19 de febrero de 2010

Sudáfrica, Lesotho, Swazilandia

De Namibia viajamos a Ciudad del Cabo, como ya os contamos en la anterior entrega de este a buen seguro apasionante relato, en un enorme (dos trailers) camión de cerveza namibia (que desgraciadamente no pudimos catar), escondiéndonos en los controles de policía por ir cuatro personas en la cabina del camión cuando el ximo era de dos.

Ciudad del Cabo podría estar en California o Australia; parece imposible que comparta continente con Lagos, Brazzaville o incluso Lusaka. De hecho, buena parte del país es más europeo que otra cosa. Todo es muy "normal" y "civilizado", pocas anécdotas del tipo "only in Africa" os vamos a poder contar.

Pero este país tiene sus problemas graves, que se convierten en urgentes sobre todo de cara al mundial de fútbol. Sudáfrica es uno de los países con más crimen violento del mundo. Cada día hay aproximadamente 50 asesinatos, 100 violaciones, 700 robos y más de 500 asaltos violentos, en una población de 50 millones. Las cifras de asesinatos son probablemente bastante reales, pero parece que sólo se denuncia una de cada diez violaciones. El 25% de los varones entre 18-49 admiten haber cometido al menos una violación. Angelitos. Pero lo malo no es que te roben, sino que además te matan por cosas como un móvil. (Como ya estamos en Mozambique, supongo que podemos contar estas cosas).
De todo ello la gente que puede (sobre todo los blancos) se protege con fortalezas: muros, vallas electrificadas, perros y guardas de seguridad.

A todos preocupa lo que pueda pasar durante el mundial de fútbol, cuando unos 350.000 fans se paseen, muchos con alguna copa de más, por zonas "off-limits". El gobierno responde aumentando en 55.000 el número de policías (hasta unos 190.000) y con una campaña de tolerancia cero ante el crimen, "limpieza criminal" de calles: bares problemáticos, prostitución, venta de licores, etc.

Mientras tanto, el presidente Zuma (de 67 años) ha creado un pequeño lío con su vida privada y con el ejemplo que debería estar dando en relación a otro gran problema sudafricano: HIV/Sida. Cuando Zuma era candidato se había casado ya tres veces aunque tenía una esposa (un divorcio y un suicidio); desde entonces se ha casado con dos más (tres mujeres, 18 hijos) y se le han descubierto otros dos hijos con otras dos mujeres (fuera de los matrimonios, se entiende), una de ellas hija de un amigo. Con bastante coña, a Zuma le llaman ya "padre de la nación". Pero lo grave es que todo ello ocurre después de la campaña gubernamental anti-sida sobre uso del condón, abstinencia y, ejem, tener sólo un compañer@ (algo parecido a monogamia, no?). Para colmo, hace poco reconoció haber tenido relaciones sin protección con otra hija de otro amigo (fue acusado de violación y posteriormente absuelto), hija que resultó tener HIV. Zuma "tranquilizó" a todo el mundo asegurando que, después del acto, se había dado una ducha. Un genio. Claro, que mejor que el anterior presidente, Mbeki, que oficialmente negaba cualquier relación entre HIV y Sida y hablaba de una confabulación blanca sobre el asunto para desacreditar a los negros.

Tela con el presi.

Pero volvamos a Ciudad del Cabo. Pasear por la ciudad es una gozada: el relajado ambiente multicultural y multiétnico de las calles, la cantidad de restaurantes y terrazas, la temperatura primaveral, la luz especialmente brillante y luminosa (cuando menos ahora, en su verano), el aire limpio (mucho viento), mar por todas partes y, detrás, la famosa Montaña de la Mesa.
Subimos a ésta andando, pues el teleférico estaba cerrado por fuerte viento. Así que cuando llegamos arriba (1.086m) estábamos casi solos y, cuando el famoso manto de nubes que a menudo cubre la montaña se abría, en fin, las vistas desde la Montaña de la Mesa son espectaculares.

Una de esas rosas de los vientos que se colocan en estos lugares emblemáticos nos recuerda que, el mismo día que cumplimos nueve meses de viaje (cómo pasa el tiempo...) estamos a 9.000Km de Donosti a vuelo de pájaro (seguramente bastantes más kilómetros recorridos en buses y taxis africanos). Nos encontramos a la altura de Buenos Aires o Sidney, y el Polo Sur (brrr) queda todavía lejos, a unos 6.500Km. Lo dejaremos para otra ocasión.

Robben Island, en cuya cárcel de máxima seguridad en la que Nelson Mandela pasó 18 de los 27 años que estuvo preso, nos dejó un poco fríos, a pesar de ser Patrimonio de la Humanidad..., y de hacer un calor del copón. La isla tiene un evidente significado histórico, el tour de la cárcel te lo hace un ex-preso (nada que ver con café) político y además hay pingüinos en la isla. Pero es una borregada turística. Lo que más vale es la vista desde el barco sobre Ciudad del Cabo y el paseíllo por el Waterfront.

Como en Namibia, en Sudáfrica hicimos una excepción con el transporte y alquilamos coche, un minúsculo Chevrolet Spark, por la friolera de 15€/día, un chollo. Todos conocemos los pros y los contras del coche frente al transporte público, pero es que en Sudáfrica, además, el transporte público no tiene, por llamarlo de alguna manera, el exotismo que pueda tener más al norte.

Ya con el coche pasamos un par de días más recorriendo los alrededores de Ciudad del Cabo. Pueblecillos pintorescos, paisajes, playas surfistas, y playas con pingüinos (Boulders Beach), con quienes nos pegamos un buen baño en aguas no demasiado frías (19ºC). Buena caminata por la península del Cabo, parte del parque nacional del Table Mountain, con las obligadas fotos en la Punta y el Cabo de Buena Esperanza.

Si alguno venís por estos lares os recomendamos recorrer la carretera del Chapman's Peak. A pocos minutos del centro de Ciudad del Cabo, es realmente impresionante: carretera excavada en la roca, sucesión de montañas, bahías, acantilados.

Por fin abandonamos con mucha pena Ciudad del Cabo. Cerca visitamos la zona de los viñedos: Stellenbosch, Franschhoek, Paarl y alrededores. De repente nos teletransportamos a Suiza o a algunos viñedos en Alemania. Todo está impoluto, como recién pintado, jardines inmaculados, todo bien urbanizado, tiendas de marca, cochazos en las calles (Aston Martin y similares)... Es zona afrikaner, de boers con fama de conservadores y tradicionalistas. Mucha gente parece sacada de una ópera de Wagner, rubios, altos, sonrosados. Casi todo el mundo es blanco, excepto gente de servicio (tal vez en Sudáfrica el racismo haya remitido, pero desde luego hay bastante orden: los blancos con los blancos, los negros con los negros). Vemos muchos jóvenes uniformados (nada militar, pero todos vestidos de igual manera) y otros tantos en parejas de camino a/de la iglesia. Por algún motivo nos intranquiliza un poco...

Visitamos unos cuantos viñedos en un tour, una preciosidad de bodegas en un paisaje alpino. En cuanto a los vinos hay de todo, pero en general, ricos, sobre todo los blancos (hasta este extremo llega el apartheid). Menos mal que no conducíamos... :-)

Bajamos nuevamente de las montañas vitivinícolas para recorrer la costa. Una belleza de costa en sí misma, con esas montañas que llegan hasta ese mar tan bravo, pero debe de serlo más cuando, entre los meses de julio y diciembre, puedes avistar ballenas pegando saltos y haciendo cabriolas varias desde la tranquilidad de tu coche o desde alguno de los paseos que recorren el litoral. Hermanus, en donde pasamos la noche, tiene fama de ser el mejor lugar del mundo (mundo terrestre, claro) para avistar ballenas. Pena que llegáramos un mes tarde.

El Cabo Agulhas es el punto más al sur de África y donde geográficamente se juntan los océanos Atlántico e Índico. Hay controversia al respecto y algunos sitúan este encuentro en Cape Point, cerca de Ciudad del Cabo. Lo relevante es que se juntan las corrientes Benguela (congelaíta, entre 9º y 16º, resién llegá del Polo Sur) y Agulhas (calentita, entre 21º y 27º, nace en Madagascar) y eso provoca que en pocos kilómetros de distancia haya vida marina muy diferente. Nosotros nos reservamos para bucear más adelante, en el Índico...

Pero lo verdaderamente importante es que hemos tardado 9 meses y una semana en cruzar África de norte a sur (esto ocurrió el 19 de enero), que desde Agulhas cambiamos de océano y que, en cierta forma, leeeeentamente empezamos a volver a casa.

Pasando por Arniston y sus blanquísimas dunas, hicimos noche en Swellendam y de ahí, por la famosa ruta 62 (la ruta vitivinícola más larga del mundo), hasta Oudtshoorn, la capital mundial de las avestruces. Visitamos una granja de avestruces (un poco turistada, pero bueno) en la que Bego mostró sus habilidades como amazona "cabalgando" magistralmente una avestruz.

Más kilómetros con el coche nos llevaron por pasos de montaña espectaculares, hacia enormes cuevas por las que nos arrastramos cual avezados espeleólogos, pueblecillos más o menos pintorescos y, por fin, a refrescantes cascadas donde remojar nuestros acalorados cuerpos.

La primera parada en la costera Garden Route fue en Wilderness. En esta ocasión nos teletransportamos no en el espacio sino en el tiempo y pasamos la noche en una comuna auténticamente hippy: "make love, no war", ganja y todo lo demás. Buenos trekkings por la zona, junto a ríos y cascada, viendo martines pescadores y turacos.

Seguimos conduciendo por la costa, parando en pueblos como Knysna, Plettenberg Bay. En Tsitsikamma NP hicimos un estupendo trekking junto al mar, la primera etapa de las cinco que dura el "Otter trail". Más al este, en Jeffreys Bay, meca sudafricana del surf, hicimos un poco el ridículo intentando ponernos de pie sobre la inestable tabla de las $#¢°@!. Con lo fácil que parece en los vídeos...

De la Garden Route a la Wild Coast (los de Turismo han bautizado toda carretera o ruta sudafricana): Cintsa y Coffee Bay. Bonitos lugares, pero desgraciadamente el tiempo no acompañaba (calor pero lluvia), así que poca playa.

Lesotho

Lesotho era un país desconocido, por lo menos para nosotros, sin saber qué esperar de él. Cuando entras en esta nación (una "isla" rodeada por sus cuatro costados por Sudáfrica), sobre todo por un paso de montaña sin asfaltar, casi de noche y con una jarreada encima de agárrate y no te menees, tienes la sensación de haber llegado a la última frontera, al valle perdido. Pero su nombre artístico, el "Mountain Kingdom", ya da alguna pista. Es una especie de Tibet africano, con tresmiles en lugar de ochomiles, pero con la mayor mínima altura del mundo (esteeee, su valle más profundo está a más altura que el valle más profundo de cualquier otro país), montañas y ríos por todas partes.

También tienes la sensación de volver al África real (más desorganizada, peores carreteras, etc.), frente a la descafeinada Sudáfrica (sin acritud). Hay pocos blancos: en Maseru., la capital, nos cruzamos con un blanco y nos saludó. :-)

Es un país de paisajes espectaculares (montañas rocosas y valles cultivados) y gentes interesantes. Son relativamente pobres, con mucha agricultura y ganadería de subsistencia. Nos encontramos con muchos niños pastores, niños que no estaban en el colegio... Exportan diamantes, agua y algo de confección. Por cierto, la prenda de vestir nacional es... la manta. No es broma. Lo curioso es que no es una prenda tradicional, de esas de toda la vida, que va. Se la regaló un comerciante europeo al rey Moshoeshoe I en 1860, y les gustó tanto que la empezaron a importar como locos, la visten todo el año sea invierno o verano y se convirtió en un símbolo de estatus. Tiene todo tipo de detalles curiosos: las líneas deben vestirse verticalmente, las hojas de col significan prosperidad, la mazorca de maíz, fertilidad, los niños la reciben cuando son circuncidados, etc.

En fin, con tanta montaña disponible nos dedicamos a hacer trekkings a pie y en pony (un pony autóctono, el medio de transporte nacional) o caballo (para los que no queremos ir arrastrando los pies en un pony). Pasamos por Qacha's Nek, Malealea, Maseru, Roma (la única universidad del país), etc.

De vuelta a Sudáfrica

De vuelta a Sudáfrica nos quedamos por las montañas, que a este lado de la frontera se llaman las Drakensberg, o montañas del dragón. Una preciosidad de cordillera (Patrimonio de la Humanidad), en la que hicimos muy buenas excursiones.

De la montaña nuevamente a la costa, en la región de KwaZulu-Natal, una región que tiene de todo, desde montañas a playas tropicales... Zulú, por cierto, quiere decir cielo (heaven)..., no nos extraña.

Durban, la tercera ciudad del país, es conocida por su gran comunidad india y a ello nos dedicamos: curries, biryanis, bunny chows y otras delicias culinarias indias fueron degustadas, mmmh.

Para bajar tanta comida nos fuimos a bucear a la Aliwal Shoal, una zona cerca de la costa sur de Durban, supuestamente designada por Custeau como uno de los mejores lugares del mundo para bucear. Estuvo bien (tiburones, rayas, morenas, tortugas) pero con poca visibilidad (6-8m), supuestamente por la (lluviosa) época del año.

En la costa de los elefantes (nombre algo más comercial que el infausto Maputaland), al norte de Durban y junto a Mozambique, pasamos unos días en el iSimangaliso Wetland Park. Patrimonio de la Humanidad, es un parque con el mar a un lado y lagos, estuarios y humedales por el otro. Dentro de él, en St. Lucia, vimos todo tipo de animales (antílopes, rinocerontes, búfalos, hipopótamos, cocodrilos, etc.), de todo menos, curiosamente, elefantes. En otra zona, Sodwana Bay, nos pegamos una buena sesión de buceo (mejor que en Aliwal Shoal) y fuimos por la noche a ver tortugas deshovar en la playa. Con hasta metro y medio de ancho y una tonelada de peso, las tortugas "leatherback" no se mueven precisamente con gracilidad (bueno, por lo menos en tierra), pero suponemos que tiene su toque tierno verles moverse pesadamente por la playa, hacer un agujero en la arena y depositar aproximadamente 100 huevos (pena que muchos lugareños crean que los huevos de tortuga curan el Sida...). Digo "suponemos", porque esa noche las perezosas tortugas no vinieron y nosotros sólo vimos las huellas de una :-(. Nos dedicamos a ver la Vía Lactea desde la playa, que tampoco estuvo mal.

Swazilandia

Situado entre Sudáfrica y Mozambique, Swazilandia es otro país de esos bastante desconocidos para la mayorá de la gente, que no pinta nada en el mundo. Tal vez se ha oído más de él que del cercano Lesotho por su toque pintoresco, pues sufre de una monarquía absoluta, con un rey tradicional de cuento africano, casado con 14 mujeres (un ejemplo de virtud y comedimiento, pues cuando su padre murió a los 83 años tenía 120 mujeres oficiales y otras tantas "amiguitas"). Dado que de sexo seguramente no podrán disfrutar mucho compartiendo al monarca entre 14 mujeres, las reinas pasan el rato comprando; para celebrar en 2008 que el rey y el país cumplían 40 años, 8 de las 13 (en aquel entonces sólo eran 13) reinas se fueron de compras al extranjero, gastando una fortuna a cuenta del erario público. Diez mil personas se manifestaron por las calles contra el dispendio real.

Con el fin de frenar el HIV/Sida (uno de los máyores porcentajes de infección del mundo y una esperanza media de vida de 31 años) el rey promulgó una ley por la cual se prohibía a lAs (sólo a ellas...) adolescentes (teenagers) tener sexo durante cinco años. Parece que ni siquiera la sangre azul resiste ante los placeres de la carne y el rey se saltó su propia ley cuando se casó con una chica de 17 años. Probablemente eso le hizo acortar en un año la prohibición de marras.

En Swazilandia nos alojamos en un backpacker de unos pamplonicas, en mitad del valle Ezulwini, cercano a la capital política, Mbabane (100.000 habitantes), y a la capital de negocios, Manzini (110.000), bastante pueblos las dos. Lo que vimos del país (paisajes, parques nacionales,..., no hay muchas fotos porque se nos estropeó la cámara), nos gustó, pero no para echar cohetes. Deben de estar muy bien y ser muy auténticas las fiestas tradicionales; desgraciadamente, como siempre nos ocurre, son en otra época del año. (La foto que veis del Reed Dance con las orondas y ligeramente atemorizantes damas que así se presentan ante el rey es una foto de una foto; se nos estropeó la cámara en Swazilandia, así que nos las arreglamos como pudimos...)

De vuelta a Sudáfrica (otra vez)

El Blyde River Canyon es otro "tercer cañón más largo del mundo", creo que ya llevamos unos cuantos. De cualquier manera es un sitio espectacular, un cañón verde que nada tiene que ver con el Fish River Canyon de Namibia y una buena parada de camino al Kruger Park.

Qué os podemos contar del Kruger Park que no sepáis. Es de los pocos sitios en los que encontrar excrementos (de animales, claro), o que el coche que tienes frente a ti frene de repente, te da una alegría: animales cerca! Aguantamos estoicamente el levantarnos a las 5.30 de la mañana para disfrutar de las mejores horas del día y ver animalitos, aunque como desayunábamos horas después de levantarnos, los leoninos rugidos de la tripa de Bego ahuyentan a las gacelas.

El parque es amplio (350Km x 65Km), nosotros visitamos únicamente el sur y centro-sur, pero nos bastó para ver un montón de animales.

Nuestra última etapa en Sudáfrica es Nelspruit, donde devolvemos el coche, que nos ha llevado sin problemas durante más de 6.200Km por tres países, ahí es na, siendo tan enano. Si hemos recorrido 6.200Km aquí, qué no habremos recorrido en el resto de África?). Desde Nelspruit cogemos el bus a Maputo, Mozambique, desde donde os escribimos. Ya os lo contaremos (Intentaremos no haceros esperar tanto como esta vez..., aunque no prometemos nada, que para algo estamos de vacances...)

Un abrazo

3 comentarios :

  1. ¡¡¡POR FIIIN!!! De acuerdo, estáis de vacaciones, pero precisamente por eso tenéis "el deber" de animarnos y hacernos soñar a los que no lo estamos. Parece mentira que en poco tiempo os hayáis esncontrado con países tan diferentes, aunque por distintos motivos, dentro de una zona relativamente pequeña, si lo comparamos con el continente, claro. Botswana, a pesar de la tranquilidad, no os pareció descafeinado, como Sudáfrica (y eso que las cifras de delitos y demás que dais son escalofriantes). ¿¡Y la foto de Bego cabalgando el avestruz!? No, no cuela lo de la máquina de fotos.:-) Seguid disfrutando. Muxus a los dos.Bel

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  2. Impresionantes relatos!. Me encanta cómo integráis el relato de vuestro viaje con las explicaciones trésnicas sobre cada país. Oye, pero cuesta creer que desde que nos vimos en Senegal hace 9 meses aún sigáis vuestro viaje!!!. impresionante!!! qué energía!!! ¿habréis seguido con el mismo ritmo??? estamos impresionados!!!
    un fuerte abrazo con cariño de David y Kajsa

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  3. Hugo, pareces Johnny Weissmüller tirándote a la poza, solo faltan los cocodrilos.
    En otro orden de cosas, mirad qué he encontrado... vosotros hacéis estas cosas también?

    Descubre las “diez cosas que los mochileros hacen con frecuencia y son reacios a admitir en público”.



    La web Boots N All (Botas y todo lo demás) ha publicado una lista de las “diez cosas que los mochileros hacen con frecuencia y son reacios a admitir en público”. ¿El motivo? “Estar fuera de casa y sin dinero te da la sensación de que tienes carta blanca para saltarte las reglas sociales". Según esa web, que usa un humor inmisericorde, esta es la cara “chunga” del gremio de la mochila:

    1. Visten ropa interior sucia:
    Sea por olvido o por ceñirse al presupuesto, llega un punto en el que pasan de la lavandería. A veces pierden la ropa limpia, otras veces se la olvidan de resaca en un albergue. Estas cosas nunca las cuentan luego. Lo único peor que vestir ropa interior sucia es contar que la has llevado.

    2. Roban papel higiénico:
    Cuando andas arruinado coger el papel higiénico y meterlo en la mochila es una tentación demasiado fuerte. Sólo ahorran unos treinta céntimos por rollo, pero incluso eso ayuda en el balance económico final.

    3. Comen las sobras de los demás:
    Si te fijas puedes verles en un restaurante barato tomando un café y oteando mesas ajenas a ver si alguien se deja medio trozo de pizza. Luego fingen llevar la bandeja a la basura y pillan lo que pueden por el camino.

    4. Orinan en el agua:
    Sea un lago o una piscina municipal, los mochileros saben que es una manera práctica de evitar largas colas en los sucios lavabos de los sitios públicos.

    5. Tienen relaciones sexuales en áreas comunes de los hostales:
    Mejor hacerlo en el sofá del salón a las tres de la mañana que junto a tu mejor amiga que puede despertarse en cualquier momento y hacer que te mueras de vergüenza. El aumento de cámaras de seguridad puede acabar con esta práctica. O no.

    6. Mienten sobre su vida:
    Dicen ser estudiantes para conseguir descuentos, dicen estar solteros para ligar o dicen estar casados para quitarse a algún pesado de encima. Poca gente les conoce en su destino, así que pueden inventarse lo que les dé la gana. ¿Moraleja? Nunca confíes del todo en alguien con mochila.

    7. Abusan de los estereotipos:
    Tómate unas cañas con un grupo internacional y verás como pronto salen frases como "típico de un alemán", "que nos baile el español" o "italiano tenía que ser". Haber hecho un par de "eurorraíles" te da la sensación de ser un experto en psicología europea, pero lo más seguro es que estés soltando un cargamento de topicazos.

    8. Atascan los baños:
    En muchos países está prohibido tirar el papel higiénico por el retrete. El motivo es que las cañerías no están preparadas para canalizarlo. Los mochileros se olvidan de esto con frecuencia creando situaciones bastante complicadas.

    9. Se beben la cena:
    Muchas veces no hay más opción que elegir entre la cena y las copas. A los veinte años la mayoría se quedan con lo segundo (también a los treinta, cuarenta y cincuenta). Siempre hay alguno que dice “así el alcohol sube más”.

    10. Viven de comida basura:
    Se supone que uno de los motivos de viajar es sumergirse en la cultura local y aprender nuevas formas de enfocar la vida. Entonces, nos preguntamos muchos, ¿por qué los McDonalds están llenos de mochileros y apenas se ve ninguno en los bares de barrio de las ciudades turísticas?

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