20 de noviembre de 2014

De montañas y mares, religiones y guerras...y bureks

Aunque la entrada en Serbia fue acompañada de una buena sonrisa del aduanero, cielos azules y horizontes lejanos, todo comenzó a "engrisecerse" conforme nos acercábamos a Belgrado. Ciudad de más de millón y medio de habitantes, no nos pareció especialmente bonita, ni sus monumentos algo memorable, ni los pocos recuerdos de la guerra, en forma de edificios medio derruidos, algo especial. Pero eso mismo le quita presión a la visita y uno se dedica a pasear agradablemente y sin prisa por sus concurridas calles, llenas de gente y de ambiente. Y a disfrutar del desayuno en el hotel :o) Y es
Entrando a Belgrado cruzando el Danubio
que las millas acumuladas de Bego nos permitieron dormir tres noches en un pedazo hotel de la capital serbia y cada mañana, desde la terraza, un desayuno pantagruélico nos iluminaba el día.

Eso sí: acostumbrados a los pueblos de las zonas rurales, poblados por mayores y algunos niños, pero poca gente joven, la capital nos dio la sensación de rezumar vitalidad, energía y juventud. Belgrado es famosa por su marcha nocturna, algo que, ejem, me temo que no catamos. ¡O tempora, o mores!, que dicen los cursis.

Y es que Serbia es un país con una demografía en declive, con más pensionistas que trabajadores (1,8 millones frente a 1,7). Aunque yo tenía la imagen de un país industrial y avanzado, el salario medio no llega a los 400€ mensuales, sufre una tasa oficial de desempleo del 27% y una crisis casi permanente desde hace 20 años. Las guerras no han ayudado a mejorar el panorama, precisamente.

Mirador del Parque Nacional Tara
De Belgrado dirigimos nuestras pedaladas hacia el sureste, al parque nacional de Tara. El camino es durillo, pues es zona montañosa, pero con un magnífico sol, poco tráfico por las buenas carreteras secundarias y atractivos paisajes, el trayecto es un gustazo. En particular, la última subida antes del parque, con cerca de mil metros de desnivel en zigzag, con un río de montaña transparente abajo y Bosnia enfrente, fue un espectáculo..., aunque nuestras piernas discreparan y protestaran.

Por cierto, que cuando designamos a esta zona como "los Balcanes", supongo que realmente la llamamos así por formar parte de la península balcánica y no por sus montes, que son los Alpes Dináricos. Éstos se extienden desde Eslovenia hasta Albania, mientras que los montes Balcanes se encuentran en Bulgaria. Confuso.

Burek de queso
Pero vayamos a lo importante. El plato nacional -o regional, pues también lo es de Bosnia, Croacia o
Montenegro- probablemente sea el burek, un hojaldre relleno bien de carne, de patata, de setas, de queso o de espinacas y que generalmente se acompaña con yogur. Bueno y barato, hemos dejado a Serbia sin provisiones de burek para una temporada; seguro que el gobierno serbio cae por el descontento popular. Y es que, como dijo aquel, "si algún día sientes un gran vacío... ¡come!, es hambre."

Bosnia y Herzegovina

Pensando que hace nada estos dos países estaban en guerra, los trámites aduaneros a Bosnia y Herzegovina fueron sorprendentemente fáciles. Tras ellos pedaleas rodeado de montañas, cañones, ríos, algún que otro monasterio ortodoxo y mezquita musulmana hasta llegar a Višegrad, ciudad
Puente de Visegrada
famosa por su precioso puente. Puente, por cierto, que inmortalizó Ivo Andric, premio Nobel de Literatura de 1961, en "Un puente sobre el Drina". Confieso que ni sabía que existía ni el puente ni el escritor.

Seguimos hacia Sarajevo por una espectacular carretera que sigue el curso del río Drina, por el que es, supuestamente, el segundo cañón más largo de Europa; ya no me creo ninguna clasificación de estas. Independientemente de su ranking, el caso es que cruzamos infinidad de túneles y puentes, por un paisaje otoñal magnífico. Realmente todo el territorio de Bosnia es montañoso y así, subiendo y bajando montañas y cruzando
esos largos y oscuros túneles que tan poco nos gustan a los ciclistas es como entramos en Sarajevo. Pensar que yo estuve en esta ciudad hace ni más ni menos que 30 años... Estoy hecho un vejestorio, snif.

(Pero eso solo lo puedo decir yo, ¿eh?, ojito)
Cañonazo bosnio

Merece la pena leer lo que decía el periódico El País sobre la guerra en Sarajevo: "Fueron 1.425 días de asedio en Sarajevo. De bombas. De balas. En los meses más duros cayeron hasta 5.000 proyectiles diarios que destrozaron la ciudad, llena aún hoy, dos decenios después, de cicatrices. Murieron 11.541 personas. Fue una ratonera con un único y frágil hilo al exterior, el aeropuerto, controlado por Naciones Unidas, y bajo el cual los musulmanes bosnios construyeron un túnel (hoy destino turístico) por el que la mantuvieron viva. El sitio, uno de los más duraderos de la historia, fue el primero en Europa tras la Segunda Guerra Mundial, más largo que el más largo de aquel conflicto, el de Leningrado (hoy San Petersburgo, Rusia), que duró dos años y medio (872 días)."

Cementerio dentro  la ciudad de Sarajevo
Vamos, que los sarajevotarras pasaron las de Caín aquellos años y, gracias a monumentos, fuegos eternos, cementerios en el medio de la ciudad, exposiciones sobre los campos de concentración, etc., es normal que la gente tenga ese negro episodio tan presente.

El dueño de una tienda de bicis nos contó los desastres de la guerra, en la que él sobrevivió 105 misiones como soldado. Al principio de la guerra los bosnios luchaban con armas fabricadas a mano (tan común que hay un museo sobre ellas) frente al tercer ejército más poderoso de Europa. Según él, Europa no solo no ayudaba sino que impedía a los bosnios su defensa mientras los serbios recibían las armas que Rusia sacaba de los países del Pacto de Varsovia, en desintegración. Políticamente correcto, dice que no tienen nada contra los serbios, sino contra los fascistas y los criminales de la guerra.

Además de la guerra, la nueva democracia no tiene a todos contentos. "Con Tito se vivía mejor."
Sarajevo. Lo pobre frente a lo rico
Parece que la mal gestionada transición a la democracia, en la que muchas empresas han llegado a las manos incorrectas por la omnipresente corrupción, en la que se gasta de más en burocracia y gobierno, en la que por la guerra Bosnia ha quedado atada de pies y manos por los acuerdos de Dayton, hacen que muchos echen de menos la igualitaria y razonablemente libre y desarrollada sociedad de la Yugoslavia del mariscal.

Bosnia y Herzegovina está dividida en dos partes. Pues claro, dirá todo el mundo, Bosnia y Herzegovina, no? Pues sí geográficamente, pero no políticamente: la división administrativa es en República Sprska (serbia), y la Federación, que es como, con tintes de la guerra de las galaxias, se llama comúnmente a la Federación de Bosnia y Herzegovina (croata-musulmana). Además está el enclave autónomo de Brčko (croata-musulmana). Se han centralizado cosas como la moneda, pero todavía mantiene, por ejemplo, tres servicios postales o dos alfabetos. En algunos lugares con población mixta los colegios tienen aulas separadas, directores diferentes y hasta puertas diferenciadas para los alumnos de una y otra comunidad. Un lío.

Sarajevo multiracial
La población es otro lío: bosniacos (bosnios musulmanes, 48% de la población), serbobosnios (ortodoxos, 37%) y bosnios croatas (católicos, 14%). Se diferencian en la religión, pero todos son eslavos del sur.

Y otro lío, y bien gordo, es la economía: un 44% de paro y un 58% de desempleo juvenil, unos jubilados que en su mayoría cobran unos 150 euros al mes y necesitan de sus hijos para subsistir, y con una corrupción política galopante.

Pero en Sarajevo no se percibe a primera vista esa pobreza, aunque sí la diversidad. La ciudad es una mezcla de gente, de religiones, de culturas, de edificios, de gastronomía, esas mezclas que tanto juego dan a escritores y periodistas..., a quienes dejaré la exclusiva de enrollarse, no os vayáis a dormir, leyendo este blog. Es un gusto deambular por su parte vieja, tan vieja y al mismo tiempo tan viva.
Parte vieja de Sarajevo
Escuchar al muecín, el primero en este viaje, cantar a los cuatro vientos las grandezas de Alá te transporta a algún lugar exótico de oriente, aunque estés en mitad de Europa rodeado de eslavos.

Pero dejamos Sarajevo y seguimos p'al sur. La carretera a Móstar, sobre todo en su última parte, sigue el modelo geográfico del resto del país y es una maravilla encañonada entre montañas, ríos y lagos.

Móstar, capital de Herzegovina, es otra ciudad que sufrió lo indecible durante la guerra, aunque probablemente lo más conocido sea la destrucción de su famoso puente. Éste ya ha sido reconstruido, y así unos cuantos aguerridos saltadores se lanzan por "la voluntad" de los turistas, desde 21m a las frías y turbulentas aguas del río Neretva. No queriendo quitarles protagonismo ni establecer estándares difíciles de igualar, ni Bego ni yo saltamos.

En la ciudad también se han reconstruido las mezquitas y muchos edificios, aunque muchos otros, incluso en las mejores zonas turísticas, o están derruidos o muestran marcas de balas y metralla. Viendo pintadas en las calles con "no olvides [el año] 93" o bares con ese nombre, uno se pregunta si los sentimientos entre las personas también han sido reconstruidos.

Seguimos con la dieta de burek, cevapi..., y mucha bollería y pastelería. ¡Qué gran país! El único
Parada obligatoria en las Pekara a por nuestros burek
fallo que tienen, como en muchos lugares de Europa, por cierto, es que las cafeterías no ofrecen bollería y las panaderías/pastelerías (llamadas, con mucho tino, pekara, del verbo "como me gusta pekar") no ofrecen café. Veo una clara oportunidad de negocio...

Y así, pedaleando cuesta abajo y tras un pequeño alto en el pueblo medieval de Pocitelj, llegamos a Croacia y al Mediterráneo.

Croacia

Ya en Croacia..., rápidamente volvimos a entrar en Bosnia (Bosnia, con una salida al mar de unos 15km de ancho, parte la costa de Croacia en dos), pues no encontramos dónde dormir en la parte croata y con la que estaba cayendo, como para acampar. Al día siguiente diluviaba, así que nos tocó otro día de descanso en Neum.

Desde nuestra terraza en Dubrovnik
Pero por fin llegamos a Dubrovnik. Ni la carretera de la costa, que personalmente considero como una de las más bonitas del mundo, ni desde luego la ciudad, nos defraudaron. El tiempazo que nos hizo ayudó mucho, claro. Nos pegamos un par de buenos chapuzones en las transparentes y algo fresquitas aguas del Adriático, que nos sentaron de maravilla. Y en Dubrovnik nos alojamos en un apartamento desde cuya terraza se contemplaba todo el casco histórico.

Esto de viajar es un auténtico vía crucis, un sinvivir, un valle de lágrimas,...
Nos cuidaremos de los jabalís

Por muy turística y cara que sea (aunque el agobio y los precios son menores en noviembre, claro), Dubrovnik es una maravilla y siempre da pena irse de ella. Pero la carretera nos llama... y aquí seguimos, de expedición al horizonte.

Os escribimos desde Montenegro, pero esto ya os lo contaremos más adelante.

Un abrazo
Regalito nada más entrar en Serbia de unos completos desconocidos
Vendedor de castañas, de la colección "Los diversos usos de una silla de oficina"
En Belgrado también tienen monigotes como los de London
El nuevo tranvía de CAF pasando frente al bombardeado Ministerio del Interior
Compartiendo plátanos a cambio de sonrisas. Muy poca mendicidad, pero haberla, hayla
Últimas cosechas del año en Serbia
Presa en construcción en Serbia. Sumidero gigante. Se aprende de todo viajando.
De Belgrado hacia el sureste. Estaba claro lo que venía.
Muchos mini-cementerios cerca de las viviendas, con grabados muy naturales
Parque Nacional de Tara. Serbia
Bajando de Serbia hacia Bosnia
Cañón del río Drina entre Visegrad y Sarajevo
Los días son más cortos y vivimos muchas puestas de sol en la carretera

Muchas
Anuncio de los mil y un sitios de apuestas
Zumo de granadas en las calles de Sarajevo
La menda cruzando el puente de Konjic
Alojados en casa de una familia que fabricaba y vendía licores. Muy rico el de nueces
El paisaje entre Bosnia y Croacia
Pocitelj. Pueblo amurallado de la era otomana. Plagadito de granados y granadas
En Bosnia, a metros de la frontera con Croacia
Nuestro primer ocho mil !!
Bañito celebrando el ocho mil. Más de siete mil kilómetros sin ver el mar. Fresquita pero rica!
Dubrovnik
Y todo bien por aquí. Beso a todos!


4 comentarios :

  1. Es decir, se pone a llover y paráis? un poco nenazas, no?
    Hugo, cambiaré el póster de Ursula Andress saliendo del agua y pondré tu foto.
    Wendy

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    1. Umm... me recuerdas la última vez que fuimos al monte lloviendo? :) De cualquier manera, creo que de Montenegro ya caerá alguna foto de las tormentas que sí nos han pillado... :(

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  2. Como se te ocurra cambiar a Ursula por mí, me voy a preocupar..., e Ido mucho más.

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  3. Cielos, no sabía que el diario se había convertido en un magazine porno ( lo digo por el bañito celebrando el ocho mil). Dubrovnik! Qué recuerdos hace treinta años cuando fui con Luisiña en autobús de su Facultad a visitar lo que a la sazón era Yugoslavia.. Todavía guardo algún billete de 20.000, 50.000 dinares de la época.


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