8 de agosto de 2017

Laos de sur a norte: de capitales soporíferas, ciudades monumentales, etnias, ríos y montañas

El pulso de Vientián, la capital laosiana, es más bien bananero. Relajado, si uno quiere ser políticamente correcto. Hasta el tráfico de la capital se mostraba en estado semicomatoso: ni un atasco, ni una mala palabra al volante, ni un movimiento agresivo, literalmente ni un solo bocinazo en los días que ahí estuvimos. Paz y relax. Todo lo cual es estupendo, salvo que seas un jovenzuelo con ansias de marcha, discoteca o glamour. Como obviamente no es el caso, para nosotros Vientián resultó ser el perfecto lugar de descanso, capricho gastronómico (nada extraordinario, claro, pero salir de la dieta de sopa de fideos y arroz frito siempre resulta motivo de alborozo), revisión de alguna cosilla en las bicis, y consecución de imperativos administrativos, esto es, visado de Tailandia y extensión del visado de Laos, ambos conseguidos rápidamente y sin problemas.

Las montañas de caliza de los alrededores de Vang Vieng
Salimos de Vientián hacia el norte aliñados desde los cielos con un sirimiri a la donostiarra. Si exceptuamos algún que otro corto subidón, las dos primeras jornadas hasta Vang Vieng fueron razonablemente llanas. Este pueblo situado junto a un río entre montañas era anteriormente sinónimo de sexo, drogas y rock'n'roll, una suerte de Sodoma y Gomorra para mochileros. Los adolescentes se fumaban unos petas, opio o lo que fuera, se subían a un flotador hecho con una cámara de tractor y navegaban, tanto en su cabeza como río abajo, haciendo nebulosas paradas en unos cuantos bares, bares con alcohol y más drogas, aparentemente "abandonándose" a excesos de todo tipo, para disfrute de unos y escándalo de otros. Cuando llegaron a los 20-25 muertos entre ahogados, ataques al corazón, cuellos rotos (tras caerse de tirolinas) y otros accidentes dignos de "El Caso", las autoridades decidieron poner orden y reconvertirlo en destino familiar y de grupos, sobre todo de coreanos. Lástima: aunque peligroso para los participantes y poco respetuoso con los lugareños, seguro que era muy divertido.

Divertida fue también la llegada a Vang Vieng, pedaleando por mitad de la pista de aterrizaje del aeropuerto entre ultraligeros despegando y aterrizando, buggies conducidos a toda velocidad por alegres turistas coreanos, lugareños en moto haciendo sus recados, cazaturistas ofreciendo alojamiento y alguna que otra rumiante vaca en mitad de la pista. Un aeropuerto seguro donde los haya.

Niños que tras vendernos un melón por 0,20 euros se sentaron a vernos
comerlo atentamente.
A partir de Vang Vieng comenzamos a subir, primero más o menos suavemente hasta Kasi, después a lo bruto hasta Kiou Kacham. Desde Kasi, por cierto, hay dos opciones para seguir hacia el norte: por la carretera oeste no hay infraestructura hotelera y sin embargo, según la web del ministerio de AAEE español y Open Street Maps, sí hay bandidos armados que atacan a los turistas. A ver que piense... sí, mejor vamos por la carretera este. De todas formas, vayas por donde vayas las cuestas son potentes y largas. Uno suda como un gorrino con este calor tropical, pero por lo menos el paisaje, abrupto y montañoso, es espectacular y compensa a la vista los sinsabores de las piernas.

Nos acercamos a la frontera con el Reino del Medio y la influencia china se ve por todas partes: en carteles de la carretera, en las matrículas de los coches, en los nombres de los comercios, en los canales de televisión que ofrecen los hoteles (hoteles de propiedad china) y, lo más importante, en los restaurantes, que visitamos con fruición. Hay tanto chino que en más de un pueblo la gente nos habló directamente en chino (lógicamente, debido al aspecto de chinos que tenemos).

Afean el paisaje pero no solo llegan a China, sino también al Laos que hemos
visto, donde apenas hemos tenido tres pequeños cortes de suministro en
mes y medio, y donde en vez de las neveras con hielo de Camboya, se veían
frigoríficos a tutiplé.
Cruzamos pueblos pobres de etnia H'mong, donde -no todos pero sí demasiados- niños desarrapados, semidesnudos, sucios, correteaban o chapoteaban en un espeso lodazal entre gallinas, puercos y perros antes de meterse, tras el alegre saludo laosiano ("¡sabaidee!") de rigor, en sus -no todas pero sí demasiadas- chozas de ratán, bambú o madera, con tejados de zinc y suelos de madera o de tierra pisada. Entre el barrizal y las grandes plantaciones de plátanos, uno se transporta sin querer a algún lugar del África ecuatorial. Supongo que en época seca la imagen que uno se lleva es más, no sé, más aseada, pero la lluvia trae barro y suciedad, pues absolutamente nada está "urbanizado" un centímetro más allá de la carretera principal. No quiero imaginar las condiciones en zonas más remotas, esas regiones a las que llegar en esta época será seguramente una odisea. Las chozas de los pueblos que cruzamos tienen electricidad -menos mal que por lo menos algunos beneficios de tanta producción hidroeléctrica llegan a sus habitantes y no todo es exportación- pero no agua corriente, lo cual obliga a la gente a ducharse en fuentes junto a la carretera. Resulta curioso ver a mujeres paseándose por el pueblo con un pareo por toda vestimenta o a los hombres en gallumbos. Eso sí, abundaban las antenas parabólicas, hasta en las cabañas más humildes. De todas formas, parece que hay una fiebre de construcción y se podían ver algunas casas nuevas o a medio construir, hechas con mejores y más sólidos materiales. Eso sí, rodeadas de barro.

Detalle del atractivo templo Wat Mahathat en Luang Prabang
Y llegamos a Luang Prabang, antigua capital de Laos, Patrimonio de la Humanidad, perla turística, cultural y espiritual del país y una de las poblaciones más monumentales de la región. Lo llamo "población" porque sus 77.000 relajados habitantes residen en unos edificios bajos rodeados por poco tráfico en un ambiente sosegado digno de un pueblo, pero al mismo tiempo disfrutan de gastronomía internacional, tiendas sofisticadas y turistas de todas partes, por lo que no sé si es una ciudad pequeña o un pueblo grande. Y Luang Prabang es monumental, sí, pero de una manera delicada, suave, pues sus atractivos son pequeños y dorados templos budistas en los que encuentras jóvenes monjes vestidos de color azafrán, calles repletas de edificios coloniales de una o dos plantas entre exuberante vegetación, cafés junto al Mekong observando la selvática orilla de enfrente tras el agua color cola cao que fluye a toda velocidad en esta la temporada de lluvias y, a pesar de los turistas, mucha tranquilidad.

Nong Khiaw nos lo recomendó Lontxo, un cicloviajero de Gazteiz que lleva
20 años sobre su bicicleta
Dudamos mucho entre coger un barco desde Luang Prabang hasta la frontera con Tailandia y disfrutar de dos días de crucero por el Mekong o pedalear por una zona algo más remota de Laos y ver los paisajes y las etnias de las montañas del norte. Al final, acuciados por la inminente expiración de nuestros visados, nos decidimos por una mezcla: pedalear hasta la parada intermedia del barco (Pakbeng) pasando por Nong Khiaw, y desde Pakbeng tomar el barco hasta la frontera.

Nong Khiaw se encuentra, como casi todo el norte de Laos, junto a un turbio río marrón ahocinado entre imponentes verdes montañas, con un ambiente mochilero bastante agradable, ambiente del que apenas pudimos disfrutar por el maldito visado...

La lluvia tampoco nos dejó disfrutar mucho de los últimos días en Laos. Siempre se dice de estos lares que en época de lluvias, ni llueve todos los días ni, cuando lo hace, llueve todo el día. Imagino que hay excepciones a la regla y a nosotros nos tocaron esas excepciones.

Ratitos sin lluvia (viendo cómo se acercaba).
En el último tramo en dirección a Pakbeng, ya alejados de la buena carretera principal que lleva a China, muchos de los pueblos que cruzamos eran del mismo pelo que los anteriormente descritos: pobres de solemnidad, maltrechas chozas sobre puro barro. Encajonados en un paisaje espectacular, con el río a un lado y la escarpada montaña llena de jungla al otro, ¿de qué vive la gente que aquí, en fin, malvive? No se ven más que pequeñas huertas, apenas hay unos pocos animales, el comercio es básico, desde luego no hay industria. Algunas mujeres trabajan con una rueca y un telar manual, pero dudo que eso aporte muchos ingresos. Laos es claramente un país muy pobre.

Y en barquito sobre el Mekong, los últimos kilómetros a Tailandia
En Pakbeng cogimos el barco que nos llevó por el marronísimo Mekong hasta la frontera con Tailandia. Al abordarlo nos dieron un precio por el pasaje (110.000 Kip, unos 12 €) así que nos gastamos los últimos Kips restantes en plátanos, pipas de girasol y magdalenas. Es un placer salir de un país sin "sobrantes". Después nos quisieron cobrar 30.000 Kip más por cada bici... pero ya no teníamos dinero. Más tarde, el agente fronterizo laosiano también nos quiso cobrar 10.000 Kip por cruzar la frontera en domingo ("sorry, no money!"). No nos pudimos escapar, sin embargo, de pagar el bus (100 Baht) que obligadamente uno tiene que tomar para cruzar el puente entre Laos y Tailandia. Un cajero en el lado tailandés nos facilitó los Bahts necesarios para pagar al busero...

Un abrazo
Vientián, llana y tranquila.
Hugo queriendo saltar la gran estupa dorada del templo de Pha That Luang en Vientián, con sus 45m de altura, complicado.

Detalles del complejo del Wat That Luang en Vientián.

Muchas de las mini estupas que rodean los templos tienen unos pequeños espacios interiores con una puertecilla, que tiene
toda la pinta de ser donde se dejan las cenizas de las cremaciones budistas.
Las diferentes caras de los diferentes budas en los templos de Vientián



La flor nacional de Laos es la plumeria, como en Nicaragua. "Símbolo de sinceridad y de lo bello de la vida", dicen.

Coreanos posando con gracia en Patuxai, el arco del triunfo laosiano.

Otro objeto para la colección de "lo que no puedo comprar y llevar en mis alforjas".

Gusanitos. Te los venden vivitos y coleantes, o ya fritos y emplatados. En este caso, acompañados de grillos (o saltamontes?)
Decoraciones de las fachadas de los templos laosianos. En medio de la nada.

En Laos no se rompen mucho la cabeza cocinando los plátanos. Nada de laminar, rebozar y freir. Asados y listos. Más sano.

La salida de Vang Vieng hacia Kasi.

Vendedoras de plátanos a un lado de la carretera. Atención a las camisetas. Debió de llegar una enorme partida de China con camisetas de Frozen, porque las vemos día sí y día también.

Pesca pasiva. Cesto de pesca colocado en el salto de agua entre un campo de arroz y el inmediatamente inferior. Por si cae algo.

Mi bebida favorita en Laos, Vitamilk Double Black, que al parecer viene de Tailandia. Leche de soja con sésamo negro y arroz sinin (arroz integral púrpura?). Atención a mi inflamado lado izquierdo de la cara. Desde que me ocurrió en China hace ya más de un año, son varias las ocasiones en las que me levanto con media cara hinchada, que se va normalizando a lo largo del día, sin tomarme nada. Parece ser que algo me produce alergia, pero no consigo identificar el qué.

En las zonas de montaña te venden de todo a los lados de la carretera. No pude fotografiar un enorme puercoespín, pero esta niña con todos esos murciélagos no protestó. Se sacará comida de ahí?

Las vistas desde alguno de los puertos entre Vientián y Luang Prabang eran espectaculares, incluso para el viejo móvil con el que hacemos ahora las fotos, después de que la cámara Sony se haya averiado por tercera vez. Esta vez apenas ha durado seis meses.

Algunas de las pequeñas tiendas de los pueblos tienen mesa y sillas fuera, y solemos parar a tomar algo y descansar. Ésta estaba junto a una fuente llena de niños llenando recipientes varios y aprovechando para bañarse y bañar a sus hermanitos. Impresionada con la fuerza de esta niña que llevaba esos cubos de muchos litros desde la fuente a la carretera y los cargaba en este carro manual.

Y quien te vende cuatro cosas tiene también una máquina a la puerta del comercio con la que descascarilla el arroz.

Vimos varios túneles en construcción por chinos en los alrededores de Luang Prabang. El futuro tren de alta velocidad de China a Singapur pasará por aquí.

Las niñas cargan en sus cestos recipientes para ir a recoger agua y los niños juegan a la petanca; las niñas cargan con sus herramientas camino del huerto y los niños cazan con sus tiragomas todo lo que se mueva.
Mercado de Luang Prabang, en el mero-mero y tan visitado por los turistas que cuando intentas hacer contacto visual para pedir permiso antes de sacar la foto, no hay manera. La de fotos que habrá en la red de estas "carniceras".

En Laos los niños de los monasterios no están estancias cortas como los de Myanmar, sino que funciona como en el Himalaya indio o en nuestros antiguos seminarios. De niños sus familias los mandan al monasterio, donde reciben una educación y se ordenan como monjes no antes de los 20 años. Conocimos alguno de 16 años que tenía muy claro que de ordenarse nada, que él iba a ser guía turístico. Venía del norte y hablaba chino además de inglés, no dudamos de que lo conseguirá. Probablemente le irá mejor que a otros, que abandonan el monasterio para trabajar de camareros por 150 dólares al mes.

Interior del templo Wat Pa Houak en la falda de la montaña Phou Si, en Luang Prabang

El templo de Haw Pha Bang, dentro del complejo del museo del Palacio Real. Se notan los ya 20 años que esta ciudad lleva como patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Mi amiga Idoia y yo estuvimos por aquí en el 2000, y os aseguro que nunca tuvimos la impresión de estar en el suroeste de Francia, como podía parecer ahora viendo lo bien y elegantemente restauradas que están algunas de las casitas de la península de Luang Prabang entre los ríos Mekong y Khan.

Detalle del templo Wat Sene Souk Haram, el templo de los 100.000 tesoros (construído en 1718 por el rey Kitsarath con 100.000 piedras del río Mekong). Uno de los que más me gustó en Luang Prabang.

Hugo se quedó flacuchín en los puertos, matándose siempre por llegar el primero (je, je), así que en Luang Prabang tuvimos que comer pizzas de 3 personas para 1, previos entrantes y posteriores postres.

Nos sentimos un poco mal cuando camino de las cascadas de Kuang Si a 30kms de Luang Prabang, montados en un camioncito que compartimos con una encantadora familia británica, vimos una pareja de franceses pedaleando con su tándem.

Estas dos fotos son de Mark Thomsen (ver más abajo), me encantan.
Es curioso pero sí, los laosianos tienen que colocar carteles advirtiendo a los turistas de que no salgan de la zona de cascadas descubiertos, y aún así....

Paisajes de las montañas al norte de Luang Prabang. Mereció la pena la palicilla de los últimos días de visado.

A Nong Khiaw nos hubiera gustado ir en barco, pero los chinos y sus presas nos lo pusieron complicado. Desde hace dos años ya no es una ruta posible.

Sólo hemos visto tres piezas de ropa tradicional que aún conservan las mujeres. El colorido pañuelo en la cabeza de algunas ancianas, los portabebés de espalda bordados, y las faldas como la de la señora en la foto, hechas con telas que ellas mismas tejen a las puertas de sus casas, pegaditas a la carretera. Así cómo no se va a entretener una pedaleando.

De Laos se dice que la religión es la budista, pero lo cierto es que el animismo no ha desaparecido ni mucho menos. En la foto un típico templo animista en la puerta de una casa para protegerla de los malos espíritus. Es de coña cuando te encuentras los dos extremos, el templo animista con forma de templo budista (los del sur prácticamente todos eran así), y el templo animista a las puertas de un templo budista. "Porsiaca" digo yo que será....

Estábamos en una pensión china en un cruce de carreteras. Nos dejaron meter las bicis en el patio. Golpeamos sin querer un recogedor de metal y al caer, una bola de pelo que estaba en el interior de una jaula se despertó. Era un loris o lorino, un precioso primate nocturno que descubrí que es bastante común como animal de compañía en Asia, cuando contacté con la ONG de International Animal Rescue. También es muy común tener una especie de mirlo como la de la foto, que cantan divinamente.

Cuando atravesamos los pueblos que se ven extremadamente pobres, con familias viviendo en chabolas sobre pilares, difíciles de diferenciar de las chabolas de animales, las mujeres salen a la carretera a vender lo que encuentran. Literal. Setas varias. Brotes de bambú. Algas de río.
No le deis al zoom. Estos laosianos están usando una piedra grande del centro del río a modo de mesa donde están descuartizando a un perro. En Laos (junto con China, Corea del Sur, Nagaland en India, Filipinas, Tailandia, Vietnam y Camboya), se sigue comiendo perro. 

En la foto de arriba con Pablo y Aaron de Gazteiz, y Shen de Hong Kong, con los que coincidimos llegando a Luang Prabang. Abajo a la izquierda con Mark, os suena? Lo conocimos en los Himalayas indios y nos volvimos a encontrar en Hong Kong. Y abajo a la derecha con Miguel y Lucía. A Miguel lo conocimos hace ya dos veranitos en Tayikistán, antes de comenzar los Pamires. Me encantan los reencuentros!

8 comentarios :

  1. Muy buena la foto de los chicos descuartizando el perro en el río, Bego! Me imagino que es el toque proteínico que incorporaban las pizzas que se está zampando Hugo en la foto (por cierto, dale de comer de vez en cuando al chaval)...
    Besos!
    Iñigo M.

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    1. El perro coreano tenía pinta de ser más sabroso...

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  2. Tiempo hace que no os mandaba un saludo, pareja!!!!
    Las vacaciones parecen darnos un respiro para hacerlo.

    Vosotros seguis a lo vuestro:
    - Impresionantes puertos, de asustar!!! entre Vientián y Luang Prabang.

    Bego, ¿No te entran a veces raras manías relacionadas con el pasado y deseas, por ejemplo, quedarte un añito a montar con los chinos y CAF el Tren de Alta Velocidad China-Singapore???😳😳😳

    Por último, yo confiaba en mis adentros que en Laos encontrarais los restos del botín de Luis Roldan 😳😳😳.

    Un fuerte abrazo!!!
    Ah, y teneis un error avisado por Google en el blog, que no deja acceder a la ruta. O soy yo y mi PC?

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    1. Yo que confiaba que en algunas vacaciones te ibas a unir al pelotón... Te estás convirtiendo en un perezoso. ¿Por dónde vacacionáis?
      Creo que Bego está en otras lides, además que eso de trabajar con chinos..., como que no le apetece demasiado.
      Lo de Luis Roldán, botín encontrado: nos quedamos un par de años más de viaje.
      Gracias por avisar del error, estos de Google... Error subsanado.

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  3. Hugo, te veo muy flacucho amigo...comete un mastín asiático de esos...buenos recuerdos del sudeste después de ver las fotos de Bego y tus agudos comentarios! Y que bien los encuentros con Mark, Miguel y Lucia...
    Un abrazo amigos!!

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    1. Me temo que voy a adelgazar más...hoy me han quitado una muela y solo he podido tragar un yogur, snif, snif. Tú sí que volverás con algún kilillo de más, que se come muy bien en el Cáucaso.
      Abrazo y buenos vientos...

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  4. Desde luego Hugo,sí, come un poco, que asusta tu delgadez.
    Me da la impresión de que es el país menos turístico que habéis visitado hasta ahora, por lo menos por esta zona de Asia. A qué lo achacáis vosotros? Qué hay de diferente con Vietnam o Camboya? Desde aquí me parecen igual de bonitos y de pobres.
    A ver qué pasa, cuando llegue la carretera china que decís.
    Bego,lo de la cara te pasa desde la picadura aquella bajando.... no me acuerdo qué?
    Las fotos preciosas, aún sin cámara :)
    Feliz camino, chicos! Besitos

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    1. Llevamos unos días en Tailandia y ya estamos recuperando el "tono". Vamos, que nos estamos poniendo finos de comer.
      Laos es un país despoblado, agrícola, sin industria, con relativamente poca gente educada, con una historia reciente que vaya tela y un gobierno que no es el más eficiente del mundo precisamente. Es, por tanto, mucho más pobre que Vietnam y no cuenta con ningún monumento de renombre universal como es Angkor en Camboya... aunque Luang Prabang no esté nada mal. Aunque ha aumentado mucho su influjo de turistas, supongo que Laos no tardará en despuntar en lo que a turismo se refiere, porque es muy bonito y tiene mucho para ver y hacer. Ahora es el momento para visitarlo, antes de que lleguen las hordas.
      Lo de la cara hinchada de Bego se arreglaría fácilmente con un poco más de bici, 10-20 km más cada día sería mano de santo.
      Chauuu

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