7 de enero de 2017

Filipando en Filipinas

Aterrizamos en Marte. O tal vez Mercurio sería más apropiado, por aquello del calor. Desde luego, eso nos pareció cuando llegamos a Filipinas provenientes de Japón. Dudo que haya dos países con mayor contraste que estos dos archipiélagos. Y no solamente por pasar del invernal frío japonés a la calurosa y húmeda bofetada del tropical bochorno filipino, calor que se apodera de ti nada más salir del aire acondicionado del aeropuerto y, como el desodorante, no te abandonará hasta que salgas del país. Como todos habéis leído ya detenidamente las entradas referentes a Japón 😀, no hará falta que diga que Japón es sinónimo de orden, limpieza, pulcritud, armonía, sofisticación, riqueza, una sociedad tirando a anciana, en decrecimiento, más del "sol poniente" que del "naciente". Filipinas, en cambio, es el paradigma del caos, del ruido y de la cacofonía, la simpatía, la risa y la música, del lío continuo, si no de la suciedad sí por lo menos de una cierta relajación en la limpieza, del mal llamado tercer mundo con mayúsculas, de un país con una población joven, divertida, energética y en crecimiento. Si exceptuamos que ambos son archipiélagos sitos en el Pacífico con unas 7.000 islas cada uno, con mucha población -130 disminuyentes millones Japón y 108 crecientes millones Filipinas, casi todos ellos bajitos-, con volcanes y terremotos, estos dos países se parecen entre sí como un huevo a una castaña.


Padre e hijo sobre un búfalo regresando de trabajar
A riesgo de resultar (bastante) cursi, la comparación más importante debería ser en cuanto a los niveles de felicidad entre sus gentes. Es un asunto complejo, tendente a meterle a uno en berenjenales sin salida o, peor, en largas discusiones en clave de penosa filosofía barata. Pero, como uno le da muchas vueltas al coco mientras pedalea y nadie os obliga a leer lo que sigue, me arriesgo. En un resumen realmente muy resumido y sin estudios estadísticos serios que confirmen nada de lo que viene a continuación, me atrevería a decir que cuando las cosas van bien, los filipinos parecen más felices y sonrientes que los generalmente taciturnos japoneses. Ahora, cuando las cosas vienen mal dadas (y desgraciadamente en estas latitudes es algo que ocurre con demasiada frecuencia) los filipinos están más expuestos y desvalidos ante enfermedades y desastres varios, a no tener trabajo y verse obligados a emigrar, a situaciones injustas, a ser machacados sin defensa posible por los poderosos, a vidas materialmente más incómodas, etc., que los vecinos del norte, de tal manera que tienen más momentos y situaciones de infelicidad. Por ejemplo, un tifón en Filipinas dejará cientos o miles de muertos, gente sin hogar durante meses o años, desastre, enfermedad, tragedia y caos. Salvo excepciones, el mismo tifón en Japón si acaso matará a unos pocos japoneses, dejará inundaciones que en relativamente poco tiempo se solucionarán, el estado les apoyará y financiará su vuelta a la normalidad y aquí paz y después gloria. Así que cuando los viajeros hablamos frívolamente de la gran felicidad que se ve en los trópicos es posible que solo la veamos en un momento determinado (una foto) y no sepamos ver toda la vida de un lugareño (el vídeo). ¿O no? Qué sé yo...


Los filipinos, un grupo heterogéneo de gentes procedentes de diferentes lugares de Asia, estaban tan ricamente en sus preciosas islas cuando llegó Magallanes en el s.XVI a tocarles las narices e iniciar más de 300 años de colonia española en clave de espada y crucifijo. O “God, gold and guns”, que dicen los historiadores anglosajones. En 1898 los revolucionarios filipinos declararon la independencia de los españoles, pero ese mismo año y tras perder la guerra de Cuba, los españoles vendieron Filipinas, Guam y Puerto Rico a los americanos por $20 millones, lo cual trajo la guerra filipino-americana. Los filipinos, obviamente, perdieron. Perdieron también con los tres años de invasión japonesa durante la 2GM y la consiguiente destrucción de Manila. Y volvieron a perder cuando tras la guerra los filipinos se independizaron de EEUU y en 1965 cayeron en manos del dictador Ferdinand Marcos, un corrupto que parece que robó unos 30.000 millones de $ mientras el pueblo las pasaba canutas y con una esposa, Imelda, famosamente amante de los zapatos (según a quien leas, entre 1.000 y 6.000 pares tenía) y que por lo menos hasta hace unos meses todavía era congresista. Un escándalo. No se libraron de los Marcos hasta la revolución pacífica de 1986 iniciada tras el asesinato de Ninoy Aquino en el aeropuerto de Manila al volver del exilio, revolución que inició una fase más o menos democrática de Filipinas con Corazón Aquino (aquella de la que decían tal vez injustamente lo de “corazón sí, aquí -señalándose la cabeza-, no”), a pesar de presidentes como Estrada, el actual Duterte, y algún otro. Es un país que sufre una gran desigualdad, con unas cuantas familias muy ricas y poderosas (las más famosas tal vez sean los Soriano o los Cojuangco, pero cada región o provincia tiene las suyas) y una población con rentas bajas o muy bajas.

Belenes por doquier a los lados de la carretera
Como apunta Nicolás Marino en su estupendo blog, de los más de 300 años de colonia española los filipinos se quedaron con un país unificado, la idea de familia muy arraigada, la Iglesia católica (más del 80% de los filipinos son católicos, acompañados ahora por iglesias de otras mil denominaciones), y con muchas palabras de español inmiscuidas en el tagalo y en sus dialectos, en los topónimos, en los apellidos. Hasta tienen un idioma o dialecto llamado chabacano que se parece bastante al castellano. Un gusto no tener que deletrear nuestros nombres, saludar a alguien con un “Kumusta?”, regatear un precio en español y pillar palabras sueltas cuando hablan. Es inevitable a veces pensar que uno está en una extensión de Latinoamérica en Asia.

De los 50 años de colonia estadounidense yo diría que los filipinos se quedaron con los centros comerciales, con la comida basura, con la pasión por el baloncesto (se ven canchas de baloncesto en absolutamente todos los rincones del país) y con el inglés, idioma cooficial que la mayoría habla bastante bien, aunque con un acento muy característico que al principio cuesta entender.

Monumento a unas misioneras en el paseo marítimo de Dumaguete, Negros
De la dictadura de Marcos -y seguramente de las colonias-, me atrevería a decir que los filipinos se quedaron con una postura ante los gobernantes que me recuerda en buena medida al pasotismo/fatalismo/filosofía africanos y que se plasma en la frase bahala na. Algo así como que todo lo que tiene que pasar, pasa, mientras tanto la vida está para ser vivida. Si no tiene remedio, por qué preocuparse… Imagino que el proverbio filipino “mientras la sábana sea corta, aprende a acurrucarte”, va por esos derroteros. No está mal cuando los sucesos son inevitables, aunque me pregunto -como me lo preguntaba en África- cuán dañina es esta postura para el desarrollo de un país... y cuán buena para evitar úlceras y depresiones.

Cartel en la puerta de un hotel
Del ya mencionado Duterte, su presidente actual, conocido en Occidente por sus salidas de tono, de momento lo que más suena es que es responsable directa o indirectamente del linchamiento o asesinato de casi 6.000 personas relacionadas, o no, con el mundo de la droga, sin proceso judicial ni nada. Incluso llega a jactarse públicamente de haber asesinado a tres personas él mismo cuando era alcalde de Davao, para mostrar a sus chicos (a la policía) cómo había que hacerlo. Las bandas mafiosas han aprovechado que se ha abierto la veda para aniquilar a los enemigos. A pesar de estas barbaridades mucha gente -de hecho, parece que la mayoría- está contenta con él porque le da seguridad, porque cree que va a evitar que Filipinas se convierta en un narcopaís, porque cumple sus promesas, porque ha puesto firmes tanto a las poderosas familias filipinas como a los americanos o porque confía en que termine con la corrupción. Ya veremos. El caso es que algunos inversionistas extranjeros están nerviosos por la falta de seguridad jurídica y por sus excesos. Cuando los americanos muestran su preocupación, en un alarde de diplomacia llama hijo de puta a Obama. También al Papa. Hay que reconocer que el tipo tiene valor para decir esto en un país tan católico y proamericano. Se va a entender genial con Trump. Por cierto, Duterte admira a Marcos.

Anuncios de trabajos para otros países
Menos mal que, de momento, la economía va bien, creciendo al 7%, más que la media de la zona, con un desempleo del 5,4% que ya lo quisiéramos en España y con una clase media en crecimiento gracias a más y mejores trabajos en el sector servicios. Por ejemplo muchos call centers de EEUU están en Filipinas gracias a que la mano de obra es barata y habla buen inglés. Ese buen inglés hace que Filipinas también sea destino de gente que quiere aprender inglés a buen precio (clases individuales a 3-4€/hora)…, mientras bucea o hace surf. No es mal plan. Como ya mencionaba antes sobre las desigualdades sociales, supongo que estas buenas cifras de empleo y crecimiento son ciertas para las ciudades, porque en las zonas rurales no se ve mucha opulencia que digamos…

Entre tanta desigualdad económica es un gustazo ver igualdad de sexo. Parece que hombres y mujeres se reparten mejor el trabajo tanto en el campo como en la ciudad, en trabajos menores o en puestos de responsabilidad (para empezar, nada menos que dos presidentas). Y lo mismo se puede decir de los homosexuales, de los que se ven a patadas, cuya aceptación social parece que es plena, sin ningún tipo de discriminación, algo que llama la atención en un país conservador y religioso como este.

Imagen constante en Filipinas: criaderos de gallos tenores
En cualquier caso, durante este viaje ha quedado meridianamente establecido el motivo del atraso secular del pueblo filipino, que nada tiene que ver con los colonizadores, los desastres naturales, la Iglesia, los dictadores o la corrupción. El origen no es otro que su falta de sueño, motivada a su vez por dos mortíferos factores: por un lado, los karaokes, llamados videokes en Filipinas, que, a 0,10 euros por dos canciones, todo filipino adora y practica con empeño y pasión todo el día hasta altas horas de la noche, sin gran éxito a tenor (ja ja) de lo desafinado y estruendoso del resultado. Y, por otro, los miles de gallos que hay por todas partes y que no solo sirven para las famosas, fugaces y cruentas peleas de gallos a las que, nuevamente, un buen número de filipinos está enganchado, sino también para despertar irremisiblemente a todo el personal al punto de la mañana con sus no menos estruendosos cocoricós.Y si con estos dos factores no fuera suficiente para no dormir, siempre es posible montar una misa a las 4 de la mañana (de hecho, una “novena del gallo”, mira que casualidad, nueve días seguidos de misa a las 4), misa a la que atiende todo el pueblo y durante una hora canta a voz en cuello todos los villancicos y canciones de misa que no ha tenido oportunidad de cantar en el videoke. Ya lo dice Bego: el paraíso no existe.

Plan inicial sobre el mapa de la revista del avión, el papel puede con todo
Por suerte, los niños que desde por lo menos primeros de diciembre visitan las casas cantando villancicos con más pena que gloria para pedir el aguinaldo, lo hacen a horas “cristianas” y, aunque te pueden aguar la cena, por lo menos no despiertan al personal.

Los planes iniciales para nuestra visita a Filipinas eran, como casi siempre, demasiado ambiciosos. La realidad nos recordó que las distancias son largas, las montañas altas, los ferrys lentos... y las playas demasiado tentadoras, así que al final el trayecto, que ya os contaremos en la siguiente entrada, se circunscribió a unas cuantas islas de las Visayas y muy poco de Mindanao y Luzón. Otro motivo para volver a este estupendo país.

Un abrazo
Nerviosísimos metiendo las bicis en el avión pero todo salió bien. De islas a islas sin las alforjas delanteras, yuju!!
Entrando a Cebú. Vista de las afueras de una ciudad de un millón de habitantes.

Días de labor

Mujeres vendiendo velas a la entrada de la Catedral del Santo Niño en Cebú

Descubriendo las "panaderías" (tal cual) filipinas. 10 céntimos de euro la mayoría de los bollos, madalenas, donuts, ensaimadas y panecillos.

Los "jeepneys" son grandes furgonetas o similares utilizadas como minibuses

El país de la sonrisa, pareciera que estamos de vuelta en Myanmar!

Hasta alguna pequeña carretera por la que hemos pedaleado estaba cementada. Un lujo inesperado.

Las "bankas", los tradicionales barcos filipinos, son de lo más fotogénicos

En la isla de Malapascua, disfrutando de las puestas de sol

Algo bueno tiene caer de vez en cuando en sitios de mochileros. Benditos pancakes.

Dicen que se pueden sacar hasta cuatro cosechas de arroz al año, y así es como nos hemos encontrado con los campos en todos los estados. Éste ya creciendo.

Campos de arroz siendo plantados. Curiosamente, la mayor parte por hombres.

No hay país donde nos falten los plátanos.

A la hora de comer paramos en una de tantas "eateries" que hay junto a la carretera o junto a los mercados. Lo habitual es que tengas un mostrador con un montón de cazuelas con lo que han cocinado esa mañana y de donde poder elegir: adobo, guisado, longanisa (palabras en tagalo),.... Y siempre hay arroz disponible. Muy económico, podemos comer los dos por dos euros, pero rara vez caliente para cuando paramos nosotros.

En las cercanías a los mercados y en pueblos pequeños siempre hay triciclos de bici. Bicis con una única velocidad y que deben pesar un quintal de por sí, más los dos pasajeros y los huecos para sus compras.

El postre filipino por excelencia es el "halo-halo" (a los filipinos les encantan las palabras repes). Demasiados trozos de gelatina, legumbres y virutas de hielo para nuestro gusto

Intentando poner look serio

Hemos visto constantes referencias a la lucha contra las drogas y tolerancia cero. (Eso y la manía de hablar pomposamente de "misión" y "visión" en plan MBA de Harvard en los villorrios más humildes del mundo...)

Es fácil ver el poder adquisitivo de los habitantes de un país en el tamaño de los productos que se venden. Tantos y tantos productos monodosis. En la foto paquetes de cacahuetes de un peso, 2 céntimos de euro. 

Mucha burocracia y falta de eficiencia en los puertos. Nuestro ticket, el de la bici, las tasas portuarias, esto y lo otro

Seguridad en el ferry

Curiosidades. Imaginaos el día de vuestra graduación regresando a casa y encontrándoos con esto en la fachada!

Días de secar el trigo, el maíz, el cacao, y poco más.

Aunque modestos, todos y cada uno de los pueblos y ciudades por donde hemos pedaleado tenían sus adornos de Navidad. Y la mayoría, confeccionados con materiales de desecho, como este árbol de navidad hecho con envoltorios de jabón de lavar.

Vida en la carretera

Quien quiere chocolatinas que se derriten al instante cuando te puedes meter dos platanitos recién flambeados

Referencia tras referencia

Ríos selváticos

Me encantan los manglares, pero ver un par de árboles aislados ellos solos ahí, en medio de la playa... qué preciosidad!

Anochecer en la isla de Siquijor

Original cartel en el baño de un hostal

9 comentarios :

  1. En la foto comprando bollos, la gente forma un perímetro de seguridad de 1 m... Es elocuente también el pañuelo en la nariz del caballero de la derecha. Calorcito eh?

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    1. Y uno de los clientes mira a Bego como diciendo "pero qué haces con este tipo?". Pura envidia: atento a la cara de admiración de la niña...

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  2. Preciosa entrada,una vez más. Curiosa la foto de Bego sacándote una foto, los dos con vuestro plátano flambeado-un dominio total de la fotografía:)
    Por cierto, no sé por qué pero yo pensaba que el islam había entrado con fuerza en Filipinas.... también. ¿No es así? SeguiSeguid disfrutando, aunque a veces os llueva. Muxu ****

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    1. Esos generosos ojos de hermana...
      Como nos hemos quedado sin las dos cámaras durante buena parte de Filipinas y Bego ha tenido que sacar fotos con el móvil, Bego se ha quejado todo el rato, pero al final, es una maestra...
      El islam está extendido en una zona muy limitada de Mindanao,a la que nosotros no hemos ido. En todo el resto, creo que hemos visto una sola mezquita, en el norte de Mindanao, y xon la fuerza que tiene el cristianismo en el resto del país, no parece que vaya a extenderse fácilmente.
      Besos

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  3. y el jefe de policía se llama Manolito!qué bueno. Me ha encantado esta entrada y me he reído un rato con los videokes, los gallos y las misas. Pensar que antes no te despertaban ni los cañonazos del alarde...

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    1. Otros ojos generosos... Lo de los nombres es un gusto, no solo porque sean en español, sino porque utilizan nombres ya abandonados en España como los Aquilinos, Remigios y tantos otros.
      Y sí, uno se hace mayor...

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  4. Pilipinos!!!!
    Qué recuerdos!!!!! Fue la 1ª salida "asiática" fuera de HK en aquel año nuevo chino de 1989!!!!.
    Luego tuvimos peores recuerdos y sorpresas:
    - Te acuerdas cuando nos visitaste en cae, sin aviso previo, con allanamiento de morada y de alcoba!!!!. Qué susto cuando llegué del curro!!!
    - Y que disgusto cuando dijiste que te quedabas, eh????😂😂😂😂😂
    - bueno, he de reconocer que hubo momentos peores aquel año. Pero es que me enfado con vosotros: No visitas Zumárraga, no saltas ni con ni sin suficiencia sobre ningún edificio pilipino,.... Pero ¿Qué es esto??????

    DISFRUTAD DE TODO!!!!

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    1. Calla, calla, que mi visita a hk fue lo mejor que te pasó hace, glups, casi 28 años. Has vuelto a Filipinas desde entonces? Dentro de unos días llegaremos a Boracay, tengo curiosidad por ver cómo está...
      Imagina que llegamos a la Zumárraga filipina y nos encontramos a un espécimen como tú, destruyendo sin remisión la buena impresión que nos ha causado este país
      Abrazo!

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  5. still enjoying the journey! I haven't made it to the Phillippines so watching with interest :-) Have a great time!

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