl tenga nada menos que 25 millones de habitantes, la mitad de los 50 millones que conforman el "país de la mañana tranquila". ¿Cuan tranquila puede ser la mañana con tanta peña pululando por todas partes? En cualquier caso, había miles de personas andando civilizadamente en bici por las vías ciclistas junto al río Han. En el río windsurfistas o esquiadores acuáticos, y en sus riberas las terrazas llenas, la gente haciendo deporte (en la ropa deportiva más moderna y flashy del mundo mundial) o simplemente tomando el sol, en un ambiente festivo-vacacional que nos puso la sonrisa en los labios.

Tiendas puestas con gusto en cualquier barrio de Seúl
Este buen ambiente nos acompañó los tres días que estuvimos en Seúl. Aunque en general masocamente preferimos las incomodidades que traen la aventura, las dificultades y el exotismo, de vez en cuando al cuerpo le sienta bien un poco de rancia y pecaminosa decadencia consumista. Lo confesamos... y el que diga lo contrario miente bellacamente :-). Seúl no sé si es decadente, pero sí que es consumista. Capital de un país ya más rico que España (algo conseguido en un tiempo récord), es una ciudad muy desarrollada, sofisticada, llena de tiendas y restaurantes, cuidada, limpia, bonita, aunque eso sí, tirando a cara.

De lo antiguo o histórico queda poco en la ciudad porque o se lo cargaron los japoneses en su primera conquista coreana... o en la segunda (algo que sustenta el amor fraterno que sienten los coreanos por sus vecinos nipones, ejem). O si no lo machacaron los japoneses, lo hicieron los propios coreanos en la guerra de Corea. Así que, además de mucha reconstrucción de palacios, murallas, puertas y templos, en lo que se refiere al arte parece que los seuleses se han dedicado al diseño contemporáneo -de lo que tienen mucho y bueno-, a las delicadas y sofisticadas artesanías tradicionales o al minimalismo a la japonesa (seguro que me echan del país si leen esto). En cualquier caso, la ciudad es atractiva y es un gusto pasear por sus abarrotadas calles.

En uno de los muchos palacios de Seúl recuperados
El cuidado por el diseño urbano también se aplica al personal. Nos dio la impresión de que un gran número de coreanos se preocupan sobremanera por su imagen, algo que parece ir en relación directamente proporcional al número de selfies que se hacen. Lucen mucha ropa de marca, peinado fashion, coche lujoso novísimo y reluciente, gadgets de última generación, etc.

Lo de la tecnología en este país, el hogar de Samsung, LG, etc., merecería un capítulo aparte. Si no tienes un smartphone megasupermax, eres un absoluto pringao (por ejemplo, el menda). No es exclusivo de Corea, ya lo sé, pero aquí es más extremo; entrar en el metro y ver a todo el mundo en silencio mirando fijamente su pequeña pantalla es un poco surrealista. Lo bueno de este amor por lo tecnológico es que en prácticamente todo Corea hay wifi gratuito (el acceso a internet es un derecho ciudadano) y excelente (supuestamente el más rápido del planeta).

Otra muestra más del cuidado por el diseño y el detalle son las vías ciclistas que cruzan todo el país. Éstas están estupendamente preparadas y acondicionadas, con todo tipo de detalles más o menos importantes: baños especiales diseñados con motivos ciclistas en los que puedes entrar con bici y todo, mientras música clásica ameniza -o encubre- tus actividades evacuatorias; apoyapiés junto a, por ejemplo, tablones de anuncios, para que puedas detenerte y apoyarte cómodamente en ellos sin descender de la bici; túneles, puentes, plataformas exclusivos para bicis; infinidad de puntos con bombas de aire para hinchar las ruedas e, importante, quitarse el polvo del culotte o maillot último modelo; aparcabicis por todas partes, igual que mapas e información..., aunque estos últimos desgraciadamente casi todo en perfecto coreano; etc. Incluso los tramos que hay que compartir carretera con otros vehículos -que haberlos haylos, aunque se diga que es la vía ciclista más larga del mundo- están generalmente bien señalizados. Estos desvíos a pueblos y ciudades son bienvenidos pues sirven para ver a los coreanos en su hábitat natural.

Apoyapie para no desmontar de la bici. Detalles
Sorprende de todas formas la cantidad de naturaleza: es un país montañoso (aunque no sean altas sus montañas, hay muchas), verde, con ríos anchos y tranquilos (todos están represados) y muchas aves. Es una naturaleza un tanto "domesticada", es cierto, pero inesperada en un país tan densamente poblado (50 millones en 100.000 km2 frente a los 46 millones en 500.000 km2 de España) e industrializado. Lo bueno es que, como decíamos antes, la mitad de los coreanos viven en Seúl y cerca del 90% lo hacen en rascacielos, así que el territorio está más libre de humanos de lo que uno podía esperar.

Algunos viajeros se quejan de que estas vías ciclistas pueden llegar a ser aburridas -puedes meter el control automático, olvidarte de todo y pedalear, que no te vas a perder-, y desde luego aventureras no son, pero el paisaje es precioso, se cruzan unas cuantas poblaciones (o es fácil desviarse a ellas) en las que es posible confraternizar con los lugareños y, como decíamos antes, de vez en cuando también está bien algo de civilización sin sobresaltos en forma de camión a punto de arrollarte.

No todo es bucólica y pacífica naturaleza. Estando como está técnicamente en guerra contra Corea del Norte, en Corea del Sur hay cierta actividad militar, y así nos tocó sufrir el ruido de infinidad del aviones militares... y disfrutar del vuelo de paracaidistas sobre nuestras cabezas.

Cazas, helicópteros militares, paracaidistas...
La vía ciclista que tomamos es la ya mencionada de Incheon a Busan pasando por Seúl, llamada la ruta de los cuatro ríos. Uno puede adquirir un "pasaporte" que irá sellando en cada uno de los puntos de sellado a lo largo de la ruta (iguales que las inglesas cabinas telefónicas inglesas) y, al finalizarla, recibirá una medalla y un certificado. Apasionante, sin duda, pero nosotros, en fin, como que no nos apuntamos.

En Corea hemos acampado bastantes días en los quioscos que hay junto al camino o en algún estupendo camping, pero también nos hemos alojado en los llamados love hotel que, la verdad sea dicha, están bastante bien para su precio. Por 30 o 40 Euros por toda la noche (desconocemos el precio por hora) uno dispone de toda la parafernalia de cama redonda, espejos hasta en el techo, luces sugerentemente multicolores, enorme tv con pelis porno (en algunos casos solo éstas están disponibles y hasta que das con el volumen, se entera todo el mundo de lo que estás viendo en la tele), preservativos y juguetes eróticos, baño con jacuzzi, cremas, mascarillas y jabones de todo tipo, aparcamiento discretamente semiescondido para que los visitantes puedan llegar sin ser vistos, y, en fin, todo lo necesario para pasar un buen rato con tu pareja. Rezuman amoooor.

Recientemente leí que el kimchi es un probiótico. Ni pensando en ello...
No recordaremos Corea por su gastronomía. Por un lado hace falta un coreano para saber pedir en los restaurantes y salirse de lo que siempre acabamos pidiendo los extranjeros. Pero incluso esto (arroz, fideos, ternera marinada, todos los acompañamientos, en particular el famoso y omnipresente kimchi, una especie de sauerkraut o chucrut à la coréen) resulta una comida desconocida y un poco difícil para el paladar occidental, con sabores intensos, fuertes aromas (a veces apestosos), mucho ajo y mucho picante. Que podría estar muy bien (qué sería de la comida sin una buena sorpresa al paladar de vez en cuando), pero todo está excesivamente especiado y no hay prácticamente sabores puros. No la echaremos de menos.

Puentes coreanos, éste de 21kms en Incheon
Conforme nos fuimos acercando a Busan, el tiempo comenzó a cambiar. Empezó con bruma, calor y potente humedad, para terminar en un aguacero que nos acompañó los últimos kilómetros de Corea y durante nuestra estancia en la principal ciudad del sur. Así que poco vimos de esta ciudad. Por suerte, un par de jornadas antes de llegar a Busan habíamos conocido a Linda y Jon, dos viajeros británicos en tándem, con los que volvimos a coincidir en esta ciudad y cuya interesante y divertida charla nos amenizaron el dolce far niente.

Y, por fin, tras casi 28 meses, llegamos a nuestro particular Finisterre euroasiático (el este de Rusia está más al este que Corea, pero como no nos han dejado entrar, que les zurzan). Un ferry nos llevará hasta Fukuoka, en la japonesa isla de Kyushu. Pero esto, ya os lo contaremos en otra ocasión.

Un abrazo


Las esclusas de entrada al puerto de Incheon. Parecía que ya estábamos, pero fue una horita más.
El día que desembarcamos era viernes puente, y tuvimos la suerte de disfrutar de alguna actuación callejera, como la de la foto. Impresionante cómo son capaces de tocar los tambores a la vez que giran las cabezas para hacer bailar las cintas que llevan atadas a los gorros.
Alguno de los love motels tenían máquina de palomitas gratuita en la puerta del ascensor. Difícil resistirse. Por suerte eran simplemente saladas. En el super habíamos visto paquetes de palomitas con queso gorgonzola y paquetes de patatas fritas con miel. Curioso que a todo haya que añadirle algo.
Acercándonos a Seúl
La vida en Seúl junto al río.
Hugo recordaba los atascos de Seúl de hace 25 años. Probablemente alguno tendría que ver con el número de puentes que había. Ahora, era impresionante ver la fila de puentes uno tras otro.
Yo conocía la marca Lotte por los helados, cómo no, que llegaba hasta Sao Paulo. Pero ni idea del imperio que era. Y el gesto de la estatua, nos lo hacían algunos ciclistas con los que nos cruzábamos! Muy curioso.
En otro de los palacios de Seúl.
El jardín secreto de uno de los palacios de Seúl, mayor que el propio palacio y que nos llevó un buen y agradable rato recorrer. Mucho estanque, mucho loto, muchos quiosquillos,...
Seúl la nuit. Restaurantes, cafés y pubs en altura, y mucha gente guapa por la calle
Cambio de guardia en la puerta de uno de los palacios
Detallitos de los tejados coreanos en los palacios. Se supone que estas figuras protegen de los malos espíritus.
Y más palacios...
Nuestro fin de semana en Seúl era puente festivo en Corea, y coincidimos con muchos coreanos de vacaciones. Muchos - la mayor parte ellas -  se vestían con los trajes tradicionales para hacer turismo por la ciudad, así que lo alegraban todo bastante.
Pensar que los edificios de los palacios de dos plantas eran hace siglos desde donde se veía la ciudad entera... y verlos ahora comidos por los cientos de rascacielos.
Cientos y cientos de rascacielos, que a su vez parecían diminutos frente a algunas torres inmensas que aparecían aquí y allí. Esta es la "Lotte World Tower" de 498 metritos

El tráfico de las ciclovías
Los túneles de las ciclovías, antiguos túneles de tren. Un lujo.
Pedaleando junto al río las vistas no estaban nada mal.
Primera noche de acampada nada más salir de Seúl. Y lo mejor, no había mosquitos!
Se podía "oler" el dinero invertido en las ciclovías. Pasarelas dedicadas, muchas barandillas y farolas con motivos ciclistas
Nos podía gustar más o menos, pero a pesar de que los ríos estaban literalmente "cosidos" a presas y puentes, cada uno parecía ser de un arquitecto diferente y nada de simplicidad. En el de la foto, los "huevos" son generadores hidroeléctricos, y el avión es una fuente...
Otro de los impresionantes presa/puente. Nos costó hacernos al horario coreano. En Mongolia podíamos pedalear hasta muy tarde porque no era de noche hasta las 10pm. En Corea a las 6pm ya se metía el sol y más de una vez nos pilló aún pedaleando y sin haber elegido lugar para acampar.
En las lindes de algunos pueblos pueden verse estos totems de madera. Los llaman "jangseun" y además de marcar las limitaciones, hacen de protectores contra los demonios. Curiosidades.
Más vistas sobre el río
La mayor parte del kimchi está hecho con coles/repollos, y es por tanto un producto básico en su cesta de la compra. Las frutas y verduras son ya de por sí carísimos en Corea, y por el excesivo calor que había hecho este verano, las coles se vendían a más de 5 euros cada. Todo el mundo escandalizado.
Os hemos dicho que había puente tras puente?
Pues un fallo, pero no hicimos foto del interior de las habitaciones de los love motels donde estuvimos. De esas camas redondas, esos cristales, esas jacuzzis... Así que os dejamos con la foto de la entrada. A estos hoteles o se accedía desde el interior de un aparcamiento, o sino la entrada estaba siempre cubierta como en la foto.
La comida coreana no nos ha fascinado. Mezclan mucho todo y meten muchas especias y no se distingue ningún saber original de nada. Este plato -abajo a la derecha- es uno de los platos nacionales, arroz (en el cuenco metálico), 5 "cosas" diferentes con un huevo frito encima, y en este caso en vez de carne, tofu en el centro de la foto. Se pilla todo, y se mezcla, y luego vas picando de esos platitos llenos de cosas frías y de sabores cada cual más fuerte. Como curiosidad, en Corea el arroz se come con cuchara, y los palillos en vez de madera son metálicos. Antiguamente los palillos del emperador eran de plata para que reaccionaran ante un veneno. Y de ahí quedó la costumbre de hacerlos de metal..., aunque ahora sean de acero inoxidable.
Las ciclovías tienen muchííííísima información, e incluso marcan lugares cercanos a visitar. El problema es que todo está en coreano, así que ni idea qué es lo que estábamos viendo en esta foto! ;p
No deberían tras tan sólo 27 meses, pero las bicis comienzan a mostrar signos de envejecimiento. En este caso fue la pata de cabra trasera de Hugo la que se agrietó por dos lados. A ver cuánto dura esta soldadura.
Montones y montones de libélulas nos acompañaron en estas dos semanas por Corea del Sur. Algunas nada tímidas.
El camino estaba repleto de kioskos como el de la foto, donde se podía acampar libremente por la noche sin que nadie nos dijera nada.
Hinchador que funciona con el panel solar que he cortado en la foto.
El interior de una de las cabinas donde se sella el pasaporte que justifica que se ha completado la ciclovía, en caso de querer llevarse la medalla. No fue nuestro caso, que huímos de un peso más.
Los coreanos iban todos equipados de arriba a abajo. Y muy majos. Detrás de este, unos baños con forma de bici. De verdad que estos coreanos se han dejado muuuuucho dinero en estas ciclovías.
Otro plato típico coreano es la barbacoa coreana. Unas brasas que te colocan en mitad de la mesa, una plancha encima donde cocinar uno mismo la carne marinada, y montones de diferentes hojas de verdura con las que enroscar la carne hecha.
Baños y más baños. Limpios, con papel higiénico, y hasta decorados con fotos de los puentes cercanos.
Pasarelas sobre el río. Por qué era exactamente que no hacían las de Sagüés en Donosti?
Estas dos semanas ha sido época de recogida de puerros, de manzanas, de castañas, de caquis,....
Esa señal cuadrada azul es la que seguimos durante más de 600kms, como las flechas amarillas del camino de Santiago. Ni mapas hubieran hecho falta.
Y más pasarelas junto al río alejadas del tráfico de las carreteras.
Esculturas junto al río.
Todo Corea del Sur está muy desarrollado, pero en algunos pueblos aún pueden verse imágenes típicas de Asia
Con los británicos Linda y Jon al final de la ciclovía de los cuatro ríos.



9 comentarios :

  1. Cuando vemos vuestras fotografías... nos dan pena las nuestras. Coincidimos casi en al 100% en vuestras impresiones sobre Corea. Ahora a disfrutar con los tifones de Japón, jejeje, que a nosotros nos esperan los de Filipinas.

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    1. Cuando vemos vuestros vídeos nos dan pena los nuestros... (inexistemtes). Muy bueno el primer vídeo de Japón, por cierto, y muy útil para nosotros. Y espero que hayáis consumido todos los tifones japoneses y que no quede ninguno para nosotros...

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  2. Holaaaaa guapos! Que maravilla viajar con ustedes a través del blog, me lo paso bomba. Un beso y espero la próxima entrega.

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    1. Nada, no la esperes, vente y la escribimos juntas! ;p

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  3. Criatura, mejor en la bici que en el Maepsy Daevoo de segunda mano con el que recorrimos el país hace 27 años? Ciertamente la compañía mejor (ahora, claro), pero buenos recuerdos, ¿verdad? Y obviamente, otro país...
    Después de tanta tienda de campaña, se me ocurren un par de razones por las que no os dio tiempo a sacar fotos del interior de los love motels...
    Por último, no habéis sido justos con el kimchi... :-)
    Abrazo grande!

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    1. El viaje con el Maepsy ha pasado ya a la categoría de "mítico"... 27 años, qué pasada. En esta ocasión no fuimos a Itaewon, Meari o a JJ's, teníamos suficiente con los love hotels...

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  4. congratulations on your 'farthest east' moment, just ace!

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  5. Cuidado con Japón....allí me han hecho abuelo....

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